sábado, 26 de febrero de 2011

CAOS Y COSMOS, ORDEN Y DESORDEN

ÓSCAR LÓPEZ R. – FILÓSOFO - PSICÓLOGO

Lo mas incomprensible del universo es que sea comprensible” Einstein.

Las mitologías de los pueblos primitivos, nos describen el universo en una lucha crucial entre dos fuerzas antagónicas, las de un principio ordenador que rige el universo, y las de unas fuerzas desconocidas que tienden a desintegrarlo. Los griegos a esa fuerza primera le dieron el nombre de Cosmos, una idea filosófica que designa originariamente el recto orden del estado y de toda comunidad. Los pitagóricos introdujeron el término Kosmos, su significado original era la naturaleza estructurada o proceso de todos los dominios de la existencia, desde la materia hasta las matemáticas, o hasta dios, no meramente el universo físico (Wilber).

El punto de partida de estos filósofos fue el problema del origen, la physis, que tenía un sentido metafísico y que trataba tanto del problema del origen, como lo que se deriva de él (los seres). Su gran aporte es el modo como resolvieron este problema, mediante el pensamiento teórico y que implicó a toda Grecia, y así, para Anaximandro el universo está construido mediante rigurosas proporciones matemáticas, que tienen una aplicación universal, y por eso el mundo se revela como un Cosmos, o sea una comunidad de las cosas sometidas al orden y a la justicia (Diké). Esta idea significó un cambio radical frente a la mitología y la religión, pues planteaba una nueva idea de la divinidad, que superaba el miedo a la fugacidad y destrucción que se vivió en la época.

Era un conocimiento que buscaba superar los límites de lo dado en la apariencia sensorial, y la comprensión de lo que se deriva de aquél origen y existe actualmente (ta onta) mediante la investigación empírica (historia). Esto era algo fundamentalmente nuevo, pues llevó a someter al pensamiento teórico causal el reino de los mitos relativos al nacimiento del mundo, surgiendo así la filosofía científica que como anota Jaegger, es la gran hazaña histórica de Grecia.

Señalaban que en la naturaleza del ser dominaba un principio que llamaba isonomía (en griego ἰσονομία, “igualdad ante la ley”), para oponerla al de pleonexia (arbitrariedad), y reflejaba, “la nueva experiencia política de la ley del derecho” que estaban viviendo y que era la fuente auténtica de toda creencia relativa al sentido del mundo. Esto implicaba que el estado incluía al hombre, dándole una nueva existencia de Bíos polítikós, al lado de su vida privada, lo que lleva a distinguir en él lo que es propio (idíon) y lo común (koinón). Así, el ser humano no es puramente “idiota”, sino también “político”, con lo cual se pone en relación de ayuda con los demás en la vida de la polis.

En las doctrina de Hesíodo y Empédocles existen dos fuerzas que unen y separan, el amor y el odio, siendo ésta una cosmogonía que influirá aún en Platón y Aristóteles. Así pues, se dio una progresiva racionalización del mito que llega hasta el alma en Sócrates y Platón. Y con la aparición del yo racional aparece el concepto de verdad que tiene una validez universal.

En las sociedades tradicionales existe un rígido sistema de regulaciones por medio de ritos y liturgias puestas al servicio del orden; pero allí el desorden es percibido como inherente al orden de la vida. En las sociedades modernas la relación entre orden y desorden es precaria, pues el acelerado ritmo del diario vivir, presenta desafíos y presiones y una inestabilidad de saberes, códigos y valores que llevan a la incertidumbre, en especial entre los jóvenes. Por eso señala Georges Balandier, que puede llevar a una época de “contagio entrópico, de implosiones y explosiones sociales en cadena y locura desastrosas”.

Hoy día, el problema cosmológico se nos presenta en una forma paradojal: conocemos la estructura y el devenir del universo, y sin embargo, una gran perplejidad nos abruma; las leyes que creíamos absolutas, sólo son válidas para un universo reversible, en otros universos existen otras leyes. Además, nuestra concepción del mundo está ligada a unos imaginarios, es decir a nuestras estructuras mentales, y de ese universo absoluto que nos legaron Newton, Kepler y Galileo, un universo de orden impecable, equilibrado, que hace 2500 años postuló Parménides la idea de un cosmos estático, helado, apoyado en el principio de identidad, e impuso la concepción dinámica de Heráclito (quizá por motivos políticos), que apoyaba el devenir y la contradicción en el seno de todo lo real. Así, postuló un proceso cósmico y humano en términos de Orden inmóvil que operaba en la naturaleza, la sociedad, y el universo mismo, se impusieron así las ideas de determinismo, estabilidad, regularidad, anulando las de inestabilidad, novedad y desequilibrio.

La nueva física que plantea una inestabilidad dinámica asociada a la idea de “caos”, pero no es en el sentido vulgar sino como anota I. Prigogine, y lo incorpora en las leyes de la naturaleza, pero ligado a la idea de probabilidad e irreversibilidad. Es una física del no equilibrio, que sustituye la anterior y estrecha idea de cosmos material, y es muy semejante a la vieja idea de Physis de los jonios; llegamos a “la imagen de un mundo sin imagen”, pero la idea del Big-Bang, como anota Morin, escamotea su verdadera realidad. Mas cerca está René Thom con su idea de “catástrofe” que lleva a la idea de cambio/ruptura, muestra un universo envuelto en un torbellino de fuego que se congela, se desmigaja para luego milagrosamente volverse a formar.

Para Hubble, el cosmos es universo singular y único en su génesis, su
evolución, sus leyes. El universo produce sus leyes a partir de su propia singularidad, y como anota Morin, lleva a la idea de evento que había sido borrado por la física clásica.

Hoy sabemos que el universo tuvo una génesis, y empezó cuando en un clima de temperatura elevada, se dilató una nube de fotones. A partir de ahí surgieron las primeras partículas: electrones, neutrinos, neutrones, protones. Al rebajar la temperatura se dieron las primeras nucleosíntesis y se formaron núcleos de deuterio, helio e hidrógeno. Así, la génesis es una cosmogénesis, que se asocia a una morfogénesis y a una termogénesis, y así, todo es como dijera Heráclito, “metamorfosis de fuego”, de los millones de máquinas de fuego surgieron los soles.

“La consideración del “caos” lleva así a una nueva coherencia, a una ciencia que no sólo habla de leyes, sino también de sucesos, que no está condenada a negar la emergencia de lo nuevo, y por consiguiente su propia actividad creadora. El caos es siempre consecuencia de inestabilidades y la mayoría de los sistemas físicos son inestables. Igual las ciencias humanas se mueven por la noción de incertidumbre.

Siendo el tiempo nuestra dimensión existencial fundamental, la paradoja del tiempo a partir de las ideas de inestabilidad y caos. El caos se expresa en la physis y el cosmos por medio de la tétrada desorden/interacción, encuentro/orden /desorden y es el principio inmanente de las transformaciones, organizaciones y desorganizaciones completa lo que faltaba en la física anterior. La relatividad y las nuevas teorías físicas nos muestran un universo en expansión, que en últimas nos es desconocido.
Toda creación está unida a una ruptura de formas o catástrofe, en una cascada de eventos sin fin, en los que el orden, la organización, se ligan al desorden, el desequilibrio e inestabilidad, y deben todas ellas pensarse juntas. Muere así la antigua idea de orden, que lo explicaba todo. El cosmos se organiza al desintegrarse, en un despliegue térmico, único que explica la aparición de las estrellas y los átomos pesados, surge una nube ardiente de fotones, se dilata y se enfría. Galaxias, soles, estrellas, se forman dividiéndose y formándose de nuevo. Las estrellas son así máquinas en las que se consuma la fabricación de la materia, producen los átomos pesados de los que surgen los planetas entre ellas el nuestro, por la conjunción de carbón, oxígeno y nitrógeno que se forjaron la hoguera de las estrellas.

Así, la cosmogénesis es una termogénesis, el universo nace con el calor que comporta desorden, turbulencias. Agitaciones y de enfriamientos (E. Morin).

ORDEN Y DESORDEN
El desorden es el compañero del orden, y no hay uno solo, sino muchos órdenes y desórdenes, es decir, que el universo está creándose aún. El orden no apareció solo, aislado, sino que surgió al mismo tiempo que el desorden, en la catástrofe térmica y en las condiciones singulares del proceso constitutivo del universo. El orden expulsó de las ciencias la idea de juego, gasto, singularidad, incertidumbre. El desorden las hace resurgir, y de ahí que sea la fuente del pensamiento complejo. Así pues, orden y desorden no son absolutos, sustanciales, sino relativos y relacionales, y su relación es complementaria, concurrente y antagonista, y por eso se necesitan, se combaten y se contradicen. Nacieron juntos en el Ante-comienzo que hizo surgir todo renaciendo sin cesar en una indistinción llamada caos.

El Orden, palabra maestra de la ciencia clásica, ha reinado desde el átomo a la Vía Láctea. El universo auto-subsistente se auto-sustenta a perpetuidad. El desorden estuvo excluido de la ciencia durante milenios, el desorden era algo limitado y parcial… Había así un orden físico, uno biológico, un orden social. Con la idea de evolución y de la Historia el orden racional quedaron consagrados.

Pero con la termodinámica todo esto quedó destruido, al descubrir que la energía era una unidad indestructible, pero de acuerdo con el segundo principio esta energía de degrada, pues la energía calorífica no puede reconvertirse totalmente y todo trabajo, al liberar calor contribuye a la degradación. Y el calor es la energía propia de los movimientos desordenados de las moléculas, así todo incremento de entropía es un incremento de desorden interno y lleva a una degradación irreversible es el seno de los sistemas físicos cerrados. Así el desorden y la desorganización se identifican con la mayor probabilidad física para un sistema cerrado. Pero la evolución física, biológica, antropológica desmiente este principio entrópico.

En 1900 el desorden se hizo matriz microfísica del quantum de energía (Max Planck) y se desplegó en el subsuelo de la materia; así las partículas al no ser objetos elementales identificables y medibles, se disocian, se vuelven indeterminantes para la mirada del observador. En onda y partícula y se convierte de elemento estable en evento aleatorio.

Así el desorden está presente en el microtejido de todas las cosas, soles y planetas, sistemas abiertos o cerrados, cosas inanimadas o seres vivos. Pero ya no es un desorden de degradación ni de desorganización. Es un desorden constitucional que forma parte d la physis de todo ser físico. Forma parte del orden y de la organización, pero no es ni lo uno ni lo otro.

En 1923 se descubre que el universo se desplaza que su extensión corresponde a una expansión y que esta es una dispersión que es quizás de orden explosivo. El cosmos nace, gira, se descompone, ya no es algo estable ordenado el desorden es un desorden de génesis, de creación.

Desde ahora el desorden no es un parásito del orden, y de desecho de lo real, sino parte de su tejido. Ya no es un desorden de degradación ni de desorganización, sino que forma parte de la Physis, “un desorden que en lugar de degradar, hace existir”.

