jueves, 9 de septiembre de 2010

PALABRAS VIVAS Y “LENGUAS MUERTAS” II

LA PAIDEIA CRISTIANA

Óscar López R. - Filósofo - Psicólogo

A primera vista nada parece más antitético que el pensamiento cristiano, heredado de los judíos y el pensamiento griego. Sin embargo, en el mundo antiguo se dio la fusión de ambos elementos, Y así, si hubo una cristianización del mundo de habla griega en el Imperio romano, también hubo una helenización del cristianismo. El crtistianismo “aprendió a reflexionar con categorías ajenas”, y se prresentó como “una experiencia totalmente nueva de la divinidad y su gloria, la de un logos acerca de Dios a partir del logos de Dios que se expresa en una palabra profética y encarnada” (H.U.v. Balthazar).

El mensaje cristiano, muy pronto superó las fronteras judaicas y llegó hasta el mundo dominado por la civilización y la lengua griega. Según Jaegger, “este fue el hecho decisivo en el desarrollo de la misión cristiana y su expansión por Palestina y más allá de sus fronteras”… “los ideales culturales griegos y la fe cristiana se mezclaron… pues existía una unidad final entre ambos un núcleo de ideas comunes”.

Este contacto con los griegos permitió afianzar al cristianismo en su ideal de universalidad, y por eso, necesitaba confrontarse con otra concepción universal como la helénica. Además, las religiones paganas habían perdido toda su vitalidad, y el crisitnismo “se presenta como una fe que merece la pena vivir porque es también una fe por la que merece la pena morir”. Pero aunque era una religión abierta a hombres y mujeres de todas las clases, cultos e iletrados, ricos y desposeidos sin embargo se presentaba como la única y mejor alternativa, lo que era una ventaja en un mundo confuso y enfermo.

Sin embargo como anota Dodd, era solidaria con todos los excluídos en un mundo duro como era el de esos tiempos. Creó así un sentimiento de grupo en un mundo de desarraigados, tal como nos muestran los estoicos que ante las miserias políticas prefirieron ser cosmopolitas a ser miembros de paises injustos.

Así pues, una de las tareas más monumentales de los primeros cristianos, fue su esfuerzo por incorporar los elementos griegos a la doctrina enseñada por Jesucristo. La palabra paideia es utilizada en los Hechos de Felipe: “he venido a Atenas a fin de revelarles la paideia de Cristo”.

Como anota Jaegger, hubo una “continuidad histórica y transformación de la tradición de la paideia griega durante los primeros siglos cristianos… la civilización griega ejerció una influencia profunda en la mente cristiana” (Cristiano primitivo y paideia griega).

Esto permitió que el cristianismo utilizara conceptos, categorías intelectuales y metáforas griegas. Además, el griego era hablado en todas las sinagogas mediterráneas. Ya el mismo Evangelio de San Juan empieza con esta afirmación: “en el principio era el Logos”; además, en los Hechos de los Apóstoles al hablar de las comunidades griegas, aparecen nombres griegos como Esteban, Felipe, Nicanor, y utiliza expresiones griegas, una muy importante, la palabra Eklesia, que se refiere a una asamblea de ciudadanos de una polis (ciudad griega); el mismo San Pablo, hombre de gran cultura, a diferencia de la mayoría de los apóstoles, se caracterizó por su celo misionero, y recorrió gran parte de las ciudades antiguas, en especial griegas, como Corinto, Éfeso, Colosa, Tesalónica, y tuvo como centro de su predicación las comunidades de los gentiles, es decir, los no judíos, y empleó en varias ocasiones el término paideia, en el sentido de instrucción, disciplina. Así, la palabra conversión, que tiene un hondo sentido en el cristianismo, está tomada de Platón.

Sin embargo, si la paideia cristiana vino a ser una continuación de la paideia griega, a su vez se dio un cambio radical, pues ahora es Cristo el centro de la nueva paideia, y la griega se convierte en un auxiliar suyo.

Los padres de la iglesia, San Clemente Romano, los apologistas, los alejandrinos, los capadocios, y San Gregorio de Niza, forman parte del enorme esfuerzo que se dio en el cristianismo primitivo por lograr un acuerdo entre ambas mentalidades. Así, San Clemente postula una serie de virtudes cristianas muy afines a las del pensamiento político griego, y para ello utiliza la tradición de la paideia clásica, citando a Sófocles y Eurípides. La concepción orgánica de la sociedad que tomó del pensamiento político griego, va a adquirir en él un sentido casi místico, al interpretarlo como una unidad en el cuerpo de Cristo.

Lo que favoreció la helenización del mundo, fueron las campañas de Alejandro Magno en especial su campaña del año 334 A.C., y con ello se creó un nuevo espíritu que enriquecería a todo el mundo conocido. El recurso de Alejandro fue el reclutamiento militar, y la fundación de ciudades, que fue su manera de helenizar los pueblos. Se creó así un mestizaje étnico y espiritual. Como dice Alfonso Reyes: “la cultura helénica esparce sus beneficios y, a su turno, recibe la fertilización religiosa e imaginativa de la mente oriental. Se crea también un lenguaje universal tomado del griego, y es la koinée o lengua universal que hablarán los helenos, asiáticos y africanos.

Grecia cayó en manos de los romanos en el 146 A. C., y si bien, fue conquistada militarmente, se ha dicho que Grecia conquistó a Roma, tomando de ella hasta los dioses, lo que llevó a que las clases altas asumieran las creencias y el saber griego. El mismo Virgilio, el poeta nacional romano, a instancias del emperador Augusto compondrá la Eneida, buscando seguir los pasos de Homero con su Iliada .

La edad alejandrina va desde el año 300 A. C. hasta los comienzos de la era cristiana, y Alejandría se convierte en la capital de la cultura helenística. Le seguirá la filosofía helenístico-romana, que va desde la muerte de Aristóteles en el 322 A. C. hasta la muerte de San Agustín en el 430 D. C.

A partir del siglo II D. C., se desarrolló una amplia literatura con la cual los cristianos querían defenderse de las críticas paganas, empleando un tipo de discurso didáctico, surgiendo así los apologistas, quienes no se dirigieron propiamente a la masa, sino a los cultos, y en especial a los gobernantes del imperio, quienes fueron hombres de una mayor cultura. Así, San Justino, llama a los emperadores: “hombres píos y filósofos”, “amantes de la cultura” (Paideia).

Orígenes fue uno de los principales apologistas, y como señala Jaegger, para él la filosofía era tanto Logos (pensamiento) como Bios (forma de vida), como ocurría con todos los filósofos antiguos. Según él, los modernos fracasan al interpretar la filosofía antigua no reconociendo su capacidad religiosa como la entendía Orígenes, Plotino y Porfirio. Origenes tuvo varios discípulos, entre ellos Gregorio El Taumaturgo, quien expresó que su maestro alababa siempre a la filosofía y a los verdaderos amantes de ella, pues sólo ellos llevan la vida que corresponde a los seres racionales.

La mayor acusación que debíeron rebatir los cristianos era la del ateísmo y canibalismo: ya por que no veneraban a los dioses del Estado, y negaban honores al emperador, o ya por que en la eucaristía comían la carne y bebían la sangre de Cristo. San Justino señalaba que no creer en los dioses era tan viejo como la misma filosofía; para él, Sócrates fue el mártir de un concepto más puro de la divinidad, señalando cómo en él y en Jesucristo apareció el logos divino, pero en Cristo el logos se hizo carne.

Filón de Alejandría, filósofo judío, fue el que mejor absorbió la vieja tradición griega, y utilizó un amplio vocabulario conceptual, y quien trató de probar que su religión hebrea podía ser expuesta y entendida en términos de la filosofía griega.

Vinieron luego los neoplatónicos, quienes poseían un mayor nivel intelectual que los apologistas, y éstos que vivían en Alejandría, capital del mundo helénico, eran los llamados a cumplir un papel importante. El epicureísmo y el estoicismo, aunque no se crea, satisfacían una necesidad religiosa, y llenaron el vacío dejado por el abandono de los dioses olímpicos.