Según E. Morin, el bucle tetralógico Orden-Desorden-Interacción-Organización, está en el comienzo de la Physis, que emerge a través de los juegos cosmológicos, y que “es el principio inmanente de las transformaciones, organizaciones y desorganizaciones que faltaba a la física”. “En el origen y en el fundamento del ser solar, está el bucle, es decir, el todo retroactivo, productor y organizador de sí” (E. Morin). La idea de bucle es una idea dinámica de circuito y de rotación, como la que se da en la relación individuo-especie-sociedad, o como en los seres vivos cuya forma es la de un multiproceso que se organiza a partir de múltiples y diversos bucles. La idea de bucle significa que en los seres vivos y humanos se da un juego circular y no simplemente lineal, tal como ocurre en el movimiento del aire, las hormonas, la circulación de la sangre, cada uno de ellos regenera al otro y contribuye en el desarrollo del organismo, todo esto gracias al poder de recursividad propio de los seres vivos. Los ciclos y cadenas físicas, químicas y biológicas, al igual que los procesos de Materia/Energía, Vida/Muerte, en su constante movimiento, constituyen el “gran pluribucle” que constituye la ecoorganización misma.

Por eso no existe sólo una evolución, sino también involuciones y regresiones, un muro se antepone entre nosotros y su fondo más íntimo. Más allá de todo éste cosmos conocido existe un proto-cosmos desconocido que se oculta a nuestra mirada, igual ocurre cine k ser humano, entre más lo estudiamos, menos lo conocemos. Y es porque el problema de ambos es el mismo. Y la ciencia en su arrogancia ha debido reconocer las verdades cabalísticas y religiosas.

En el universo existe un doble juego: un progreso en la organización y en el orden, asociado a un mismo tiempo a un proceso ininterrumpido de degradación y de dispersión. Por eso, no sólo existe progreso sino también, regresiones, involuciones, catástrofes.

CAOS Y COSMOS

Nuestra primera percepción de la realidad, sea en el infante o en el adulto, es caótica. Así, cuando llegamos a un sitio nuevo, su aparición nos deslumbra de tal forma que no alcanzamos a darle una forma concreta; también los psicólogos señalan cómo el niño se forma una impresión de los objetos como gestalts (figuras) incompletas; y así, el rostro de su madre y de quienes le rodean es más un caos de impresiones que otra cosa: la idea de un orden viene después. Por eso lo más inicial es el caos, que corregido se convierte en orden. Los mitos fueron la primera respuesta a la inquietud del hombre sobre este mundo, y la magia fue la única forma posible de tratar con el azar, ese “dios tremendo que no tiene cara”.

Desde hace unos años ha nacido una ciencia nueva, la Caología, que se encarga de estudiar el desorden, la turbulencia, la desorganización, y hasta lo inesperado. El primer autor que se atrevió a hablar del caos fue Henri Poincaré. Sus temas de estudio no son sólo temas elevados, sino que lo cotidiano es objeto de indagación, y como dice G. Balandier, “para ella, la trivialidad se transforma en misterio”, así por ejemplo, se interesa por el grifo que gotea, el agua de una cascada, el humo del cigarrillo, las nubes; todos estos elementos se caracterizan por ser desordenados o informes, y aún más, fenómenos como el infarto, las crisis epilépticas, el desempleo, han merecido también su atención, pues en vez de ser confusos son tratados como “atraídos por ciertos estados”. Detrás de todo esto se haya la incertidumbre, y su estudio promete muchos logros, pero también cierto dogmatismo al desconocer el papel del orden del viejo cosmos que inauguraron los griegos.

En la física clásica, si bien se introdujo el tema del tiempo, no se distinguía entre pasado y futuro, y esto se debía a que partía de la idea de Dios, y hoy sabemos que ambos tienen papeles distintos en la física, la química, la biología y las ciencias humanas. Tampoco permitía entender la idea de “flecha del tiempo”. Por eso como dice Prigogine, el tiempo es una “paradoja”, y está ligado a las ideas de inestabilidad y caos y a la de los paradigmas evolutivos a partir de la idea de irreversibilidad. La física clásica se basaba en el estudio de la gravitación y del electromagnetismo, y hoy se dan otras formas de interacción, y hasta su unificación. Prigogine plantea además la idea de que la reaparición de la paradoja del tiempo que rompía los fenómenos simétricos, se debe a dos descubrimientos: el primero, las estructuras disipativas, como por ejemplo, la óptica de los rayos láser y la ciudad, que revela el papel creador de los fenómenos irreversibles y de la flecha del tiempo, que contrastan con las estructuras de equilibrio que son estructuras muertas”. Mientras que una ciudad está llena de individuos que establecen relaciones entre ellos y con su medio, suprimidas éstas la ciudad muere como ha ocurrido tantas veces. Estos fenómenos ocurren porque hay un movimiento desordenado incesante, que al recibir flujos de materia y energía, flujos de calor, y químicas.

El segundo descubrimiento es la formación de estructuras estacionarias de no equilibrio que habían sido predichas por Turing. Aquí se plantea el problema de la trayectoria, que puede ser analizada por descripción estadística, y para pasar a las nociones de caos, inestabilidad y probabilidad. Así, la irreversibilidad es una propiedad fundamental, la inestabilidad presente a escala microscópica. Y así el caos, es una descripción probabilística y realista, más cercana que las anteriores. En los sistemas inestables el tiempo entra de manera continua.

El caos nos lleva a unas representaciones estadísticas irreductibles que según Prigogine, es la definición misma del caos y se puede extender a los sistemas cuánticos, “cuya evolución no puede expresarse en términos de función de onda que obedecen a la ecuación de Schrödinger, sino que requieren una definición nueva en términos de probabilidades” (Prigogine).

H. Poincaré se plantea el problema de la resonancias y las divergencias de la mecánica clásica, pues desde antes se sabía que en el sistema planetario habían resonancias que llevaban a divergencias. Hoy podemos eliminar las divergencias y hacer que el problema sea convergente, lo que resuelve el problema de la irreversibilidad, y las divergencias eran un ideal de la física clásica que buscaba soluciones simétricas en la dirección del tiempo. Las divergencias de Poincaré marcan la barrera entre sistemas dinámicos reversibles y los sistemas disipativos de simetría temporal rota. Eliminar las divergencias de Poincaré es un paso esencial en la resolución de la paradoja del tiempo.

“En las ciencias naturales el ideal era alcanzar la certidumbre, asociada a una descripción determinista”, mientras que las ciencias humanas están dominadas por la noción de incertidumbre; en ambas culturas el manejo del tiempo es distinto; así, el tiempo cósmico es uniforme, por ejemplo, durante cinco minutos, mientras que en el tiempo musical hay aceleraciones, disminuciones de la velocidad, anticipación de temas, etc. Igual, no es lo mismo el tiempo en una persona tranquila que en una que está a la expectativa de algo como empleo, amor, etc. Por eso, el tiempo es nuestra dimensión existencial fundamental, y en él nos apoyamos todos, y es la base de la creatividad de los artistas, filósofos y científicos.

Caos es un concepto claro y sustancial y lleva a la indistinción y a la lucha, vuelve así el viejo Pólemos de Heráclito a instalarse en nuestro mundo. Y como lo dice Thom, “nuestros modelos atribuyen toda morfogénesis a un conflicto, a una lucha entre dos o varios desordenes o varios atractores”. Así, ¿cómo entender la relación Caos- Logos, que según un autor “habla el lenguaje del delirio”.

En suma, el caos está subyacente como infraestructura de nuestra Physis y es la transformación de este caos en organización.

Igualmente los soles manifiestan la inseparabilidad de caos y cosmos, y es una máquina que produce átomos pesados, es decir, organización compleja. Con la física de las partículas, o sea, el estudio de las partículas elementales, sabemos que los átomos y los soles “son los dos núcleos duros sobre los que se asienta lo real”. El átomo es un verdadero “hervidero subatómico de electrones, protones, fotones” (René Thom).

De ahí la necesidad de reconciliar un pensamiento que vincule el orden con la estabilidad, a una concepción que rechaza lo irracional y lo imaginario, a fin de realizar a toda costa una sociedad de la razón.

La idea de Cosmos se ha enriquecido hoy con las ayudas tecnológicas, que nos permiten conocer estrellas lejanas, lo más profundo de nuestro planeta y de nuestro cuerpo, pero paradójicamente nuestra estrechez mental y el culto a la tecnología nos impiden ver ese planeta “azul y blando que vieron los astronautas desde el espacio”. De ahí la necesidad de un giro mental o como dice Chopra, una “crisis de percepción” que lleve a superar la visión analítica y fragmentada de la realidad que hemos vivido durante los últimos siglos y que se ha incrementado con el consumismo depredador capitalista.

No nos debemos solo a nosotros (antropocentrismo), sino a las rocas, los ríos, plantas, animales y al mismo cielo estrellado, como hablan los indios americanos, y lo refleja la Filosofía perenne de todos los pueblos. Es ese saber que no es dominio sino consciencia, saber compartido de todos los individuos. Podemos recordar la imagen de la música del siglo XVII en la que el concierto era un grupo de músicos buscando esa forma armónica, y no unos instrumentos en lucha con otros, como se da hoy día, esa armonía infinita que rige en todo el universo. (Las siete leyes del Caos).

La teoría del caos nos dice que nuestras intervenciones en la naturaleza por obra del hombre, tienen límites y que la naturaleza es como los árboles en los que su red de rizos retro-alimentadores es muy fuerte, pero pueden también colapsar si se abusa de ellos.

En el convulsionado mundo en que vivimos, esa visión totalitaria, es la que ha llevado a que muchos, en especial los jóvenes duden que haya un orden y hasta un sentido de este universo, cuando la verdad es lo contrario. Debemos recuperar esa visión de un universo bio-amigable y no de una lucha de unos contra los demás.

jueves, 10 de febrero de 2011

PALABRAS VIVAS Y LENGUAS MUERTAS XI

ZOÉ, BÍOS, PSIKÉ
VIDA- VIDA HUMANA –ALMA, PSQUISMO

ÓSCAR LÓPEZ R. FILÓSOFO - PSICÓLOGO

Estos tres términos tienen infinidad de connotaciones y es difícil delimitarlos, sin embargo podemos decir que Zoé designa el fenómeno natural de la vida de todos los vivientes, desde el ser vivo más simple hasta el ser humano; Bíos es la vida humana considerada individualmente, a la que pone fin la muerte; es la vida en cuanto se la distingue de la vida de otros seres humanos; no es un simple proceso temporal, sino una unidad plástica y llena de sentido, es una forma consciente de vida.

También se ha empleado el término Zen (vivir), pero aplicado a la vida humana como en los estoicos y en el cristianismo. Por eso, el término Zoé ha sido utilizado por algunos como un concepto antropológico, significa la vida que pertenece esencialmente al hombre cuando tiene Psiké. Así, la vida sobrenatural es Zoé. Por eso el concepto de vida es polisémico en cuanto que, por una parte, la vitalidad significa ser el sujeto de sus propias acciones, que se hace a sí mismo su vida con sus posibilidades, y por eso puede ganarse o perderse. Así, vivir es un “conducirse, vivir de manera digna, vivir según el amor a lo humano”.

Así, si hay un ideal de vida cuya meta es el placer, la ganancia monetaria y el aplauso, existe también un Bíos filosófico basado en el conocimiento de la condición humana y de lo que constituye lo mejor para ella; y así la entendió Sócrates, quien le dio su real significación, y por eso fue el nuevo principio de vida que se basaba en la vida interior del hombre (W. Jaegger). Esto requiere un Techné (saber), cuyo conocimiento obliga al hombre, pues le permite una terapéutica tanto del cuerpo como del alma, y le sirve para llevar una conducta acertada. Así, el Bíos del filósofo es la base de toda cultura y el ideal de la persona humana. Aristóteles distingue, además de la vida filosófica o contemplativa, el Bios teorotikós, una vida activa, basada en la praxis humana.

Más adelante se comenzó a creer que hay en cada ser humano una realidad de orden divino, la cual ha preexistido al cuerpo y perdurará tras la muerte y la corrupción del cuerpo el cual era visto como una prisión o sepulcro del alma, y la misión del hombre era liberar su alma por medio de la purificación y de la contemplación.

La palabra Psiké está relacionada con la de Soma (Cuerpo), y designa el hombre como un todo compuesto de cuerpo y alma, aunque también es traducido como la fuerza de la vida natural. Sin embargo, muchas veces Psiké significa lo mismo que Neuma que significa también la persona. San Pablo también utiliza Psiké en un sentido devaluado, existe el hombre “psíquico”, que es limitado, corruptible, frente al hombre pneumático (espiritual, celestial). Así, hay un hombre psíquico que se opone al espíritu vivificante, y así la Psiké es aquí la fuerza puramente vital terrena en contraposición a la fuerza de la vida divina.

Tenemos que referirnos a la idea de alma, que aunque es un término ambiguo; hay en ella una unidad de supuestos, y así engloba algunas operaciones psíquicas como inteligencia, voluntad, sentimiento, y hasta las llamadas “facultades”.

Las representaciones más primitivas del alma son muy variadas, pero es concebida como un soplo, aliento, o hálito, que equivale a la respiración; esta idea es la más común y según E. B. Taylor, se halla en las principales corrientes de la filosofía universal. Así, en el hebreo es el Nefesh, en el sánscrito, es el Atman, en griego es el Pneuma, y en latín, el animus y el anima. Cuando falta tal aliento, el individuo muere. También es concebida como fuego, y al morir el individuo, este “fuego”, que es el “calor vital” se apaga. También se concibe como una sombra, que es captada principalmente durante el sueño. Platón señala que el orador tiene que influir sobre el alma; su verdadero arte no trata tanto sobre el aspecto formal del discurso como sobre la Psikagogia, y para ello debe conocer el alma humana en todas sus emociones y sus fuerzas.

Hipócrates, el gran médico griego, y en su obra es tan común el uso de la palabra alma, Alcmeón, Empédocles e Hypón, fueron filósofos y médicos. Para Jaegger, la medicina griega fue la ciencia que logró establecer un método de comprensión de la naturaleza, al señalar que la parte sólo justifica en su inmersión a todo.

Los avances de la medicina con Hipócrates, llevó a que los médicos fueran considerados demiurgos, es decir, hombres consagrados a la actuación pública, a diferencia del lego o profano. Así, la medicina era un arte y se convierte en una verdadera Techné, interesada en determinar qué es lo que más le conviene al hombre, y esto lo hace a partir de una observación exacta y a una regulación de lo que puede comer y beber y de cómo debe vivir, para poder vivir mejor. Platón seguirá el ejemplo de la medicina en su estudio del ser humano, pues es consciente de que la techné consiste en conocer lo que le sirve al hombre porque conoce su naturaleza, tanto en su salud como en su enfermedad, y así toma a la medicina y no a las matemáticas como normativa para su vida.

Platón combina las tres virtudes físicas de la salud, la fuerza y la belleza con las virtudes del alma, la piedad, la valentía, la moderación y la justicia, en una unidad armónica, y así, para los médicos y los gimnastas griegos, la cultura física es también algo espiritual, pues en síntesis, el ideal helénico de la cultura humana era el hombre sano.
Algunos presocráticos concibieron como almas todos los “principios de las cosas” en cuanto “cosas vivientes”. Los atomistas concibieron el alma como compuesta de átomos, que era una materia muy sutil y fina. Según Platón, hay diversos tipos de alma –vegetativa, animal, humana- y cada una cumple una función. Así, en el ser humano, la función principal es la racional, aunque también tiene parte nutritiva, sensitiva, imaginativa y apetitiva.

Aristóteles habla del alma como principio de vida y como principio individual en cada ser humano, pero, las ideas platónicas que estaban en el cielo las trajo a la tierra, y así señaló que el alma es el “principio de la vida animal”; el cuerpo es la materia, y el alma cierta forma; por eso, el alma es la primera entelequia del cuerpo físico humano que posee la vida en potencia, pero que están unidas en una relación de potencia y acto. El alma es pues una sustancia, es el quid esencial del cuerpo. Así, si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma. El alma es pues la causa o fuente del cuerpo viviente (MORA, Ferrater. Diccionario de filosofía).

Para el cristianismo el alma es el aspecto espiritual de la persona y tiene una relación filial con Dios. Santo Tomás buscó tender un puente entre la idea del alma como subjetividad y como entelequia y señaló la unidad sustancial del hombre a partir del alma como forma unificadora.

Los autores modernos han distinguido, en especial, entre el alma y el espíritu. Mientras el alma es concebida como la sede de los afectos, el espíritu es concebido como sede de ciertos actos racionales. El alma es subjetividad, inmanencia, y el espíritu es objetividad y trascendencia.

Autores como G. Bachelard señalan que, “la palabra alma es una palabra inmortal, es una palabra del aliento”, y evocando algún autor señala que es una palabra olvidada o reprobada, pero que la poesía es un compromiso del alma. “La conciencia asociada al alma es más reposada, menos intencionada que la conciencia asociada a los fenómenos del espíritu y que para una imagen poética el alma dice su presencia”. Como señala Pierre Jean Jouve, “la poesía es una alma inaugurando una forma”, el alma es una potencia primera.


Retomando la división Jungiana entre animus y anima señala que una psicología completa debe señalar una distinción entre animus (parte masculina) y anima (parte femenina), pues el psiquismo humano es en su primitivismo, andrógino, es decir, que tiene una parte masculina y otra femenina, siendo una doble potencia, que en unos marca más su animus y en otros su anima, aunque se puede dar la síntesis de ambas.

Al animus pertenecen los proyectos y las preocupaciones que según él, son “dos maneras de no estar presente ante uno mismo”. Por su parte, “al anima pertenece la ensoñación que vive el presente de las imágenes felices, con una gran despreocupación y que es la esencia de lo femenino”. Señala también que es en el reino de las imágenes donde el anima tiene su mejor parte.


En suma, hay dos lecturas posibles: la lectura en animus y la lectura en anima. Así, en un libro de ideas predomina el animus en el que se requiere crítica y vigilancia, mientras que un libro de poesía es más propicio para el anima.


Resumiendo, las diversas posibilidades de ver al hombre, al yo, se hacen presentes en el empleo de los términos antropológicos: Soma, Psiké y Neuma. El hombre no está compuesto de dos o tres partes, y así, Psiké y Neuma no son dos órganos especiales, sino que el hombre es una unidad viviente que puede objetivarse a sí mismo, tener una relación consigo mismo (Soma), y que se halla proyectado hacia algo en querer y saber y le pertenecen esencialmente a él.

martes, 1 de febrero de 2011

PALABRAS VIVAS Y LENGUAS MUERTAS X

TIEMPO Y OPORTUNIDAD
CRONOS Y KAIROS

ÓSCAR LOPEZ R. – FILÓSOFO - PSICÓLOGO

El universo según los científicos posee cuatro mil quinientos millones de años, y es un universo que por su propia ley, está abocado a perecer; según ésta ley, todo lo existente, orgánico e inorgánico, desde el más minúsculo ser hasta la más inmensa galaxia, tienen cierta duración, en síntesis, el universo entero es finito. Algunos seres duran menos que un parpadeo, otros unos minutos, horas, otros alargan más su vivir, en cientos, o miles de años, es decir, todo está abocado a perecer. El hombre vive “setenta años y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan” (Salmo 90,10). Esa es la ley más esencial de la dialéctica, como dice Hegel, “todo lo que nace debe morir”.

Si bien los demás seres no son conscientes de su muerte, a los humanos se nos ha dado el duro privilegio de saber que tenemos que morir, por eso todas las culturas han buscado exorcizar la muerte, inventando mitos en los que el universo aparece poblado de fuerzas y divinidades que obran unos a su favor y otros en su contra, y así en los hindúes el dios Shiva luego de crear el mundo, después de cierto período, lo destruyen, y éste vuelve a empezar.

La acción creadora está concebida así en el mito como un drama. Existe una lucha entre las fuerzas del “caos” y las de los dioses benefactores. La victoria de los dioses sobre las potencias confusas del “comienzo”, es la conversión del caos, en “cosmos”, (orden en griego) tal como nos lo cuenta Eliade. Pero la victoria no está segura, hay una repetición del acto creador que impide que vuelva al caos.

Los griegos también reflexionaron sobre el tiempo, y lo miraban igual que los otros pueblos, a partir de la idea de un “eterno retorno”, es decir, como una repetición de lo mismo. Precisamente utilizaron un par de términos, CRONOS Y KAIROS, para expresar la doble faz del tiempo, que en su riqueza y enigma se nos presentan. El uno, es esa totalidad ordenada, que expresa el tiempo cósmico, el de los relojes, y que marca ineluctablemente nuestras vidas desde nuestro primer pálpito hasta nuestro último suspiro. Tiene esa irreversibilidad fatal que marca todo lo que está bajo el dominio del Hado (fatalidad) que gobierna el mundo. Pero a los humanos se nos ha dado además el Kairós, es decir, el poder de revertir el tiempo a través de los ritos, las fiestas, de repasarlo y volver a empezar. Por ella somos seres excepcionales.

Para el mundo judío y cristiano, Dios creó el mundo de una vez para siempre hasta su consumación final, y lo creó para manifestar su gloria y es por ello creador y ordenador de los tiempos, y sólo El sabe cuando y cómo acabará, Este universo y tiempo, poseen una significación especial en su plan de salvación. Esta creación fue su primer acto salvífico del cual ha habido muchos. Así, el universo y el tiempo son otorgados a la libertad humana para que el hombre pueda realizarse, y de su decisión buena o mala toman un carácter positivo, o destructivo y lleno de maldad.