El neoplatonismo se entiende cuando se le reconoce el papel del “divino Platón” que era la suprema autoridad religiosa, y sus ideas eran interpretadas como pensamiento de Dios. Esta idea nutrió a Clemente de Alejandría y a Orígenes, fundadores de la filosofía cristiana.

“La predicación cristiana a los paganos comenzó por el anuncio del Dios único, que era la concepción predominante entre los judíos y los judeocristianos, para los cuales el Dios único es desconocido a los paganos, politeístas e idólatras, y el cristianismo tuvo su fuerza en aquellas capas sociales en que el politeísmo era una fuerza viva”. (Bultmann). Por eso, los judíos en el Antiguo Testamento polemizaron contra las religiones paganas y la crítica al culto de muchos dioses, como se ve en Isaías, Daniel y la Sabiduría de Salomón. El judaísmo helenístico anteponía ideas de la religiosidad helenística, en especial de los estoicos, según la cual, Dios gobierna al mundo por medio de la sabiduría.


En los Hechos de los Apóstoles cuando Pablo visita a Atenas y pronuncia su famoso discurso en el Areópago, delante de filósofos estoicos y epicúreos y les habla del Dios desconocido, citando el verso de un poeta griego, “porque somos linaje suyo”; con su discurso buscaba convencer a hombres adiestrados en la filosofía. “Para la predicación cristiano helenística: el mundo del paganismo está aún hundido en la Agonía (error) y Plani (extravío). San Pablo, habló de los gentiles como “que no conocen a Dios”, y les dice a los cristianos de Galacia venidos del paganismo, “cuando no conocíais a Dios, servíais a los que en realidad no son dioses””.

Otro movimiento que tuvo relación con el cristianismo fue la Gnosis, que se convirtió en un gran rival del cristianismo, en especial el gnosticismo oriental, al cual tuvieron que enfrentar los pensadores cristianos; para aquel, el mundo es algo extraño para el hombre, incluso es una cárcel, y de ahí que el hombre debe luchar contra él, no sólo dominando las pasiones, sino rechazándolas. Asimismo, el Yo individual es una chispa de la divinidad, pero que está prisionera por unas potencias demoníacas, y de las cuales cada individuo debe liberarse él mismo, y niegan la humanidad de Jesús, el cual según ellos es un ser aparente, no real y no histórico, niegan la resurrección y el juicio.

El cristianismo también se presenta como una gnosis, señalando que el mundo es creación del Dios único y verdadero, y que por ello el hombre con su cuerpo y su alma son creaciones de Dios.Pero al aceptar la encarnación de Cristo, indican que el hombre no se libera él sólo. San Pablo también luchó contra los gnósticos de Corinto, que afirmaban que no hay resurrección de los muertos.

Los dos primeros siglos de la era cristiana fueron de una gran confusión y en la que hubo una abigarrada mezcla de filosofías y religiones, desde el estoicismo, el judaísmo, los apologistas cristianos, los sistemas gnósticos, las religiones orientales de Isis, Mitra, amén de las ciencias como la alquimia, la medicina y la mecánica.

En síntesis, el tránsito del mundo antiguo al cristiano no fue fácil, y se expresa en la lucha entre las diversas religiones orientales que rivalizaban con el cristianismo, y en la cual el cristianismo presentó una férrea oposición, y se impuso sobre todos ellos, llegando su apogeo hasta el medioevo.

Durante casi mil años, el hombre se desentendió del mundo material y su único interés fue la salvación del alma, cuando aparecen el monaquismo y los padres del desierto. La invasión de los bárbaros y una serie de desatres materiales, llenaron al hombre antiguo de un hondo pesimismo; se retrajo a la salvación del alma. Es aquí donde floreció la filosofía de San agustín y su Ciudad de Dios contrapuesta a la Ciudad del hombre.

En el siglo IV, el cristianismo dejó de ser una religión perseguida, cuando el emperador Constantino por el Edicto de Milán en el año 313 D. C., permite la libertad religiosa y la igualdad de derechos para los cristianos, la devolución de bienes expropiados a la Iglesia, y la abolición del culto estatal. Más adelante el Cristianismo fue establecido como la religión oficial del Imperio, con consecuencias definitivas para el desarrollo de lo que se ha llamado la cristiandad, que será entendida como una antítesis del auténtico cristianismo.

sábado, 21 de agosto de 2010

PALABRAS VIVAS Y “LENGUAS MUERTAS” - PAIDEIA I

ÓSCAR LÓPEZ R. - Filósofo, Psicólogo



Vivimos de las palabras, las necesitamos, y hoy día, hasta nos hartamos de ellas; un mundo de simples gestos y señales, y hasta el mismo amor, son hermosos, pero sino los podemos expresar, se tornan opacos y equívocos, pues, ¿cómo podríamos señalar lo que pensamos y sentimos sin palabras? El mundo está iluminado porque hay lenguaje; por eso se ha dicho que él es el modo originario y primitivo del estar del hombre en el mundo. Como dice Heidegger dice: “todo el ser, en cuanto puede ser comprendido es lenguaje”; él no sólo nos abre el mundo, sino un mundo, no el yo, sino un yo, es decir, un determinado modo de subjetividad histórica y culturalmente determinado.
A través de las palabras podemos conocer y transformar la realidad individual y social. Gracias a esto, Hitler utilizó a los alemanes al extremo de hipnotizarlos y convertirlos en instrumentos de sus políticas criminales. Predicadores y publicistas, utilizan hábilmente los recursos lingüísticos para sus fines. Si antes creíamos que podíamos utilizar las palabras como servidoras nuestras, hoy sabemos que sómos más bien nosotros su instrumento y hasta sus esclavos, de ahí que muchas veces ellas nos dominan y nos hacen arrepentir de lo que decimos .

El actual, es el tiempo de los Encuentros, Diálogos, Conferencias, pero las palabras que supuestamente nos sirven para entendernos, hoy son elemento de incomprensión. Nunca se ha hablado tanto como en nuestros días, y sin embargo, paradójicamente, jamás ha sido más grande la incomunicación en nuestro planeta hiperconectado. El lenguaje está en crisis, tanto porque se han hecho caducos los términos usados por la racionalidad clásica, como por el abuso que de él se ha hecho por todos los medios. Además, aún no disponemos de una racionalidad que esté a la altura de la complejidad de nuestra época. Evocando al poeta, las palabras “se nos descomponen en la boca como hongos podridos” (HOFFMANSTHAL). “La antigua casa del lenguaje se ha hecho inhabitable”.

Necesitamos recuperar el poder de las palabras. Y lo más urgente, es volver a sus fuentes. Gran parte del caudal de palabras que han enriquecido nuestro idioma vienen del griego y latín, los dos idiomas clásicos en los que se educaron Europa y nuestra América, y han configurado nuestro pensar, al punto tal que sin ellas, apenas si podríamos expresarnos cabalmente. No sólo las ciencias, sin el mundo lenguaje cotidiano están repletos de incontables palabras griegas y latinas.


Del griego, vienen términos del lenguaje común como del cientìfico, desde las famosas “logías” (de logos): geología, psicología, antropología, etc, de “philos” (amor), filosofía (el amor a la sabiduría ), o la filantropía y su contraria “misos” (odio), de donde viene, la misoginia, el misoneismo (odio a lo nuevo). El Kyrie eleison (Señor ten piedad) de nuestras misas, o las palabras de la botánica, anturio, “gimnospermas”, las plantas fanerógamas (que tienen la semilla desnuda); igualmente neumático del griego “pneuma” soplo, pero también “espíritu”, por no hablar de orquesta, persona (máscara ), carácter (sello, impronta), son todas ellas palabras del griego.

Del latín, ni hablar, pues lo sentimos presente en nuestro lenguaje, y aún el mismo Linneo realizó su monumental clasificación botánica y zoológica con términos latinos. Así nuestro condor de los Andes en términos latinos es el “ vultur gryphus”.