Luego de la teoría de Darwin y Russell, sabemos que hay una evolución en el mundo, una lenta y magnífica ascensión hacia la vida, la conciencia, el pensamiento, que en su dinamismo, cada ser en unión con los demás, debe alcanzar su propio fin, y como es un universo bio-amigable como dice Davis, está a favor de la vida.
En éste mundo evolutivo, el ser humano es el único viviente que posee una triple dimensión de cuerpo, alma, espíritu; así en él, por poseer espíritu y no sólo alma como los demás vivientes, el tiempo aparece plenamente en la conciencia, la cual es temporalizante, es decir, no está en el tiempo sino sobre él. El ser humano por poseer espíritu, domina y trasciende el tiempo. Por mi cuerpo, estoy en el tiempo, por mi espíritu el tiempo está en mi, porque el espíritu participa del Espíritu eterno.
Así, la conciencia tiene su propio tiempo, por eso puede medir el movimiento de la sucesión, y así nace un tiempo complejo que está desplegado en tres momentos: pasado, presente y futuro. Si bien vivimos en el presente, ésta se nutre del pasado y se proyecta en el futuro, y sólo ella puede revertir el futuro en pasado a través del presente. Es la duración estructurada según “momentos significativos”: muerte de la persona amada, una catástrofe un grado, matrimonio, o la guerra, que abren un tiempo y cierran otro. El tiempo es la medida del movimiento de los seres, de su realización y de su maduración y su fin. A través del orden irreversible, según el cual el futuro, el pasado y el presente se implican en el desarrollo de los seres, el tiempo es el don que se nos da a las criaturas a fin de poder realizarnos. De ahí que como dice Spinoza, todo ser quiere perdurar en su ser, ese duro deseo de durar.
La temporalidad es compleja, así existe el tiempo de los planetas, es el tiempo sideral, que dura millones de años, el tiempo biológico, el de nuestro cuerpo, el tiempo psicológico (el de la espera), y el sociológico. Por ser el hombre libre, utiliza el tiempo a partir de decisiones que le dan sentido a su vida, y por ello puede madurar, realizarse, liberarse, crear vínculos, relaciones, perdonar.

Como dice Husserl, la conciencia temporal se puede caracterizar fenomenológicamente como protensión, presentificación y retención; psicológicamente como espera, presencia, recuerdo; metafísicamente como posibilidad, actualización, realización.

El tiempo es ambivalente: por un lado es destructor, por otro realizador, pero es la libertad humana la que decide por uno u otro. A diferencia del remordimiento, el arrepentimiento, el perdón, son tareas liberadoras, el poder de intervenir sobre nuestro pasado, y liberarnos de su carga opresora. Es el sentido de la catarsis terapéutica que puede ocurrir libremente o mediada por terapeutas.

El tiempo constituye y se estructura siempre a partir del presente. En el presente aparece el futuro como mi propia posibilidad y mi futuro, como mi propia realización. De la presencia ansiada a la perdida, de la presencia esperada a la rememorada, pasando por la presencia actual y vivida, es el conjunto puesto por la conciencia que constituye el tiempo. Estamos siempre en el presente, jamás salimos de él. El presente es el lugar mismo de la existencia y a través de él se realiza el paso del futuro al pasado y se engendra el tiempo.

Como anota Ernst Bloch, "la conciencia utópica quiere ver el momento acabado de vivir en el que todo ente se nos da en su mismo ocultamiento. Ver a través de la proximidad más cercana es el telescopio más potente, el de la conciencia –utópica agudizada, esa inmediatez más inmediata en que se encuentra todavía el núcleo del sentirse y del existir, y en el que se halla a la vez todo el nudo de la incógnita de mundo”.

Como anota además, “la última voluntad es la de ser verdaderamente presente, de tal suerte que el momento vivido nos pertenezca y nosotros a él, que nada pueda decirle “no te vayas aún”. El hombre quiere al fin ser él mismo en el aquí y el ahora, quiere ser la plenitud de su vida sin aplazamiento ni lejanía. La voluntad utópica quiere lo meramente inmediato e intacto del encontrarse y el existir” (El Principio Esperanza).

El tiempo desde el cristianismo tiene una significación especial, es el tiempo de la salvación. La creación es el primer acto y comienzo de una serie de actividades salvíficas de Dios que aún se realizan.

El tiempo cósmico está envuelto en el tiempo salvífico medido por el pensamiento creador con vistas al tiempo de la salud que es su significación constitutiva y su finalidad inmanente.
El tiempo cósmico no es el único que existe como creen los materialistas, sino que por ser creado por la Palabra de Dios, es un tiempo de gracia.

“El tiempo pasado no es nunca totalmente pasado, y algunas veces está más cerca del pasado que del porvenir”.

Benjamin proporciona una noción de tiempo, de temporalidad inconclusa, “no sellada”, correlato de una memoria activa, activadora del pasado como reserva/semilla de futuro. Incitándonos a desplegar los tiempos contenidos, amarrados por la memoria oficial y atisbar el estallido de la continuidad temporal como pretendida totalidad de sentido: en especial, esa que sutura el pasado como “depositaria de los valores de la identidad nacional”. Frente a esa sutura, el ángelus novus desata el tiempo tornándolo reversible y destrabando las memorias, “sus nudos de temporalidades y discordia”.

“La lectura de Benjamin saca a flote la posmodernidad, entendida no como sucesividad de lo moderno –lo después de ella- sino todo lo contrario como combinatoria de tiempos y secuencias, anticipación de finales y salto de comienzos” (Nelly Richards).

Como desorganización/reorganización del tiempo, liberando a las narraciones de su sumisión al progreso y posibilitando nuevas, inéditas formas de relación con el pasado, o mejor con los pasados. Hace de la condición moderna no sólo algo ambivalente sino explosivo: el paso de lo destructivo a lo constructivo y viceversa (BARBERO, Jesús Martín. Temporalidad latinoamericana y análisis cultural).

“Tal vez la historia no tiene ni finalidades ni fin. El sentido de la historia somos nosotros que la hacemos, y que al hacerla nos deshacemos” (Octavio Paz).

“La concepción de la historia de Benjamin no es posmoderna, porque lejos de estar “más allá de todos los relatos” (si eso es posible) constituye una forma heterodoxa del relato de la emancipación inspirada en fuentes mesiánicas y marxistas, utiliza la nostalgia del pasado como método revolucionario de crítica del presente. Su pensamiento es una crítica moderna de la modernidad capitalista e industrial inspirada en referencias culturales históricas y precapitalistas”.
El mesianismo está a su juicio en el centro de la concepción romántica del tiempo y de la historia. Según él, la esencia histórica del romanticismo debe buscarse en el mesianismo.
La cultura tiene por finalidad la realización de nuevos valores. Todas las conquistas de la cultura son simbólicas; la vida nueva, el ser superior, vienen dados únicamente en imágenes, en figuras, en símbolos.
Toda cultura es cultura del espíritu y tiene un fundamento espiritual, es el producto de la actividad creadora del espíritu sobre los elementos de la naturaleza. Pero en ella se manifiestan factores que tienden a disolver sus fundamentos religiosos y espirituales, y a realizar su simbolismo, es el proceso de “Ilustración”. En esto consiste la trágica dialéctica de la cultura, la cual llegada a cierto estadio, pone en cuestión sus fundamentos y a minarlos. La voluntad desmesurada de poder tiende a transformar la cultura en civilización. La cultura se desinteresa de sus conquistas supremas; la civilización es esencialmente interesada. Las conquistas culturales quedan invalidadas ante el tribunal de la vida y se pone en evidencia el carácter no sagrado y no simbólico de la cultura.

La era de la civilización comenzó con la entrada triunfal de la máquina en la existencia humana, y hasta el mismo pensamiento se vuelve técnico, y toda actividad creadora se vuelve más técnica. Una vida espiritual superior no se puede dar sin una actitud ascética y una cierta resignación (Nicolás Berdiaef).

La cuestión fundamental, el supuesto básico de toda filosofía de la historia es la del tiempo y su naturaleza y el significado que se atribuye a la historia va ligado al que atribuimos al tiempo. ¿Tiene el tiempo un significado metafísico? ¿Está ligado a algo esencial que llega hasta lo más profundo del ser, o es simplemente una forma y condición del mundo fenoménico? ¿Está ligado el tiempo al ser auténtico o es sólo fenomenológico, es decir, exterior a la esencia más profunda del ser? Toda metafísica que vea en lo “histórico” algo esencial para la profundidad del ser, ha de admitir el significado ontológico del tiempo, es decir, que el tiempo guarda una relación esencial con la profundidad misma del ser.

“El tiempo es el lugar del crecimiento espiritual. Llegar a ser, devenir lo que se es, ser lo que se tiene –o mejor- tener lo que se es. Tal es el problema planteado a todos y cada uno de nosotros” (GUITTON, Jean. Justificación del tiempo).

El tiempo biológico no es más que figura del tiempo histórico, porque al carecer de sustancia, su alborada, su esplendor y su crepúsculo, no tienen otro oficio que simbolizar. En el orden animal, los individuos son servidores de la especie que los utiliza para mantener su forma. En el orden espiritual la palabra vida designa algo diferente de ese movimiento cerrado sobre sí mismo, y de esa oscuridad. La vida espiritual temporal es la conservación de la tendencia de lo que fue en lo que es. Pero como lo que será en definitiva es lo eterno, de lo cual lo porvenir no es más que una imagen, el tiempo debe ser concebido como preparación a una vida de tercer género.

El oficio supremo del tiempo es preparar para cada ser consciente órganos de visión y de vida que no pueden llegar a la perfección en la vida presente, pero que entrarán en acción tan pronto como les fuere propuesta una esfera propicia; así como los órganos de un embrión esperan, sin empleo durante la vida intrauterina, el esfuerzo, el espacio, la movilidad.

La realidad temporal que se expresa bajo los nombres de historia, memoria, recuerdos, pruebas, méritos, es como el tejido de esos órganos espirituales que permanecen sin ser usados en lo que llamamos vida.

La maduración temporal prosigue hasta el momento en que el espíritu se desprende del cuerpo viviente y del cuerpo social, doble materia a través de la cual tomó consciencia de sí en el cosmos.
El tiempo es una mezcla de un elemento intemporal y de un elemento de pura movilidad, la muerte, su sentido de metamorfosis y de paso. Basta poner la eternidad tras el tiempo, para conferirle a éste su valor real.

La vida humana no puede ser considerada como un simple medio, es verdaderamente un fin.
Consciencia y duración son tan unidas que queremos definirla una por la otra, el tiempo es como la forma de la existencia sensible e incluso de la espiritual; la eternidad es la forma del pensamiento. Los antiguos confundieron lo inteligible con lo eterno, pues la lógica confunde lo inteligible con él; la lógica pone inteligibilidad en lo contingente, singular e histórico.

La novela y la autobiografía nos regalan la ilusión de que podemos rescatar el tiempo. La memoria detiene el pasado y lo presenta todo a la vez, pero nunca puede reencontrar el pasado como fue. El recuerdo transfigura su materia, y cada uno es el artista y como el profeta de su pasado. Hay mucho de intemporal en el acto de la memoria.

El momento del comienzo de algo, por ejemplo la guerra, es más bien un desenlace. La voluntad es una constante elección. La sustancia del tiempo escapa a la sucesión. La ausencia religa a los seres que la comunidad separa.

El genio de la vida consiste en contaminar, la forma más común es la percepción del tiempo. El futuro es el lugar de la ilusión que nos disimula hasta la muerte; hasta en la agonía espera un nuevo momento. También hay mucho de ilusión en la percepción del pasado. Todo pasado es ya un pensamiento, en su percepción nos disciplina lo real al contrario del futuro. El tiempo es el lugar de una acción que compromete a la eternidad.

Gozar es otra forma de contaminación, es tratar de agotar el presente cargándolo de una densidad ficticia; no hay goce sin una avidez previa.

“Nunca logra la plenitud del ahora que pasa, siempre tiene que añadirle algo por esas pequeñas solicitaciones imperceptibles que nos mantienen siempre en vilo” (Leibnitz).

Un término para expresar el Kairós es el del Ahora, que es un estado de presencia en el cual la atención está centrada en el momento que se está viviendo y lo mantiene presente la conciencia, es decir, una alerta total, y es una espera sin tensión en que uno está presente con todo su Ser con cada célula de su cuerpo, y el pasado, el futuro y el yo parecen no estar, y sin embargo se está presente. En el Zen se utiliza la palabra satori (iluminación) para esta situación en que verdaderamente se ve y se oye. Son situaciones inesperadas que a veces se sienten cuando ya han pasado (TOLLE, Edgar. El poder del ahora).

Para lograr esto se debe luchar contra la ilusión del tiempo, pues al separar el tiempo de la mente, ésta se detiene y se supera la compulsión del vivir, de la memoria y de la anticipación. Entonces se aprende a observarse a sí mismo, sentir las reacciones que uno tiene, las emociones, y uno se vuelve autoobservador. Cuando se está en el ahora no existen problemas, y con ello se aleja el dolor y se siente una paz y una quietud.

miércoles, 19 de enero de 2011

PALABRAS VIVAS Y LENGUAS MUERTAS IX

JUSTICIA vs. INJUSTICIA, ARBITRARIEDAD
(Diké vs. Adikía, Hybris )
ÓSCAR LÓPEZ RAMÍREZ – Filósofo- Psicólogo


INTRODUCCIÓN
Al iniciar nuestro estudio sobre “Palabras vivas y lenguas muertas”, lo hicimos partiendo de la idea ya reconocida, de que los griegos, romanos, y cristianos, modelaron lo que se ha llamado el “mundo clásico”, siendo -para bien o para mal- los educadores de la cultura occidental, durante más de veinte siglos. La expresión que dió forma a este mundo es la PAIDEIA, que comúnmente se ha traducido como Educación y Formación, aunque tiene un sentido más rico y profundo que los que el uso y abuso actuales le han dado. Los griegos declararon siempre la verdadera Paideia como la Paideia de los hombres libres. La comunidad en su verdadero sentido sólo puede existir para el bien y esa es la meta, es decir, el TELOS (fin) de todo lo demás.

Tal como lo señala Werner Jaegger a quien hemos seguido en este estudio, la Paideia fue el ideal que forjó al pueblo griego en su mejor momento, y fue la forma superior en la que encontraron su unidad las diversas manifestaciones del espíritu, no sólo la ciencia, la filosofía, sino formas particulares como la economía, la caza, etc. La Paideia se basa en la naturaleza cultivada por el Logos, la armonía entre los apetitos y la razón, y su abandono fue la causa de la decadencia de Atenas.

Pero a la Paidiea no se la comprende sin las ideas correlativas de POLIS (Ciudad-Estado) o ARETE (Virtud),etc. La “areté” es lo que mejor caracteriza al ser humano, su “bios”, su vida, su verdadera naturaleza, su EUDEMONÍA (felicidad). Cada ser se comprende según su areté, así la areté del cuchillo es cortar. Por la areté de valentía se reconoce al guerrero, por la nobleza al caballero y por sus actos de justicia al justo. Los humanos nos caracterizamos pues, según la areté que poseamos. La areté que compendia al individuo y la ciudad perfecta es según los griegos, el sentimiento de justicia. De ahí que la lucha por la verdadera paideia que se vivió en la Grecia clásica, es uno de los momentos más grandes de su historia y su decadencia, ruina, y su subsiguiente caída, ocurrieron cuando el pueblo se sustrajo de la función modeladora de la Paideia, la cual Tucídides equipara a un juicio de Dios.

De ahí que las obras de Platón, Aristóteles, Tucídides, hacen el elogio del justo su máximo tema,
igual que en la del mundo hebreo es encomiado el justo frente al injusto. Como decía Job, “la justicia era mi vestido; el derecho, mi manto y mi turbante” (Job, 29,14). El concepto platónico de lo justo implica que la justicia existe tanto en el alma del hombre como en el conjunto del Estado, está por encima de todas las normas humanas, y se remonta a su origen en el alma misma, en su naturaleza más íntima.

Es natural que el tema de la justicia y la injusticia haya inquietado a los humanos desde siempre, y la pregunta más acuciante es, en un mundo en que el fuerte se impone sobre el débil, ¿es posible que exista la justicia? Basta una mirada a la historia para encontrar cómo la injusticia y arbitrariedad, son lo más común, y así, individuos e imperios poderosos se han impuesto casi siempre por la fuerza sobre otros individuos o pueblos más débiles que ellos. Así, cuando en la antigüedad hablamos de Asiria, Persia, la misma Grecia, Roma, o en nuestra época España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, o de individuos como Jerjes, Darío, Alejandro, Nerón, Calígula, Hitler, Stalin, hablamos de su dominio despótico y tirámico.

Todos ellos han ejercido el poder tomado arbitrariamente en nombre de una comunidad o un grupo y han impuesto a su antojo sus intereses y criterios ante comunidadades abusando en parte de la ignorancia o el amedrentamiento de las mayorías. Antes era la violencia física o ideológica, hoy los modernos medios masivos de comunicación, han refinado su dominio sobre gran parte de los habitantes del planeta, imponiendo sus criterios que son los de los poderosos.

LA JUSTICIA EN LA POLIS GRIEGA
En la Polis griega, la voluntad de justicia se convirtió en
una fuerza educadora, análoga al valor caballeresco del guerrero. Su cumplimiento era obra del ciudadano perfecto, y por eso Platón determinó que “en la justicia está comprendida toda la areté” (República, 433b). Esta idea fue seguida luego por Aristóteles en su Etica a Nicómaco, y por el mismo cristianismo. Con ella el Estado introduce el orden donde antes había arbitrariedad. Y por ello según Jaegger, “representa el estadio más importante en el camino desde el ideal aristocrático hasta el ideal filosófico”.

En el cumplimiento de la ley, halló el pueblo griego la herencia de las normas jurídicas y morales, su forma más general y permanente. El legislador fue situado junto al poeta como el cúlmen humano en Platón, Aristóteles, y en la misma Biblia cristiana se alabó al gobernante justo y se consideró nefasto un gobernante injusto, pues sus decisiones tienen que ver con la comunidad y no sólo con individuos aislados. La ley era para los filósofos el alma de la Polis. “El pueblo debe luchar por su ley como por sus murallas” (Heráclito).

Con la ley se forja el hombre una nueva y estrecha cadena que mantiene unidas las fuerzas y los impulsos divergentes logrando centralizarlos como ningún orden social lo haría. El Estado se experimenta objetivamente en la ley, introduce todas sus normas donde antes sólo había arbitrariedad.

En Grecia cuando se quiso expresar el dominio arbitrario del poderoso sobre el débil, la palabra más utilizada fue la de “hybris”, que tiene un sentido múltiple, sea injusticia, orgullo, soberbia, autocomplacencia, arbitrariedad, en suma, todo aquello que está alejado de la justicia. Así, según Homero, Aquiles fue castigado con la hybris y por su ofensa a los dioses, con la muerte de su entrañanble amigo Patroclo, y Medea por dar muerte a sus hijos. La conciencia que existía en Grecia y Roma, era que la acumulación de gran parte de los poderes en un individuo es una fuente de Hybris, y por eso limitaban los períodos de los gobernantes.

La alta estimación del derecho por los poetas y filósofos, es parte de esta estima desde el siglo VIII al V. Comienza con Hesíodo, Solón, y la misma nobleza, pero al surgir “los nuevos ricos” que cometían abusos, llevó a la promulgación de leyes escritas, y así del Nomos, que proviene de una tradición oral, se pasa a la Diké que se convierte con Hesíodo en un derecho para todos, ricos y pobres.

En las obras de Homero se halla el primer elogio de la justicia, y los dioses son sus guardianes; su reinado no sería divino si no condujera al triunfo del derecho. Este es el postulado que domina a La Odisea. En La Ilíada, Zeus promueve terribles tempestades en el cielo cuando los hombres conculcan la justicia en la tierra. Homero designa el derecho con el nombre de Themis, y por eso en la Ilíada se dice que “Zeus daba a los reyes el cetro y Themis, que es el compendio de los valores caballerescos, y su significado es el de ley.

Hesíodo a su vez, en su obra “Los trabajos y los días”, señaló que la creciente desventura de los humanos se debía al progreso de la hybris y la irreflexión, la desaparición del temor de los dioses, la guerra y la violencia. Era lo que él llamaba la “Edad de hierro” en la que dominaban los malhechores, al contrario de la “Edad de oro” en que dominaban los hombres justos, como ocurrió según él, al comienzo de los tiempos. Por eso es llamado el poeta del derecho en Grecia, pues poseía una fe inquebranteble en la protección del derecho por los dioses; la idea del derecho es para él la raíz de la cual va a surgir una nueva sociedad, y para ello creó una figura divina llamada DIKÉ, dada por Zeus, y que consiste en dar a cada cual lo debido, y sirve para cuando hybris –acción contraria al derecho- perjudica a alguien. Luego se creó el término DIKAIOSINE, el término abstracto de justicia que juzga las transgresiones como el adulterio, asesinato, el hurto, y surgió de la progresiva intensificación del sentimiento del derecho; ella se convirtió en la Areté (virtud) por excelencia, y era la obediencia a las leyes del Estado, así como la “virtud cristiana” era la obediencia a los mandamientos.

La palabra Dikaiosine (justicia) tiene varios significados, en el lenguaje común el más destacado es el de justicia distributiva, el cual se emplea en su sentido ético como “honestidad” o en el sentido forense que implica una relación, cuando una persona tiene que responder en el juicio que otro pronuncia, y ante el cual se declara justo y es reconocido como tal. “Justo” es quien ha sido declarado libre en un proceso, es el derecho por el que una persona quiere que le sea reconocida como su derecho, y exige justicia.

El Estado jurídico helénico presupone una larga evolución; Jonia fue el país del más intenso movimiento intelectual y crítico de Grecia, y el papel del Estado fue liberar las fuerzas individuales aún en el campo político. En la ley halló el pueblo griego la herencia de las normas jurídicas morales, su forma más general y permanente. El legislador es para Platón y Aristóteles junto al poeta el cúlmen de lo humano.

Hybris, concebida originariamente en oposición a Diké, al ampliarse se extiende a la pleonexia que es la ofensa a los dioses. Heráclito eleva mediante su nomos divino, la ley, a la categoría de una religión cósmica, y funda en la norma del mundo, como norma de vida del hombre. Los poderosos siguen a sus apetitos, en especial la libido imperandi (gusto por el poder) más que a la razón (frónesis). La desintegración en el alma del gobernante es la que sella la ruina de su poder.

La pleonexia es para Platón lo mismo que para Isócrates, la raíz de todos los males; por eso los más aptos para gobernar, son los que obedecen a la verdadera ley, es decir, a la idea del “bien”, o sea de Dios, que es la medida de todas las cosas.