¿Por qué entonces hablar de idiomas muertos cuando están vivos en nosotros? El término logos, es el que resume el ideal griego del conocimiento. Despúes de éste la expresión de más hondo sentido que nos viene de los griegos es paideia, de donde se tomó el término “pedagogía”, que vino a significar lo más característico del ser humano, y cuya traducción resulta casi imposible, pues lo que con ella se quiere significar no es algo simple. Así, un sentido envolvente de ella es el término “cultura”, que en nuestro mundo moderno es un pálido reflejo de lo que para ellos significaba la totalidad de la obra creadora del hombre; hoy ha sido trivializada, pues ya no es un ideal consciente, aunque afecta lo más íntimo del ser humano.

Pero ésta expresión no está aislada, y no es inteligible sino ligada a otras como la idea de polis, Ciudad estado, y areté, nobleza. La historia de la paideia, considerada como el conjunto de las relaciones entre el hombre y la polis, cuya máxima aspiración es crear una verdadera comunidad de hombres virtuosos, se enlaza con el concepto central de la educación griega que es el de la areté.

Como lo señala Werner Jaegger en su nunca ponderada PAIDEIA, el primero en utilizar la palabra paideia fue Esquilo, en el sentido de la “crianza de los niños”, que más tarde fue enriquecida con el concepto de areté, que utilizó Homero en La Ilíada y La Odisea, el máximo educador del pueblo griego en sus inicios. La areté, es una fuerza, una capacidad, en especial, una destreza del guerrero, pero que luego evolucionó en un sentido más espiritual al vincularse con el sentido del honor. Y así, el vigor y la salud son la areté del cuerpo, y la sagacidad y la penetración, la areté del espíritu. En este sentido, la areté es una virtud, y es un término superlativo para expresar algo selecto, que no solamente era del ser humano, sino del mundo en general. Sólo en la fase tardía adquirió el sentido puramente humano. Para Homero, sólo es noble el que tiene sentido del deber frente al ideal que se ha propuesto, y su violación despierta la némesis, venganza.

Aristóteles señala que por el honor se llega a la areté: “los hombres aspiran al honor para asegurar su propio valor, su areté”. En el mundo homérico la mayor tragedia humana era negarle a alguien su honor, y así, los héroes se trataban con respeto y honra, y por eso para los héroes “la sed de honor era algo insaciable”. De ahí el anhelo del elogio y el temor a la reprobación que era causa del deshonor. Incluso los mismos dioses buscaban honor y deseaban que en el culto se glorificaran sus hechos, castigando toda violación de su honor. Así, para Aquiles la mayor ofensa fue haberle sido negado el honor; igualmente Ayax, el héroe más grande después de Aquiles, terminó en la locura y el suicidio, al haberle sido negado el honor.

A partir de la paideia, los griegos buscaron expresar la educación del hombre en su auténtico ser, y como anota Jaegger, “a ella aspiraron los educadores griegos, así como los poetas, artistas y filósofos. Por eso, fue relacionada como el “conócete a ti mismo”, es decir, el conocimiento de la verdad primera, de la cual pende todo lo demás. Este primer principio es el logos, y constituye el objeto propio de la filosofía, en cuanto reflexiona sobre el ser humano, en la búsqueda del significado y fin de su existencia.

En Atenas, a diferencia de los espartanos que cifraban la educación en el dominio de los otros por la fuerza; la paideia, es la dirección de la vida humana bajo el hilo del logos, manejado por la mano de Dios, como lo indicó Platón, (Leyes, 645). Él quiere un legislador intermediario entre Dios y los hombres, recordando así al famoso Minos que “hablaba con Dios”, así como lo hacían antiguamente los legisladores de la polis, y cuyo objetivo era el autodominio. Pero esto no se logra si la educación no empieza desde la primera infancia, en especial, enseñando a los niños, el dominio y encausamiento del placer y del dolor; por ello, la paideia se convierte en pedagogía.

Si en esto se fracasaba, se hacía más difícil la educación posterior, y en esto no eran ilusos Platón y el mismo Aristóteles, quiénes veían en el freno de los instintos un elemento importante para la educación moral.

Por eso, los verdaderos representantes de la paideia griega, son los poetas, los músicos, los filósofos, los retóricos, los oradores, en suma, los que con la palabra y el ejemplo, ayudan a educar el hombre. Así las cosas, la paideia no es un simple adiestramiento. Cuán distinto es hoy, cuando colegios y universidades en vez de educar, están cada vez más adiestrando expertos, violentando la necesidad humana de integralidad. Por eso el dominio del planeta ha quedado en manos de tecnócratas, bárbaros que sólo pueden hablar de su estrecha especialidad, muy alejados del ideal clásico, el kalos kagathos, (el ser humano bello y bueno), bellos espiritualmente y noble humanamente, y que a pesar de sus fallas, dieron lustre a la cultura clásica.

Por eso la paideia es la educación de los sentimientos, de lo agradable y lo desagradable; no era una educación puramente racionalista, y de ahí la importancia que se le daba a la música, la danza y los cantos corales. En esto se veía una característica humana, el poseer el sentido del ritmo y la armonía, y el desarrollo del juego como un impulso poderoso para el desarrollo del sentido moral y artístico. Sólo así se sentía que el hombre era un ser culto, el que lleva en el alma una pauta que le permite distinguir lo hermoso de lo feo, y que unía así la ética y la estética. Pero todo esto debería ser encausado, y no era dejado al simple capricho individual, o a la manipulación de los medios como ocurre hoy día.


Homero fue el representante de la paideia en sentido tradicional. En él la poesía trágica expresa el elemento “patético” que la poesía ejerce sobre el alma; Platón rompe con esto, a él le interesaba sólo aquella que sirva al hombre como ciudadno, como triunfador en las guerras. Como discípulo de Sócrates, acentúa la responsabilidad moral del hombre, no sólo ante sus conciudadanos, sino ante Dios, y ésta va a ser la premisa suprema de toda acción educativa. La idea socrática del fin de la vida, va a iluminar ahora toda idea de educación, y así, la verdadera esencia de la paideia consistirá ahora en poner al hombre en condiciones de alcanzar la verdad, y ésta es la meta de su vida.


El momento que vivieron Sócrates y Platón, era de una disolución general de la polis, y Platón no se hizo ilusiones sobre la política, luego de su fracaso con Dion de Siracusa, y por eso plantea la restauración de la polis en el sentido moral interior. En esto sirvió la idea de Sócrates, de que su mayor servicio a la polis es servir a Dios, pero de un Dios distinto al de la idea oficial de la divinidad. Se erige así una nueva idea de Dios y de la religión, que ordenan que el individuo debe enfrentar las tentaciones, por esta idea de Dios fue condenado Sócrates.

La idea motriz de Sócrates, de que la voluntad humana tiene un sentido, y que la voluntad es racional porque se dirige al bien, serán los factores decisivos en la nueva idea de paideia. Como anota Jaeger, “la paideia es la suma y compendio de la posesión del hombre socrático”. Esta idea es relevante en cuanto indica que la verdadera razón de la vida es la lucha por la libertad interior en un mundo en disolución, y en el que sentimos conmoverse todo. La paideia es frente a todo esto, “un punto de resistencia invulnerable”.

El hombre actual vive una vida sin sentido; la vida de las mayorías es una existencia sin ideales, y los poderes dominantes les hacen creer que el afán de novedades, y la posesión de bienes materiales le dan sentido a su existencia. La realidad es que se vive cada vez más en un mundo de “mentiras útiles”, que no son otra cosa que falsas creencias, que disimulan y/o ocultan la desesperación. Las mayores víctimas de esto son nuestros jóvenes, que viven en un nihilismo, que no es otra cosa que la desconfianza frente a un mundo engañoso. Frente al injustificado optimismo tecnológico que se vive por doquier, necesitamos una nueva paideia para nuestros tiempos, que integre al hombre consigo mismo, con sus semejantes, con la naturaleza y con la divinidad.
No se trata de volver a tiempos pasados o a ideales caducos, sino de recuperar lo eterno que hay en los ideales; para el hombre planetario de nuestros días, enfermo y en un mundo sin rumbo, la paideia es el camino.

sábado, 17 de julio de 2010

UN ANHELO BICENTENARIO

Óscar López R., Filósofo, Psicólogo

La historia humana tiene siempre dos rostros: uno que mira al pasado, y otro que alienta al futuro, y de su equilibrio depende que no nos atemos a nostalgias sin sentido, o a futurismos ilusorios. La verdadera realidad es el presente, y necesitamos de ambos como sus ingredientes. El pasado se expresa en forma de herencia cultural, y el futuro nos nutre con utopías que orientan nuestro vivir.

Celebramos en Colombia y otros países latinoamericanos por éstos días, doscientos años de la gesta independista. Gobiernos y académicos, nos traen el recuerdo, y es mucha la tinta que se ha derramado sobre el evento. Prestigiosos historiadores han señalado lo que significa la gesta libertaria, y los medios de comunicación se han explayado sobre el tema, pero ¿qué le dice esto al ciudadano medio nuestro?

¿Qué querían los habitantes del Nuevo Reino de Granada y de toda América, en los inicios del siglo XIX? ¿No era el anhelo de que los logros gestados en Europa, las transformaciones que los colocaron en el camino de la modernidad política, económica y religiosa, a partir de la Revolución Francesa y la de Norteamérica, se hicieran realidad en nuestro continente?

Pero su sentimiento era más parecido al que hace cien años expresó un autor bogotano, Don Tomás Rueda Vargas, evocando en 1910, los cien años dicha celebración:

“Al hablar de la palabra independencia veía una cosa compacta, uniforme, tersa y brillante, pero insípida. Al mirar los retratos de los próceres, veía unos hombres, mejor dicho, unos héroes sin discrepancia entre sí unidos en un mismo anhelo, y un común esfuerzo por combatir a un enemigo común; con la misma cara rubicunda, la misma mirada feroz, la misma boca pequeña y contraída en todos, con sus cuellazos hasta las orejas, su mentón contraído, la nariz de águila y las cejas amenazadoras y juntas, eran los próceres eternamente, integralmente, terriblemente próceres. Ellos eran siempre viejos, siempre solemnes, siempre héroes. Jamás habían sido niños, ni jóvenes, y mucho menos hombres. Los civiles, y sobre todo, los mártires, siempre bizcos y con aquella expresión amarga y terrible en que el artista había querido interpretar la energía”.

La sensación general del hombre común, hoy, es que si bien en doscientos años, ha habido progreso, en lo esencial, es decir en la de la vida, la educación, seguridad y salud, no es mucho lo que hemos avanzado. A pesar del optimismo de los celebrantes, la trágica realidad nacional es la de inseguridad, desempleo, desplazamiento, que nuevas celebraciones, no cambiarán nada.

Las estadísticas hablan por sí solas. En el campo de la salud, con mayor cobertura, pero sin calidad y convertido en un jugoso negocio para algunos grupos. En la educación se habla del “desempleo ilustrado”, más injusto que el del personal no calificado, pues significa la frustración de un gran número de profesionales, obligados a vender su saber -si consigue empleo- a menor precio, o emigrar, si puede. El campo, abandonado en gran parte, generando desplazados en casi las grandes ciudades. En suma, que si ha habido cambios políticos, éstos no han permitido una transformación social que mejore sus vidas.

Pero, sin ser fatalistas, sabemos que como toda realidad histórica es dinámica, diversa y contradictoria, existe otra Colombia que se nutre de anónimos héroes que buscan el sustento diario, o anhelan un empleo digno que cada día es más escaso.

Esta es la otra cara de nuestro país, lleno de riquezas tanto naturales como humanas, ambas inexplotadas en unos casos y saqueadas en otros, por obra de un modelo de desarrollo feroz por grupos de presión que han confiscado nuestra historia y nuestra nacionalidad.

El deseo expresado en la Constitución del 1991, que sustituyó a la anterior, excluyente, de que el nuestro sea un país plural y diverso, cultural, social, político y religioso, hasta ahora no ha encontrado su cauce, y más bien la atroz violencia sobre los pueblos indígenas, la exclusión de mujeres, minorías diversas, niños muertos prematuramente por falta de adecuada alimentación, de jóvenes que se debaten en la frustración, por el desempleo, o en ancianos sin una vejez digna por carecer de pensión, o del gran número de quienes se ven obligados a emigrar, por no hablar de desplazados por el narcotráfico, la guerrilla, etc.

En todos ellos late un deseo de vivir plenamente, y de ahí las múltiples formas de expresión, de los inventores anónimos que sin ayuda del Estado forjan obras que son admiración de propios y extraños, sea en el fútbol, la moda, la música, la ciencia, el arte, la danza, en cualquier lugar del mundo dejan en alto el nombre de nuestra patria. Y se puede decir que se han hecho a sí mismos, y con una tenacidad envidiable han logrado salir adelante.

Nos hallamos frente a una situación que toca todas las fibras de nuestra realidad nacional. Sus causas son múltiples y hondamente arraigadas en nuestra cultura; en especial el fenómeno es estructural, pues se ha combinado un crecimiento con exclusión, asumiendo la clase dirigente con un esquema neoliberal, que las oportunidades llegarán iguales para todos, cuando en verdad, la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado, y es mayor hoy el número de excluidos que hace diez años, como lo demuestran las estadísticas al respecto.

Así pues, para algunos la celebración bicentenaria, puede tener sentido en cuanto que magnifican el pasado, pero para la mayoría, se pierde en el campo de rituales que sólo sirven para recordar que si doscientos años son poco, en realidad son mucho, pues a pesar de las apariencias, el nuestro es un “país bloqueado” según un autor, o “fragmentado”,en el que el discurso de los políticos es distinto al de los ciudadanos; y en el que los logros del progreso no se reparten por igual, sino que las ganancias son para unos pocos, y las pérdidas para la mayoría.

Lo que quería la gran mayoría de entonces, igual que la de ahora, no es un simple cambio de gobiernos, sea del español al criollo, o de grupos políticos que se alternan en la repartija del poder, sino una verdadera transformación, que una el modernismo tecnológico con la modernidad cultural, con derechos políticos para todos y no la extensión de privilegios adquiridos y sostenidos por grupos minoritarios, que permita ser y vivir más humanamente, el sueño mismo que late en todos.

Un largo camino debemos recorrer para lograr el país que hemos soñado, si no feliz, con menos injusticias y exclusiones, y los logros, no a costa de los más débiles; en el que todos aportemos a un proyecto de largo alcance que se convierta en el país diverso cultural, política y socialmente, y no de unos pocos. Sólo así, lograremos vencer la cadena de males que nos han agobiado hace ya varios lustros y que permita que las celebraciones patrias, en lugar de ser un simple recuerdo, sea la posibilidad de conocernos como país plural, y nos sintamos orgullosos de nuestra patria, morada para todos y sin privilegios ni exclusiones.

sábado, 5 de junio de 2010

PSICOLOGIA DRAMATICA

Óscar López R. Psicólogo, Filósofo

3- EL DRAMA DE LA CONCIENCIA: LA FENOMENOLOGIA DEL ESPIRITU

Ha sido el filósofo alemán Jorge Guillermo Federico Hegel (1770 – 1831), quien en forma magistral ha señalado el proceso del desarrollo de la conciencia, relacionándolo con el desarrollo cósmico. En especial, su famosa obra “Fenomenología del espíritu” publicada por primera vez en 1807, trata como él mismo dice, de “la exposición del saber tal como va apareciendo”, que va desde la conciencia inmediata, pasa por la consciencia de sí, hasta llegar a la autoconciencia, su forma máxima. Son cinco las fases de la conciencia hasta convertirse en objeto de sí misma: autoconciencia, razón, espíritu, religión, saber absoluto.

El ser humano necesita ser educado para llegar a su realización. La fenomenología, como anota Bloch, es semejante al Fausto de Goethe, a quien un manto encantado ayuda a cruzar los reinos, y Fausto los recorre aprendiendo, o sea, asimilando experiencias. Para Hegel es “la bota de siete leguas del concepto”, la que lleva al sujeto a través del universo y hace que universo y sujeto aprendan el uno del otro y se penetren mutuamente.