La Eudemonía (felicidad), es la verdadera perfección de la naturaleza humana y su más genuino valor, o sea, poseer un buen Démon (buen dios). Así, la Areté es el valor interior que según Aristóteles hace dichoso al hombre. Por eso la vida humana (Bios), en cuanto se distingue cualitativamente de los otros hombres, está plasmada por un determinado Ethos (conducta fija de vida), fue plasmada por Platón y aceptada por el mismo cristianismo al hablar de la vida de los santos y creyentes como seres felices.

Aristóteles coloca junto a la vida filosófica la vida activa y así distingue la Sofía de la Frónesis. La misión fundamental del Estado es moral y educadora y su última meta es llegar a la interioridad del alma, el último refugio de la voluntad normativa del hombre de la Polis griega, que había sabido plasmar la ciudad-estado pero que ya no encontraba patria alguna en el mundo. Por eso dice Aristóteles, “el hombre perfecto y el ciudadano perfecto sólo son idénticos entre sí en el Estado perfecto” (Política III, 4).

Platón distingue tres tipos humanos: El primero, dominado por un monstruo de muchas cabezas de numerosas bestias, es el hombre como ser instintivo. El segundo, está dominado por el león y es el hombre temperamental con sentimientos de cólera, de valentía, de entusiasmo. El tercero, es el dominado por el espíritu, es el hombre dentro del hombre.

Quien alaba la injusticia da alas a la bestia salvaje y multifascética que hay en nosotros, por eso el principio sobre el que descansa la tiranía es la injusticia, y se caracteriza por el máximo de carencia de libertad, y surge de una vida instintiva animal en el alma del hombre. El tirano no conoce la verdadera libertad ni la verdadera amistad. Vive lleno de recelos y es desgraciado, porque en su interior se ha roto el órden natural; además carece del verdadero poder, pues no puede realizar el bien y es por eso el mayor esclavo y se ve reducido a la soledad y está maniatado en sus movimientos, y es por ello la personificación del hombre desdichado.

La fundamentación del hombre sobre la base del “estado dentro de él mismo”, se operó al llegar a su apogeo la cultura griega, al llegar al convencimiento de que en este mundo es imposible cumplir este ideal. La responsabilidad moral del hombre es la premisa de toda acción educativa. Por eso, Sócrates opuso la filosofía de la educación a la del poder, bajo el criterio de la Paideia cifrada en la KALOKAGATÍA (belleza y bondad) del justo.

El pensamiento griego sobre el Estado condujo en última instancia a la creación de la idea occidental de la libre personalidad humana, la cual no se basa en ningún estatuto de los hombres, sino directamente en el conocimiento de la norma suprema, la fundación del “estado en nosotros” con la vista puesta en Dios, esta fue la meta de la República de Platón.Toda educación es una preparación para un estado superior del alma en su forma pura; si el alma no puede ser destruída por su propia enfermedad, la maldad, nada puede destruirla.

Los más aptos para gobernar son los que obedecen a la verdadera ley, es decir, a la ideal del “Bien”, o sea de Dios que es la medida de todas las cosas. La dicha de todos y no sólo de unos pocos es la misión del verdadero Estado, y esto depende de que cada uno cumpla lo mejor su función específica, pues cada vida tiene un contenido, un fin (Telos) y sus límites.

Toda la estructura del Estado descansa sobre la verdadera educación, la cual si se logra, lleva a la verdadera justicia, por eso los gobernantes deben ser sabios, de donde tomó Platón la idea de que los filósofos deberían gobernar.

Si nos situamos en nuestro mundo actual, nada hay más pervertido que la justicia, y la situación es más grave que en la antigüedad, pues en pleno siglo XXI, en plena civilización, aún existen estados e imperios que ejercen su dominio arbitrario sobre los pueblos débiles, sea con leyes económicas injustas, o por las armas o invasiones, o cuando las grandes multinacionales sobornan y derrocan gobiernos legítimamente constituídos en aras de sus intereses particulares en especial en nuestros países, en que gobiernos corruptos obedecen los criterios de poderes mundiales a costa de sus gobernados nacionales. Además hoy existen técnicas cada vez más sofisticadas para manipular la conciencia de millones de habitantes del planeta, cuando no es que se apela a la tortura física y psíquica para lograr sus fines.

Por eso, cada vez se reconoce que no hay tarea más urgente que el de un nuevo órden mundial que establezca como principio el reconocimiento de los derechos humanos, la igualdad de los derechos del hombre y la mujer, y el respeto al derecho penal internacional, igualmente el derecho a oponer resistencia a la autoridad ilegítima, a la pena de muerte, pues como dice Kant, la más grande y repetida forma de miseria a que están expuestos los seres humanos consiste en la injusticia, más bien que la desgracia. La verdadera justicia radica en la idea de que hay que dar a cada uno lo suyo, fundamento en el cual se basa toda justa ordenación sobre la tierra, y la injusticia es cuando a alguien le es retenido o quitado lo que es suyo por otro congénere. A este derecho lo llamaron los antiguos el suum cuique, y que hoy es patrimonio de toda la humanidad. Por eso, como dice Santo Tomás, “la justicia es el modo de conducta según el cual un hombre, movido por una voluntad constante e inalterable, da a cada cual su derecho”.

A esto está ligado el problema del poder, estar en pocas manos o en grandes corporaciones, que con su poder corruptor son más difícil poner en cintura por los gobiernos de los pueblos más débiles. De ahí la necesidad de que los ciudadanos y la opinión pública superen su impotencia y pasividad. Los problemas del planeta hoy son globales, y su solución es global y nos corresponde formar ciudadanos conscientes de sus deberes y derechos, que contrarresten el dominio casi omnímodo de las gandes multinacionales y de los grupos paralelos que se han impuesto en el nuestro y en los demás países débiles.

LA JUSTICIA EN LA BIBLIA
Ningún libro como la Biblia está centrado en torno a la idea de justicia , tanto que se equipara con la idea misma de salvación, idea central en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Aquí estamos en un mundo distinto al griego. Un pueblo que se sintió elegido por Dios y para el cual el cumplimiento de le ley que él estableció era lo prioritario. Los mandamientos no eran como se ha creido, “leyes abstractas”, sino un don que Dios le dio para su salvación.

Era como anota Gerard Von Rad, “un campo de energias saludables para el hombre” (Teología del Antiguo Testamento). Así que era Dios el que daba la justicia como un dón suyo. Por eso el culto se inciaba con cánticos que declaraban su lealtad a la ley de Yaveh, y que era su alegría. En el Nuevo Testamento, Cristo el Ungido de Dios se sintió guardian y garante de la justicia, y por eso afirmó que cumplir su misión era su alimento.

Israel no se consideraba relacionado con un mundo de valores ideales, sino con una actividad divina. Por eso su interés es proclamar las acciones que le ocurrían como pruebas concretas de la acción de Dios desde el paso del mar Rojo, hasta la toma de Jericó.

Pero aquí la justicia no es tomada abstractamente, sino en un sentido relacional. El pueblo hebreo era un pueblo que pensaba concretamente y no en forma abstracta como los griegos. Por eso la justicia está centrada en las relaciones de los hombre con Dios y los humanos entre sí. Así, la justicia era para ellos, el valor supremo de la vida, sobre el cual descansa toda vida cuando está en órden (G. von Rad). Así, la justicia es un concepto de relación entre dos y no entre un objeto sometido a un juicio de valor y una idea. Cada relación lleva su propia ley, siendo la primera, la establecida con Dios, y por eso para el israelita era justo quien satisfacía las relaciones específicas que le imponen dicha relación, siendo la alabanza la forma suprema de expresar dicha relación. Dios al establecer una Alianza, puso al hombre ante una situación difícil, pero no imposible: cumplir la Alianza, y el pueblo como se vio en la historia pocas veces la cumplió. Dios sin embargo nunca se echó atrás, y le dio nuevas oportunidades de renovar la alianza. Este es el sentido del Antiguo Testamento, las múltiples alianzas de Dios con su pueblo a pesar de las mil veces que el pueblo decepcionó ante su Dios. Pues para El prevalecía la misericordia sobre la justicia misma.

Uno de los fenómenos más prodigiosos del Antiguo Testamento fue la aparición de los profetas, en especial, el caso de Isaías, quien supera a todos los demás por “la amplitud magnífica de su mundo de ideas”. Su obra abarca diversos géneros, desde el oráculo hasta el himno, y le tocó presenciar la catástrofe de Jerusalén del año 701. Como Amós, fue un portavoz del derecho
divino, criticando enérgicamente todas laas formas de violación del derecho. En especial para el judío era la forma como un gobernante administraba justicia, sabía cuáles eran sus intenciones respecto a Dios, pues para ellos el derecho divino era un don salvífico. De ahí las invectivas de los profetas contra toda clase de violación de justicia, en especial contra el pobre, la viuda, el huérfano y el extranjero. Los famosos ¡ay! se repiten en todos los profetas, y luego en Cristo, lo que le dío un sentido especial al sentimiento de justicia y a la violación de la misma. Así, hallamos uno muy famoso: ¡ay de los que dictan leyes injustas y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas y robar a los huérfanos! (Is 10, 1). Así, los más dramáticos y fuertes ayes, son los dirigidos a los gobernantes y a los que violan la justicia.

En el libro del Génesis, cuando Dios creó al hombre, lo instaló en un jardín lleno de toda especie de árboles frutales, con la única advertencia de no poder comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque ello significaba querer ser como Dios, es decir, romper los límites que sostienen el mundo y la vida. Sin embargo, el hombre desobedeció, en un acto de soberbia (Hybris), acto que se ha repetido hoy con la técnica que ha querido llegar a las fuentes mismas del vivir, y como Fausto, pretende abrogarse derechos que no le corresponden; esos son los temores que asedian a muchos con los nuevos desarrollos tecnológicos.

En la Biblia, los judíos piadosos buscaban una justicia proveniente de la ley, y creían que se podía cumplir toda la ley. San Pablo, un judío converso los convenció de esa uilusión, y para él, la justicia es independiente de la ley, pues la muerte de Cristo ha justificado ya al creyente, y le es imputada al hombre ya en el presente, siempre que él crea. Por eso dice: “habiendo pues recibido por la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios”. Además, señala que “aunque el cuerpo haya muerto a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia”. Los gnósticos ven en la justicia una “fuerza” divina que invade al iniciado y que expulsa las fuerzas demoníacas que han gobernado hasta ese momento en el hombre. Ningún hombre puede conseguir la “justificación por medio de las obras de la ley”, por la sencilla razón de que no puede cumplirlas. Así, el camino de las obras de la ley y el de la gracia y de la fe son contrapuestos, se excluyen mutuamente, y son hasta declarados malditos los que no practican todos los preceptos escritos en el libro de la ley.

Para el cristiano el sentido de la Dikaiosine se basa en que ha sido revelada por la salvación de Cristo, y el hombre se convierte en una nueva criatura, pues “lo viejo ya ha pasado” y con Cristo comienza una nueva era. Los judíos se gloriaban en la ley y esto era según San Pablo una postura pecaminosa, pues sólo queda frente a Dios la actitud de fe como la de Abraham que no fue justificado por las obras sino por la fe, la cual se adquiere sin esfuerzo alguno, y es una gracia, un regalo de Dios, mientras que la ley produce la ira. Así pues, la “justificación por la fe” designa el contenido del Evangelio. Claro que según otras interpretaciones la fe debe estar respaldada por las obras y por eso dice el apóstol Santiago: “de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras”. Lo que indica que ambas se complementan.