La “Fenomenología” y el “Fausto”, son expresión de la conciencia burguesa en sus comienzos. El desencadenamiento de las fuerzas propductivas muestran al hombre como productor de su mundo , desarrollando a su vez , su propia individualidad.

La filosofía hegeliana está organizada alrededor de conceptos como “espíritu”, “libertad”, “sujeto”, “noción”, todos ellos derivados de la idea de “Razón”, la cual a su vez deriva de la idea de “espíritu”; el sistema hegeliano al revés de los demás idealistas “al revelar el contenido de esas ideas y su conexión intrínseca, ya no es esa oscura metafísica de que ha sido acusada” (Ernst Bloch).

“Geist”, Espíritu, es la noción central en términos de la cual debe comprenderse el sistema hegeliano, el cual tiene sus raíces tanto en la mística como en la filosofía. En términos de esa noción, se entienden muchas de las ideas hegelianas, y en especial la "Idea", que no es más que el Espíritu en su realización.
Lo que nos dice Hegel, es lo que han afirmado milenarias tradiciones: que todo cambia en forma constante, y que el cambio y los opuestos interconectados son la base de todo lo existente. Para Hegel, la esencia del espíritu descansa en su capacidad para transformar lo que se le opone, y la dialéctica es la forma constitutiva universal del ser, que gobierna también, y en especial, la historia humana; de ésta estructura ofrecerá Hegel en su “Logica” , una explicación sistemática.

Hegel se va a apoyar en la idea del “logos”, que fue el fundamento de la filosofía griega, planteando que la razón (logos) concilia todas las contradicciones que existen en la estructura universal de la realidad. La historia humana, o sea, el hombre como ser espiritual, surgió cuando se desligó parcialmente de los lazos de la naturaleza y se abrió el ámbito de la libertad, autodeterminándose.

Su gran aporte, entre muchos otros, fue plantear –algo inusual en un filósofo de su época-, que el conocimiento real de sí mismo está ligado a la producción del hombre por su trabajo e historia. Es a partir de ellas donde el hombre tiene “experiencias”. Por eso señaló en forma revolucionaria:

“El camino de la experiencia, que Hegel llama el de las enajenaciones y el de las mediaciones, es tanto el camino del trabajo, la producción y el nacimiento del hombre por el trabajo. El propio pensamiento es una fuerza productiva. Sólo mediante la transformación de lo inmediato por medio de la reflexión, puede llegar a alcanzarse lo esencial” (Hegel. Enciclopedia No. 22).

Hegel utiliza la palabra “experiencia” para referirse al modo en que maneras de vivir anteriores, más ingenuas, se incorporan a otras posteriores y más desarrolladas: se dice que los objetos de estas últimas son la “experiencia” de las anteriores. Por haber tenido las primeras, podemos tener las posteriores. Nadie puede tener las experiencias de otro, y la diferencia entre los humanos radica en parte en la diversidad de sus experiencias.

Una afirmación paradójica de Hegel, es que si queremos conocer el mundo real, debemos remontarnos al mundo “gris” de los conceptos que nos permite descubrir las leyes internas que gobiernan el mundo real.

A Hegel le correspondió poner los cimientos para la conciencia moderna; lo que le preocupaba era el yo que se abre camino hacia el conocimiento científico. Logró así, conducir al individuo desde su punto de vista natural al científico, o en sus propias palabras, “al espíritu que se conoce a sí mismo”, que de la sensación inmediata se remonta hasta el conocimiento científico y filosófico.
Según él , “el individuo tiene derecho a exigir que la ciencia le ponga la escalera para subir a este punto de vista y se la muestre dentro de sí mismo”, y así, partiendo de la simple certidumbre sensorial se desarrolla hasta llegar a formas de pensamiento cada vez más ricas; es éste un camino psicológico e histórico, que busca pertenecer a la “galería” de las formas en que se mueve el espíritu. Lo que hizo Hegel con el pensar científico, es semejante a lo que hizo Aristóteles en sus días, al descubrir las leyes del pensamiento común.


Tres motivos de procedencia social e ideológica vienen a confluir en la fenomenología:

1- El motivo del yo revolucionario, tomado de la Revolución Francesa, que se erige en medida de todas las cosas, y que se emancipa por la vía civil. Como anota Marcuse, “Para Hegel, en la Revolución Francesa, el hombre comenzó a contar con su espíritu, y se atrevió a someter la realidad de acuerdo a las normas de la razón. Puede llegar a descubrir que la historia es una constante lucha por la libertad, que la individualidad del hombre exige que éste posea la propiedad como medio para realizarse plenamente, y que todos los hombres tienen igual derecho a desarrollar sus facultades humanas. Empero lo que prevalece es la desigualdad y la esclavitud; la realidad “no razonable” tiene que ser alterada hasta que llegue a conformarse con la razón. Es pues necesario reorganizar el orden social existente, abolir el absolutismo y los restos del feudalismo” (Razón y revolución ).

2- La creación matemática que desde Galileo hasta Kant expresa una cientificidad rigurosa y metodológicamente pura, se enlaza con el yo activo y productivo, el homo faber. Es el motivo del capitalismo temprano, y más concretamente del racionalismo capitalista. Al intentar calcular la circulación de mercancías, le correspondía un objetivo científico: la producción meramente matemática del contenido del conocimiento. El cálculo con Galileo fue una construcción de lo dado a partir de su “método compositivo”.

3- La escuela histórica nacida del romanticismo que dio importancia a lo que crece y se desarrolla Hacia 1750 se derrumbó la razón matemática pura con Kant, al señalar que las categorías de la ciencia matemática sólo valen como experiencia formal. Hegel ve en la razón, no leyes abstractas que se imponen sobre un montón de hechos fortuitos, sino una conexión inmanente de contenidos concretos, y su medio es la historia, es decir, la marcha concreta y el devenir concreto de las cosas de donde salen las especificaciones del universo.

La escuela histórico-romántica, tenía fuentes revolucionarias en sus comienzos: el Sturm und Drang burgués de Alemania, que surgió como reacción contra el imperio de las reglas abstractas. Así, el pathos del crecimiento se hace lógico.

Para Hegel, la Naturaleza y la Historia, son las formas en que el espíritu se manifiesta y despliega, y sus diferentes fases forman la historia de la libertad. Como el espíritu nunca está en reposo, sino que siempre se mueve hacia delante, Hegel lo compara a la gestación de un niño, quien “después de un prolongado período de silenciosa gestación, da un salto cualitativo: el primer aliento pone término al continuo proceso de mero crecimiento, y el niño ha nacido” (Fenomenología del Espíritu).

Para él, “la historia humana es el proceso de la lucha entre la autoenajenación y su libertad, pues en nosotros todavía “el ser fuera de sí”, la naturaleza, no es conocida ni comprendida como obra suya, y por eso se “cosifica” sin que alumbre la luz de la lógica”.

Hegel retomó los aportes de la filosofía antigua, que desde Heráclito planteaba el dinamismo de la realidad, pero la aplica a la historia dialéctica del sujeto que al interactuar con el sujeto, en formaciones históricas y cósmicas cada vez más altas, hasta que por último ha experimentado ya todas sus enajenaciones y objetivaciones, para convertirse en la historia comprendida o en el saber absoluto. El método y el objeto concreto son sustancialmente lo mismo.

Pero, en vez de meras abstracciones, él habló de fenómenos concretos: cosa, vida, señor y siervo, la comunidad cristiana, la vida bella, “conciencia infeliz”, que para él, en lenguaje idealista, son “figuras” de la conciencia, pero que también son las figuras del universo; la unidad de ambas es el “logos” que lleva dentro de sí todo el dolor de la contradicción o de la negación que la realidad entraña.

En Platón hallamos un gran pensador dialéctico, y el mismo Sócrates con su “sólo sé que nada sé”, es algo dialéctico. Para Platón, Eros es hijo de la riqueza y de la pobreza, y participa de ambas (simposio).

Ya de los modernos, Jacobo Boheme, influyó en Hegel al tratar la relación dialéctica necesaria entre la luz y las tiniebla, lo divino y lo demoniaco, para que la luz pueda revelarse en lo contrario a ella. W. Leibnitz fue un filósofo dialéctico por el cálculo diferencial en el que el reposo es un movimiento infinitamente pequeño, y la igualdad una desigualdad que tiende a desaparecer. Su idea de tendencia es un concepto explosivo; las unidades últimas son puntos energéticos cuya función consiste en pasar del estado pasivo al activo y de la oscuridad a la claridad. Tal es la apetitio de las mónadas, su apetencia, la tendencia al despliegue, a la evolutio.

De Vico, antecesor de Hegel, retoma la idea de que sólo lo creado (lo engendrado) es susceptible de ser conocido; pasando esto de las matemáticas a la historia.

“Puesto que el mundo histórico ha sido hecho, con toda certeza, por el hombre, podremos descubrir sus principios en las modificaciones de nuestro propio espíritu humano” (G. B. Vico).

Cuando pensar no es sólo una función técnica o un proceso mecánico, sino una necesidad vital que busca responder a los problemas de nuestra existencia, hallamos la filosofía que intenta dar respuestas al drama del ser humano en su cotidiano vivir.

Los sistemas filosóficos de antaño, y las reflexiones ya no tan sistemáticas de hoy, son el esfuerzo de unos seres humanos que han desarrollado bios theoretikós (vida reflexiva), para resolver los retos que la realidad natural e histórico-social le plantean. Cada filósofo se desprende del pensar constituido o normal de su época, y se arroja a pensar por cuenta propia, arrastrando muchas veces peligros, y extraviándose en muchos casos. Son los héroes del pensamiento, así como hay héroes de la acción, y se lanzan solitarios a descubrir verdades que hieren el pensamiento común y los poderes dominantes.

El filósofo de verdad –y no su caricatura-, debe romper con múltiples obstáculos para llegar a la verdad anhelada. Los más comunes son el intento de superar las certezas logradas, pues toda verdad conquistada se encostra, y se convierte en dogma o estereotipo.

Si en las épocas llamadas “normales” es necesario pensar, tanto más en la nuestra, época anormal como pocas, en la que han saltado por el aire creencias y costumbres milenarias por obra de los desarrollos científico-técnicos y por los procesos culturales en el que fuerzas descomunales como la de los Estados totalitarios están arrancando a millones de personas de los ritmos de vida tradicionales.

En este contexto es como queremos ubicar el pensamiento de Hegel, quien logró dar forma a todo el pensamiento de su época, uniendo naturaleza e historia, bajo el imperio omniabarcante del logos, fundamento de la Filosofía Primera en los griegos, a través del pensamiento dialéctico, el cual fue transformado por él en mero juego mental, en algo positivo, señalando que en todo lo existente existen unas contradicciones que buscan ser superadas.

El proceso según Hegel, es infinito, y lo que los une es el Espíritu. De él brota la razón, cuyo papel es el de mediar (superar lo inmediato) en todas las oposiciones del pensamiento, y sublimar las oposiciones de la realidad.

El ejemplo más cabal de esto se halla en que las más extrañas y hostiles fuerzas de la historia se superan por el poder de la razón. Así afirma con maravillosa lucidez:
La esencia al pronto oculta y cerrada del universo no tiene ningún poder capaz de resistir el coraje del conocer, ellos deben abrirse a él y dejar extendidas ante los ojos su riqueza y profundidades ofreciéndolas para su goce”.

EL MÉTODO DIALÉCTICO

Una de las mayores dificultades al abordar a Hegel, es conciliar en su pensamiento, dos elementos contrapuestos: haber sido el máximo exponente de la filosofía idealista y, ser por ello, un pensador “reaccionario”, pero a su vez fue el filósofo genial que abrió el camino a la dialéctica, y un pensador progresista en muchos asuntos.

La dialéctica es según Hegel, “la marcha progresiva de la cosa misma”, o sea, el órgano de la experiencia a través del cual el contenido del universo adquiere la experiencia de sí mismo, lo que quiere decir: el mundo está lleno de fuerzas contradictorias; el método dialéctico le permite señalar a Hegel que la ordenación y el encadenamiento de las cosas no es algo puramente externo, sino que ellas brotan por sí solas de su propio devenir .

Así dice que, en la naturaleza, “El capullo desaparece al abrirse la flor y… aquél contradice a ésta; lo mismo acontece con el fruto. Estas formas no sólo se distinguen, sino que se eliminan las unas a las otras, incompatibles entre sí”.

La dialéctica es la representación del movimiento inmanente al concepto por su negatividad; es como la llama Hegel, “la orgía báquica, en la que ningún miembro permanece ajeno a la embriaguez”. Según esto, la verdad “no es una moneda acuñada que pueda darse y recibirse sin más”, sino que es su desarrollo dialéctico mismo o el proceso, y que luego llamará Hegel “experiencia”, que es “el movimiento dialéctico que la conciencia realiza sobre sí misma, tanto sobre su saber como sobre un objeto, en la medida en que de este modo surge ante ella el nuevo y verdadero objeto”.

Como anota Bloch, en todas las cosas, “el acicate dialéctico real es la necesidad”; este elemento y sólo él provoca la contradicción como algo jamás saciado, jamás realizado en el mundo. “Toda realización, toda sociedad histórica, va gestando en sus entrañas los agentes con nuevas y mayores necesidades y capacidades que chocan con la antigua forma de existencia, son elementos explosivos, son una llamada al futuro, es decir, a la fase siguiente que viene a superar de modo relativo la contradicción” .

En el proceso del devenir maduran las contradicciones, la negación de lo devenido, y así en la vida social, la riqueza engendra la miseria, y toda sociedad lleva en su seno todos los elementos de la que ha de sucederla, elementos que representan la contradicción de esa sociedad que hace saltar la certeza, carente ya de todo contenido de verdad y realidad.

El pensar envuelve siempre una lucha, una polémica, y en él surgen objeciones, es decir, no discurre en línea recta como algo rígido e inmutable.

La dialéctica en su conjunto presenta estas tres fases: 1- La unidad inmediata del concepto, es la fase del entendimiento abstracto, o de la tesis simplemente establecida; 2- El enfrentamiento del concepto consigo mismo es la fase de la reflexión negativamente racional de la antítesis; 3- El restablecimiento de la unidad del concepto consigo mismo o fase de la mediación positivamente racional, negación de la negación o síntesis. Ninguna de las tres puede oponerse entre sí, sino que deben entrelazarse y separarse constantemente. Hay que ver en ellas un sólo concepto vivo, una unidad vital plasmada en concepto. Son “momentos” de todo lo lógico real (BLOCH, Erns. Sujeto Objeto en Hegel. pág. 117).

Si nos quedáramos en el primer punto, la tesis, tenemos un pensamientto abstracto y dogmático; en el segundo tenemos el punto de vista de la antítesis, surgiendo el escepticismo, que es la simple negación, pero que según Hegel tiene una gran importancia histórica, pues “en todo lo que se acoge de un modo inmediato, no hay nada firme, nada que exista en y para sí”. Pero al absolutizarse puede llevar a un pensamiento cerrado que no permite que surja la síntesis, la cual a su vez engendra su propia contradicción.

La dialéctica nos muestra que el fondo de los fenómenos es un reino de Leyes que conectan diversos tipos de fenómenos y explican sus cambios. Nos muestra además que esta noción de Ley y la de Fuerza permiten explicar los fenómenos. Así, la Ley de la Gravedad no tiene contenido empírico. Las leyes científicas nos ofrecen una redescripción ordenada de los fenómenos que deseamos explicar.

La diversidad es el inicio de la contradicción, y la contradicción es la diversidad llevada a su extremo, y la identidad abstracta es una diversidad no desarrollada, una contradicción en ciernes.

La dialéctica trabaja subterráneamente, y su eslabón es la antítesis, la negación no aislada, sino dentro del conjunto dialéctico que hace saltar y hacer añicos todo lo existente. Es una conmoción y una destrucción que abre el camino a lo nuevo: Hegel presenta la dialéctica como un proceso ininterrumpido de rupturas.