En nuestros días en que impera el capitalismo más despiadado y sus desafueros, es decir, su hybris, afecta no sólo el mundo humano y social, sino también el ecosistema, una verdadera hybris a la que la naturaleza responde con catástrofes, que es su Némesis, su venganza a tan despiadad explotación. De ahí la necesidad que la voz de los defensores de los desposeídos, desempleados, desamparados y defensores del planeta, sea oída, y su respuesta es sentirnos solidarios no sólo con el hombre, sino con la misma naturaleza que reclama de nuestros cuidados. Es una gran paradoja que la cultura occidental que ha logrado crear los más asombrosos adelantos técnicos, se encuentre moralmente en un estado casi salvaje por la carencia de justicia.

En el caso de nuestro país, nos preciamos de poseer una democracia, pero ésta es puramente formal, pues está dominado por grupos corruptos, y la dominan el crimen, el secuestro y la desaparición de personas. La violencia que afecta a tantos compatriotas por grupos al margen de la ley, y aún del mismo gobierno, debe ser atendida mirando el ejemplo de Grecia, al saber cómo ella a pesar de poseer la Paideia, fracasó cuando la ley fue despreciada por sus gobernantes, y el pueblo mismo, y de ahí que si quremos ser felices, no hay mayor valor que el respeto por la justicia, el derecho y las leyes. Y esto depende tanto de gobernantes como de gobernados.

jueves, 6 de enero de 2011

CAPITALISMO, CONSUMO Y DESEMPLEO

ÓSCAR LÓPEZ RAMÍREZ - Filósofo - Psicólogo

1-CAPITALISMO Y MODERNIDAD

En el capitalismo, el deseo de tener no sólo se ha convertido en algo central sino que está asumiendo una dimensión casi totalitaria. Hasta en las relaciones personales “las personas se ven transformadas en cosas; sus relaciones mutuas asumen el carácter de propiedad” (Erich Fromm: Tener o Ser).

Vivimos a nivel planetario y nacional, transformaciones cada vez más radicales, ha crecido el poder de consumo, especialmente en las clases medias y altas, y así, la riqueza generada por los avances económicos y tecnológicos ha aumentado, pero sin equidad. La “globalización” ha permitido cumplir sueños antes no imaginados, comprar productos extranjeros de Norteamérica, Europa, la China, los vinos chilenos y los dulces y confituras de toda clase; pero igualmente sólo las clases altas y medias disfrutan de ello.

Los logros de la modernidad, nos permiten cumplir sueños milenarios, y para ello cada día aparecen aparatos cada vez más sofisticados; en la cocina, el rústico fogón de leña, de petróleo o de carbón, fueron sustituidos por el fogón y el horno eléctrico, de gas o el microondas; en los hogares, la nevera, la lavadora eléctrica, la licuadora, suplen la ajetreada vida diaria, y como ayuda para quienes trabajan fuera de sus casas. El equipo de sonido, el televisor, el DVD, el walkman, el Ipod, son el complemento necesario para divertirnos e instruirnos. El computador, el MP3, MP4, hacen parte del equipo corriente en especial de los jóvenes, quienes no conciben ya sus vidas sin ellos, y les permiten vivir en esa “otra realidad”, la virtual, distinta a la cada vez más asfixiante vida cotidiana.

Hemos pasado de las herramientas y máquinas simples, a objetos integrados en sistemas. Como anota Baudrillard, “los objetos se han vuelto hoy más complejos que los comportamientos del hombre relativos a estos objetos. Hoy día son los actores de un proceso global en el que el hombre no es más que el personaje o el espectador” (BAUDRILLARD, Jean. El sistema de los objetos. Siglo veintiuno Editores. Bogotá. 1984).

Cada vez pues, dependemos más de dichos objetos, y somos menos autónomos, nuestros actos más simples están más ligados a ellos, y se está levantando una generación de tecno-dependientes, no sólo en lo complejo, sino en cosas relativamente simples como sumar cifras simples, consultar palabras, llevando consigo a una pereza mental y falta de creatividad, y no muy lejos, a la imbecilidad, aunque se manejen poderosos aparatos electrónicos.

Estos avances presentan la otra cara oscura, nos muestran sólo una parte de la realidad. A este “banquete de la civilización” como decía Pedro Henríquez Ureña, no son invitados todos, y son más los excluidos que los que disfrutan de sus logros. Para los sectores deprimidos de la población, la situación no ha cambiado. Al contrario, paradójicamente son más pobres. Como señalan las estadísticas, el acceso a los bienes de consumo, la salud o la educación es cada vez más precario.

Nuestros países, como tantos otros del Tercer Mundo, dejaron de ser autosuficientes, entrando en el gran ciclo del mercado mundial. Ha sido en los últimos años donde este proceso ha sido mayor en especial a partir de la llamada Globalización, que ha integrado todo el planeta en su esfera, en especial en el aspecto económico. A ello van vinculados los avances increíbles de los medios de comunicación, pues hemos pasado en poco tiempo de la radio y la televisión, al Internet, que ha llevado a transformaciones cada vez más aceleradas. La tónica dominante es una gran movilidad en todos los campos, en la forma de pensar y sentir, en la sexualidad, en los gustos y deseos, y las conductas en general.

En las sociedades premodernas los deseos eran reprimidos o controlados. Los tabúes, los mitos y los ritos, han sido mecanismos institucionales que han buscado proteger a la comunidad contra las violencias que en caso extremo, pueden llevar a su disolución. Entre los hombres de esta época el más alto ideal era la “salvación del alma” individual, y lo demás ha sido secundario. Los hombres viven en determinados oficios y clases, equivalentes, a los cuales pertenece hasta su muerte. Esto lo describió Santo Tomás y corresponde a una vida orgánica que busca seguridad.

Según Girard, “en las sociedades arcaicas, las tramas de lo prohibido y los comportamientos que esas tramas definen, llevan a cabo oficialmente la distribución de los objetos disponibles entre los miembros de esa cultura”.

Esta tranquilidad se convierte en desasosiego al pasar la sociedad de un estado estático a uno dinámico, y es obra del espíritu capitalista que aún impera en nuestros días, y de ser algo “antinatural”, se convierte en algo natural y necesario, y compulsivo, que domina nuestro ser por entero y rige la historia del mundo. Siempre se ha comprado poseído, disfrutado, gastado y, sin embargo, no se “consumía”.

Italia fue la cuna de estos cambios, también allí, en el XV, y sobre todo el XVI, la aritmética se expandió hacia los países del Norte. Se inventaron además las fracciones decimales, y el invento de la imprenta en Alemania facilitó el cálculo comercial. Se extiende también la contabilidad, y Holanda se convierte en el país modelo, pues hasta las mujeres son educadas en la contabilidad.

Fue en las ciudades italianas donde por primera vez se manifestó el espíritu burgués, en la Toscana, y concretamente en Florencia, había en el siglo XIV un afán febril de lucro, y por eso Burckhardt habla de un “talento innato de los florentinos para someter toda la existencia a una evaluación numérica”. Pero este espíritu se opacó, debido a una feudalización o hispanización de la vida. La concepción católica y jerárquica del mundo llevó a los españoles a disfrutar de la vida alegremente sin esfuerzo y la laboriosidad les era ajena. En Florencia, según Sombart a finales del siglo XIV, por vez primera encontramos al perfecto “burgués”, y es una figura especial con una peculiar conformación psíquica, y no designa una clase social sino cierto tipo de persona. El más típico burgués del Quattrocento es L. B. Alberti, quien escribió libros que antecedieron a los de Defoe y B. Franklin. Como anota igualmente Sombart, un determinado espíritu “domina” en una época cuando se le da una gran difusión; “predomina” si determina las acciones económicas de la mayoría de los sujetos económicos. El espíritu capitalista se forma de dos elementos: espíritu de empresa que es una síntesis de codicia, espíritu aventurero, afán descubridor. El espíritu burgués se compone de prudencia reflexiva, circunspección calculadora, ponderación racional y espíritu de orden y economía” (SOMBART, El burgués).

Pero desde comienzos del siglo XVIII en Francia, Inglaterra y Holanda, comenzó una patológica obsesión por el dinero, y la codicia que era vista como un defecto, y aún hasta un pecado, se convirtió como anota Fromm en una “estructura de carácter”, es decir, un comportamiento alabado por todos, llegando a convertirse en la primera característica del hombre moderno.

Así desde que los pueblos germano-eslavo-célticos comenzaron a dominar la historia, luego del opacamiento de España, Italia y Portugal, la mentalidad económica ha experimentado un cambio fundamental originando el espíritu capitalista que hoy domina el planeta.

Pero este proceso no ha sido rápido ni sencillo, y al ingenuo campesino, al zapatero, ni al comerciante, se les ocurría pensar que con su trabajo podrían conseguir riqueza y tesoros. Alberti, uno de los primeros capitalistas italianos, indicaba como fuentes de ganancia, a parte del comercio en gran escala: la búsqueda de tesoros, la caza de herencia, la clientela, la usura, el arrendamiento. Otros factores son la violencia, la magia, el ingenio (que consistía en vender proyectos a los monarcas), la alquimia.

Lo que ocurre actualmente es que, “El reconocimiento que antes se daba en el plano militar, religioso o nacionalista, ahora se desencadena en el plano económico. Los príncipes que en otras épocas intentaban derrotarse entre sí arriesgando sus vidas en sangrientos combates, ahora arriesgan su capital instaurando imperios industriales” (F. FUKUYAMA).

2-DEL CONSUMO AL CONSUMISMO

Se puede concebir el consumo como una modalidad característica de nuestra civilización industrial, pues ya no es ese modo pasivo de absorción y de apropiación, sino que es un modo activo de relación (no sólo con los objetos, sino con la colectividad del mundo), un modo de actividad sistemática y de respuesta global en el cual se funda todo nuestro sistema cultural.

El consumo se define como una práctica idealista total, sistemática; por esto, el consumo no tiene límites, “presupone una ética, una disposición alimentada por el imaginario colectivo” (Buenaventura dos Santos). Y es alimentada por la publicidad que en nuestros días “es una fuente permanente de ejemplaridad, de estilos de vida. Es una actividad de manipulación sistemática de signos, los objetos toman su coherencia en una relación abstracta y sistemática con todos los demás objetos-signo. Entonces se “personalizan”, forman parte de la serie, son consumidos, nunca en su materialidad, sino en su diferencia. El apogeo de esta mentalidad lo hallamos en Benjamín Franklin, quien acuñó la frase: “el tiempo es dinero”, mentalidad que se extenderá poco a poco y se formará lo que se llama la “honestidad burguesa” que consiste no sólo en ser virtuoso sino también en aparentarlo, pero por razones comerciales, pues toda conducta moral “eleva el crédito”.

En palabras más simples, dice Marx en El Capital: “la riqueza de las sociedades en las cuales predomina el modo de producción capitalista se presenta como una enorme acumulación de “mercancías”. En la sociedad del capital, la mercancía no es una “cosa trivial y obvia”, sino “embrolladísima, llena de sutileza metafísica” y de caprichos teológicos.