La síntesis es la tercera parte, es la “unidad de la unidad y de las contradicciones”. Se produce un cambio súbito de cualidad, la ola se rompe, cambia de rumbo, al acumularse una determinada cantidad. Lo nuevo surge de lo viejo, se desarrolla dentro de él, y al llegar la hora, se desgaja de lo viejo de un tirón, y se abre paso dialécticamente o de un modo brusco.

La superación, no es algo negativo ni destructivo, sino que es también conservación, fidelidad al pasado, y por eso la dialéctica no sólo es negación sino también herencia de la historia.

En suma, Hegel toma la idea de Heráclito de que “pólemos” (la guerra) es la madre de todas las cosas, le da una forma sistemática y lo muestra aunque en términos demasiado abstractos y complejos, pero para quien sabe leer, ésto significa que todo se mueve en un devenir constante, y que camina hacia su cumplimiento; que en todos los seres existe un desgarramiento, una lucha interna que se expresa en términos de vida-muerte, amor-odio, simpatía-antipatía, riqueza-pobreza, y que cada uno engendra inexorablemente su contrario.

Hegel transformó la dialéctica de algo que era negativo, en positiva, al señalar que el espíritu como mediación de contradicciones,busca la síntesis; para explicar esto se vale del término alemán aufheben (poner fin y conservar). La expresión tiene primero un sentido negativo: cuando se demuestra que algo es contradictorio, su velidez queda aufheben, cancelada, negada, pero igualmente preservada. Según ésto, nada es anulado totalmente; de ahí el valor de la “experiencia”, por eso en la historia nada es gratuito, todo tiene un valor y como dice la expresión demasiado trillada, pero real, “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”.

La pregunta que siempre nos hacemos es qué tan importantes son los filósofos, cuando vemos cuánto papel se han gastado para dilucidar embrollos que a la postre nada cambian. Esa es la visión de la mente que vive de la apariencia, pero la realidad es otra. El filósofo -ya lo anotó Nietzsche- muestra su época en conceptos, y Hegel no sólo alumbró su época, sino que gracias al método dialéctico, oteó todo el panorama del pensar desde los pueblos primitivos hasta su época, y logró darle forma conceptual, y gracias al método dialéctico, mostrarlo en forma viva. Por eso, si bien él fue el pensador más abstracto, ha sido también quien trató los temas concretos de su época, fue un lector atento de todo lo que ocurría en su época, los logros científicos, los avances sociales y políticos, fueron el motivo de su aguda reflexión.

Nada en su filosofía es descuidado, desde el estudio de los cristales químicos hasta las relaciones entre los sexos, las familiares y los Estados, lo mismo que el arte y la religión; sobre ellos se expresó en forma atinada.

Y esto lo logró sintetizar en su sistema filosófico, que si bien se convirtió en una camisa de fuerza, no significa que tengamos que plegarnos a ella, y así sus propios seguidores tomaron diferentes vías, y logró nutrir diversas escuelas pero a partir de su pensamiento. Feuerbach y Marx son dos ejemplos de ello.

En suma, Hegel nos recuerda que en todo lo existente bulle una insatisfacción que en el hombre toma forma consciente, pues en él, “el espíritu ha cerrado el movimiento de configurarse, ha conquistado el puro elemento de su presencia, el concepto”.

En su magna obra la “Lógica”, desarrollará este proceso, pero ello será tema de otra sesión.

viernes, 7 de mayo de 2010

PSICOLOGIA DRAMATICA

“LA CONCIENCIA Y SUS FORMAS”
Óscar López R. - Psicólogo - Fiólósofo

1- CONCIENCIA Y ACTIVIDAD
2- EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA
3- EL DRAMA DE LA CONCIENCIA: La Fenomenología del espíritu

1- CONCIENCIA Y ACTIVIDAD
El tema de la conciencia es uno de los más fascinantes, y ha inquietado a los humanos desde remotos tiempos: ¿qué sienten los animales?; ¿piensan los ordenadores?, y muchas más preguntas. Por eso, según Julian Jaynes, “Pocas cuestiones han soportado o atravesado una historia más complicada que ésta, el problema de la conciencia en la naturaleza… algo acerca de ella vuelve una y otra vez, sin obtener una solución”.

Hablar de “conciencia” fue para la psicología conductista, algo arbitrario y exagerado pues su modelo era la conducta animal, pero hoy ya sabemos que si queremos entender al hombre en su integridad, es necesario introducirla no sólo como una “variable”, sino como una constante en nuestro comportamiento.

Autores de diversa formación han abordado su estudio. Para Roger Lewin, “nuestra sed de conocimientos sobre qué es ese “algo” no muestra signos de disminuir”. Según él, es significativo que haya inquietado a filósofos, psicólogos, neurobiólogos, expertos en informática y otras disciplinas, y el número de libros sobre el tema, se puede comparar con la diversidad de conclusiones sobre la naturaleza de la conciencia y su generación en el cerebro humano. “Nos tragamos todas las ofertas, pero nuestra sed sigue insaciada”. (LEWIN, Reger. Complejidad - El caos como generador de órden. Metatemas, Barcelona, 1995).

La actividad psíquica humana, posee un doble aspecto: uno exterior observable, estudiado por la fisiología y por la psicología comportamental, y otro a partir de significados, no verificables empíricamente, pero sí deducibles racionalmente, es decir, son personales; no existen por ello “el dolor”, “la alegría”, etc, sino “mi dolor”, “mi alegría”, los cuales son únicos e intransferibles, distintos de los procesos fisiológicos y cibernéticos.

Nuestras acciones además, no son sólo individuales, ellas encuentran necesariamente implicadas en un sistema de relaciones sociales. Pero ésto es posible porque somos seres históricos, vivimos en un lugar y un tiempo determinados, y si bien no somos superiores a Platón o a Cicerón, Santo Tomás, nuestra conciencia es más rica que la de ellos, pues el mundo de ellos – la oikoumene- se limitaba a la urbe griega, romana o medieval, y hoy se extiende al planeta tierra.

Conciencia y actividad se relacionan estrechamente. Toda acción parte de determinados estímulos, los cuales surgen de unas necesidades, y como seres culturales que somos, nuestras acciones están referidas a unos valores. En suma, la actividad del hombre no se puede determinar al margen de su conciencia, como tampoco ella puede ser separada de las relaciones reales. Nuestras acciones, y en concreto, el trabajo, expresan la relación fundamental del ser humano con su medio ambiente. De ahí la importancia del trabajo, como elemento de transformación del mundo y de humanización. El ser humano, “humaniza la naturaleza, así como ésta naturaliza al hombre” (Bloch), y lo vamos haciendo a nuestra imagen y semejanza.

La conciencia se ramifica en dos: conciencia cognitiva, o sea de sus actividades, y conciencia de sí, que es propiamente el conocimiento reflexivo. Igualmente, la noción de conciencia sólo cubre muy parcialmente la de conocimiento. Por eso, sólo somos conscientes del carácter global de nuestras sensaciones: frío, calor, hambre, sed, malestar, bienestar. Así, la conciencia no está dentro del cerebro, y tampoco está fuera. Rompe con todo eso, y se mueve en la dimensión de la interioridad que no se encuentra ni se mide en términos físicos, sino en términos de significación.

La teoría sobre la conciencia que tuvo más impacto en la modernidad fue la de Descartes, con la cual inauguró toda una serie de teorías dualistas, que llevaron a la separación de la mente y el cuerpo. En los siglos XIX y XX, se impuso el materialismo como alternativa al dualismo, y en la concepción sobre la conciencia, se llegó a afirmar que “la mente no es más que un fenómeno físico. En otras palabras, la mente es el cerebro”.


Pero ¿qué es la conciencia? Esta es quizás la pregunta más difícil de responder. Lo más simple que podemos decir, es que es la unidad o el conjunto de lo subjetivo y lo objetivo, pues siempre estamos enfrentados a un mundo objetivo, (objeto, lo que está frente a mi). El sujeto sólo es sujeto en tanto no es objeto. La conciencia no nos es dada desde un principio, y el niño no deviene conciente de sí mismo de una vez, y por eso en los primeros años se llama a sí mismo con el nombre que le dan los demás. La toma de conciencia de sí mismo como “yo” es resultado de un desarrollo.