Las mercancías adquieren un carácter “místico”, y es lo que llamó Marx el “fetiche de la mercancía”, es decir, que adquiere un carácter misterioso e infinito, de modo que los que no consiguen comprar un producto costoso y no superan esa mística, se sienten menos, inferiores, culpables, sin dignidad, y reaccionan a veces en forma violenta rompiendo el tabú de la propiedad privada y las leyes del mercado. Contra ellos la sociedad, es decir, los integrados en el mercado, se sienten con el derecho de emplear toda forma de violencia legal o ilegal contra ellos.

El proyecto mismo de vivir, fragmentado, decepcionado, significado, se reanuda y se aniquila en los objetos sucesivos. “Moderar” el consumo o pretender establecer una red de necesidades capaz de normalizarlo, es propio de un moralismo ingenuo o absurdo.

“El pensamiento económico neoclásico y el neoliberal presuponen que el ser humano no tiene necesidades sino únicamente gustos. De acuerdo con éste enfoque, el hombre no manifiesta la exigencia de la satisfacción de las necesidades de alimentación, ropa, etc., sino únicamente sus gustos o preferencias que p. Ej. le permiten preferir la carne al pescado, el algodón a la fibra sintética, etc.”. HINKERLAMMERT, Franz. Crítica de la razón utópica. Ediciones Paulinas. Sao Paulo.1986.

Para Celso Furtado, es fundamental que abandonemos las ilusiones de una “modernidad que nos condena a un mimetismo cultural esterilizante” y que huyamos de la obsesión de reproducir el perfil de los que se autodenominan desarrollados “y que asumamos nuestra propia identidad. No es fácil superar ese deseo mimético de consumo o mejor del de apropiación. Que está en el centro mismo de la modernidad”.

La estructura básica del deseo mimético consiste en que yo deseo un objeto, no tanto por el objeto en sí, sino por el hecho de que otro lo desea. Se crea así una rivalidad entre los dos individuos que desean el mismo objeto. Esto es la competencia, la cual es para la economía liberal impulsora del progreso. Y como siempre habrá novedades que sean objetos de deseo, la escasez siempre en relación a los deseos. Será un hecho fundamental. Y la violencia que de ellos se deriva llegará a ser presente.

En las sociedades modernas con el mito del progreso, los deseos miméticos en vez de ser reprimidos son incentivados, y se imaginan que su malestar y sus desgracias provienen de las trabas que los tabúes religiosos y las prohibiciones culturales imponen a sus deseos, y piensan que derribadas estas barreras se podría expandir el deseo y alcanzar sus frutos (JUN MO, Sung. Deseo, mercado y religión. Editorial SAL TERRAE. Bilbao. 1999).

Así, el individuo “frustrado”, el pobre en la sociedad capitalista, internaliza el sentimiento de culpa por su fracaso, y percibe su situación como fruto de su culpabilidad, y no como el resultado necesario de un modelo de desarrollo adoptado. Aquí entra el proceso de “secularización” que no es la eliminación de lo sagrado, sino un desplazamiento de la esfera religiosa hacia otros ámbitos, principalmente el económico.

El mayor desafío actual, es desenmascarar este mecanismo, y esto sólo es posible por medio de mecanismos democráticos y nuevos pactos sociales, y se establezcan nuevas políticas económicas y leyes que delimiten las satisfacciones de los deseos de consumo de bienes de lujo.

El deseo mimético de apropiación no puede ser eliminado sino limitado o atenuado por medio de otro deseo mimético, en que interesen más el ser humano que los objetos. A la vez, para que la lógica del “tener” sea relativizada por la lógica del ser.

La sociedad capitalista sólo acepta los deseos que el mismo mercado crea como un estímulo, entonces él es el criterio que distingue entre deseos aceptables y no aceptables, y entre las violencias que pueden ser aceptadas como benéficas, y las que deben ser combatidas. Los que están excluidos del mercado no se beneficiarán del crecimiento económico si éste se basa únicamente en la lógica del mercado. Sólo el principio solidario restablecerá las relaciones humanas, en las que “ser” es más importante que tener.

3-DESEMPLEO ESTRUCTURAL Y EXCLUSIÓN

Desde que se inició el capitalismo ha existido desempleo, pues es una de sus leyes, pero éste era coyuntural, y había fases de prosperidad en las que el desempleo descendía. Pero hoy las cosas son distintas. El desempleo actual es “estructural” porque no es una situación coyuntural, fruto de una recesión económica que vaya a superarse o a atenuarse con el crecimiento económico. Por el contrario, las grandes empresas siguen aumentando sus ganancias y contemplan cómo sus acciones se revalorizan, precisamente porque están despidiendo personal.

Este tipo de desempleo es fruto del actual modelo de globalización de la economía, de la revolución tecnológica y de la financiarización de la riqueza. Según Peter Drucker, en la economía mundial “la producción ha dejado de estar “conectada” al empleo; y son los movimientos de capital, y no el comercio (tanto de bienes como de servicios), los que se han convertido en la fuerza impulsora de la economía mundial”.

En las sociedades premodernas el ser humano trabajaba para vivir, en las capitalistas se ha pasado a vivir para acumular riquezas.

El sistema financiero que debería estar al servicio del sistema productivo, ha cobrado una dimensión mayor, más importante y en gran parte desconectada de la producción. La riqueza financiera es en gran parte ficticia, ya no está compuesta de bienes tangibles, sino en las pantallas de los ordenadores.

El deseo ilimitado de las riquezas produce dos efectos no intencionales pero muy graves. El primero es la amenaza del sistema ecológico, y el segundo la grave crisis social que lleva a la pobreza y la violencia, al consumo y el tráfico de drogas, termina acabando con el principio clásico del “buen vivir” el cual es “vivir en comunidad”, pues la vida sólo se puede conservar y reproducir dentro de los límites concretos de la comunidad y el medio ambiente…

“La concentración de las empresas se ha convertido en el principal motor de la acumulación del capital, si bien esto ha sido una constante en la historia del capitalismo y a su vez una condición de su supervivencia como modo de dominio de clase, jamás había conocido un ritmo tan acelerado.

Desde la mitad de los año 70`s, la acumulación de capital se realiza por medio de anexiones de empresas, rescates y fusiones. Fusiones y alianzas de sociedades contribuyen a la edificación de un complejo económico totalitario. “Liberalización”, “privatización”, “desregulación”, “sistema de libre comercio internacional”, son algunos de los tantos argumentos racionales esgrimidos para justificar esta evolución. En este movimiento de concentración, los grandes bancos de inversión, los fondos mutualistas y los fondos de pensión juegan un papel preponderante.

Los reagrupamientos de empresas o fusiones se han ido multiplicando en todos los países del mundo. Las grandes transnacionales han puesto el ojo en gran parte del mercado mundial, en especial en sectores claves, y así, en los países avanzados se han centrado en los equipamientos eléctricos, electrónicos y de software, o en la industria aeroespacial, estimulado no sólo por sus propios gobiernos, sino también por las enormes subversiones y privilegios fiscales que les brindan los países que los acoge.

El costo de estas operaciones es ante todo en términos de reducción drástica de empleos, o reducción de salarios, y así, en todos los sectores de la producción, los salarios reales han caído por el impacto del cierre de fábricas y de la deslocalización de las empresas. Sin embargo, las transnacionales escapan a la crisis que ocasiona cientos de millones de víctimas. La revista Fortune hace un elogio de la 500 empresas mayores del mundo diciendo que “ellas han roto las fronteras para alcanzar nuevos mercados… entre más es el número de países, mayores son los logros”. Desde el comienzo de los 80`s estas empresas han conocido una expansión ininterrumpida a través de fusiones y rescates de empresas.

Además, la mundialización de los mercados y la internacionalización de los negocios, le han abierto a criminalidad financiera, capacidad de desarrollo ilimitado, gracias a que hay vacíos jurídicos que no los limitan, pues donde todo está permitido nada está sancionado. (Periódico LE MONDE DIPLOMATIQUE).

“Dos tendencias parecen caracterizar las mutaciones de la economía mundial: la explosión del capital especulativo y el aumento correlativo de la precariedad del empleo. La especulación financiera se traduce por la multiplicación del número de fusiones industriales y de los “golpes” de la Bolsa que transforman la oferta de trabajo: los empleos estables y relativamente bien pagados son reemplazados por empleos inestables y generalmente mal remunerados”.

“Desde 1969 los trabajadores de tiempo parcial han ido aumentando y los “pobres que trabajan” y parados ha crecido enormemente. A partir de los años 60`s el capital disponible para las fusiones a provocado un aumento del número de empleados sub-pagados. Desde fines de los años 80`s el crecimiento del número de trabajadores de bajo salario sigue aumentando, y las empresas de gran capital están licenciando a gran escala”.

“Las fusiones, las adquisiciones de nuevas empresas al aumentar, tienen influencia profunda sobre el mercado laboral. Así, el crecimiento del endeudamiento impide que los dueños de las empresas tengan un mayor margen de maniobra”.

“Desde hace algún tiempo se ha ido creando una fuerza laboral competente que ejerce una presión a la baja sobre los salarios, y así el nexo entre especulación bursátil y la caída del número de empleos bien remunerados se ha vuelto cada vez más visible. Sin embargo, paradójicamente, los grandes ejecutivos de las empresas se han aumentado sus salarios, tal como se observó escandalosamente en la pasada crisis en los Estados Unidos”.

“Además, a muchos empleados despedidos, se les reengancha con remuneraciones inferiores a las que tenían antes, contribuyendo a lo que se ha llamado, los trabajadores pobres, es decir, que “uno se vuelve pobre trabajando”.

“La volatilidad creciente del capital especulativo exige una fuerza de trabajo cada vez más móvil, susceptible de cambiar de lugar y de actividad, y a adaptarse a las fluctuaciones de los cambios salariales, y así, lo que el capital gana en movilidad el trabajador lo pierde en seguridad”.

Colombia se destaca por ser el país de mayor desempleo en América Latina, y en los tres últimos años la economía aumentó un 2%, aumentando el desempleo, especialmente el juvenil y el calificado, se ha desatado así la informalidad, aunque las cifras la ocultan, o con los empleos temporales, mal pagados, siendo Bogotá la ciudad donde más se presenta éste proceso; como señalan las estadísticas entre enero y noviembre del 2010, el subempleo objetivo creció 20% en el país, y 50% en Bogotá, Como anota Alejandro Gaviria, “los negocios informales se benefician de la concentración urbana” y por eso llega a la conclusión paradójica y triste de que Bogotá es una ciudad donde en teoría poca gente quiere vivir pero donde en la práctica, cada vez más y más gente tiene que vivir”.

Como anota Eduardo Sarmiento, las perspectivas externas e internas no son propicias y el panorama parece más sombrío con el actual modelo de desarrollo. Los gobiernos atados a las políticas neoliberales sólo cumples las normas de los organismos internacionales, y no se atreven a buscar fórmulas imaginativas y propias, para lograr que la población, en especial la juvenil, logre acceder a un futuro menos oscuro del que se presenta actualmente. En resúmen, este es el drama de los países del Sur, frente al poder omnímodo del llamado "Norte", o sea, los llamados países desarrollados.