Durante milenios despreciamos la actividad conciente animal. Pero al preguntarnos, qué nos diferencia de los animales, la Etología ha descubierto que los animales están dotados de cerebros complejos y de una vida relacional bastante rica, con toda clase de juegos, y que la única diferencia con nosotros está en su carencia de lenguaje y la conciencia de sí mismo.

Como anota un autor, el hecho de que se haya restringido la conciencia al nivel cerebral, hizo que quedara excluido la mayor parte del reino animal, pero al postular la sensación del momento presente como constituyente de la conciencia, permite que abarque a gran número de animales. “Cuanto más miras los animales, más difícil se hace negarles la sensación. Los animales saben en cierto nivel que sienten dolor; sólo que no son conscientes de ello en la forma en que lo somos nosotros. Es el presente lo que es crucial en la conciencia, no reflexionar sobre el pasado o el futuro”.

Con esto, se ha logrado una continuidad entre los humanos y los demás animales, y hace que los humanos parezcamos menos especiales, aunque no se nos niegue que tenemos ciertas cualidades, pero compartimos con ellos ese nivel básico de conciencia. Al restablecer la continuidad se busca superar, no sólo la arrogancia de los especialistas en inteligencia artificial como anota Humphrey, sino esta actitud que ha sido característica del hombre occidental.

La conciencia puede ser tanto cognitiva como moral, y se ha usado indistintamente en ambos aspectos. Así, decir que somos concientes de, quiere decir que nos "damos cuenta" de lo que hacemos y pensamos, y en algunos actos valorativos, toma un carácter moral, y unas veces nos aplaude como decía Sócrates de su "demonio", y otras nos amonestan; pero en los criminales parace borrarse totalmente.

Según Nicholas Humphrey, la conciencia es una sensación, un sentimiento bruto, ni más ni menos: sensaciones de color, de dolor, de hambre, una experiencia pre-proposicional, no categorizada, sin elaborar. Según él, “las sensaciones entran en la conciencia, no como acontecimientos que nos suceden, sino como actividades que nosotros mismos engendramos y en las que participamos: actividades que se repliegan sobre sí mismas para crear el momento denso del presente subjetivo”.

La conciencia es pues un devenir consciente, es la unidad del consciente, lo inconsciente (según Freud), y lo supraconsciente. Nuestra conciencia real no es jamás conciencia presente, también abarca el pasado en las personas mayores, y en los jóvenes predomina más el futuro, y su medida es variable.

La conciencia de sí, surge en el curso de la conciencia de la personalidad, a medida que éste se va convirtiendo en un sujeto independiente. El primer nivel de este desarrollo está relacionado con el dominio del propio cuerpo y del surgimiento de los movimientos voluntarios. Otro nivel, es el inicio de la locomoción autónoma y del andar erguido. La locomoción y el agarre de objetos crean cierta independencia del niño respecto de los demás individuos, destacándose de su ambiente, y al relacionarse con los que lo rodean llega al conocimiento de su propio “yo”. No hay un “yo” fuera de las relaciones respecto al “tù”, y no hay conciencia de sí mismo sin la toma de conciencia de otro individuo como sujeto independiente.

La conciencia sólo tiene existencia puntual, se vive a cada instante, y la sensación de continuidad, es el resultado de una construcción imaginaria, exclusiva del ser humano, y producto de su evolución cultural. Los animales no imaginan el futuro, no lo preveen. Los monos permanecen esclavos de las situaciones, mientras que los humanos poseen los medios representacionales para superar dichas limitaciones.

La conciencia individual es esencialmente dialógica, es decir que como lo descubrió Bajtin, en ella se hacen presentes otras conciencias a través de las "voces" de otros hablantes y así en ella conviven múltiples voces. Estas voces se alternan y se combinan polifónicamente. Incluso los procesos llevados a cabo en aislamiento, implican procesos de naturaleza comunicativa.

“La conciencia individual es esencialmente dialógica, en ella se hallan presentes otras conciencias a través de la voces de otros hablantes, pues tanto en el plano de las experiencias públicas como en el de las privadas, múltiples voces conviven. En ocasiones, estas voces se alternan, y muchas veces se combinan polifónicamente, componiendo una única voz” (WERTSCH, James. Voces de la mente. Ediciones Visor. Madrid. 1993).

De acuerdo con Bruner, las funciones mentales están conformadas o incluso definidas por los instrumentos mediadores que utilizan para desempeñar una tarea. Según Vigotsky, el principal rasgo distintivo de la ontogénesis es la multiplicidad de fuerzas evolutivas que se hallan operando al mismo tiempo, por eso no recapitula la historia socio-cultural.

“Estoy convencido de que la conciencia es un fenómeno inductivo emergente. La conciencia es una serie de sistemas, cada uno de los cuales produce algún tipo de propiedad global, las cuales interaccionan para generar otro nivel de propiedades emergentes. Es pues una jerarquía con muchos niveles ascendentes y con propiedades extremadamente distribuidas” (Idem).

Debido al actual optimismo frente a los ordenadores , atribuyéndoles cualidades sobrehumanas, debemos establecer la diferenciación entre el ser humano y ellos. Los ordenadores no son capaces de tener intenciones, como anota Changeaux, son muy competentes en algunas categorías de operaciones, p ej. calcular. Así, al jugar ajedrez dispone de todos los movimientos posibles, de las reglas del juego y de un gran potencia de cálculo, pero no tiene voluntad de ganar porque no tiene afectividad.

“La razón por la cual los ordenadores no pueden sentir, es que en ellos no hay lugar para sentir algo. Los ordenadores vienen en una caja, que no constituye un límite significativo para ellos. La caja en que nosotros venimos es el límite de nuestra experiencia, y nuestras sensaciones son la experiencia de lo que está sucediendo en ese límite” (Changeaux).


2- EVOLUCION DE LA CONCIENCIA

Materia, Vida y Conciencia, son los datos primarios y fundamentales o “emergencias” en que a través de miles de millones de años se ha plasmado la evolución; son el fruto del proceso cósmico que se dirige hacia algo no conocido aún. Aunque la Materia y la Vida son más universales que el psiquismo, existen muchas formas de psiquismo que aún no conocemos, y así algunos atribuyen a las plantas alguna forma de psiquismo. En los animales inferiores el psiquismo, es aún simple, en los animales más desarrollados éste se expresa en formas más complejas.

Por ello, “Debemos ver la humanidad como naciendo por un esfuerzo de generación total, y al mismo tiempo, a través de un punto crítico de la maduración entera de la Vida, es decir, de la Tierra misma” (Teilhard de Chardin ).

Durante siglos, se equiparó psiquismo y conciencia; además, en la filosofía occidental se estudió la conciencia como una forma aislada de los demás procesos vitales del hombre.

La conciencia emerge de un fondo inconsciente, y según Shopenhauer, es la “eflorescencia suprema de la inconciencia”. Además, cosa paradójica, si bien precede al inconsciente, al mismo tiempo va detrás de él, “intentando recuperar un formidable saber inconsciente que la evolución biológica ha acumulado hasta el homo sapiens incluído”.

La conciencia se apoya en la nuestra sensibilidad orgánica general que forman las sinestesias, vinculadas con las funciones orgánicas. El primer nivel de este desarrollo está relacionado con el dominio del propio cuerpo y del surgimiento de los movimientos voluntarios. Otro nivel, es el inicio de la locomoción autónoma y del andar erguido. La locomoción y el agarre de objetos crean cierta independencia del niño respecto de los demás individuos, destacándose de su ambiente, y al relacionarse con los que lo rodean llega al conocimiento de su propio “yo”, que se forma en las relaciones con un “tú”, la madre como primero “tú” del niño, luego sus hermandos y su padre. Así, no hay conciencia de sí mismo sin la toma de conciencia de otro individuo como sujeto independiente.

Por la conciencia y el conocimiento, penetramos vez más profunda y activamente en lo real. Y si bien, el saber es una propiedad importante de la conciencia, conciencia y saber se diferencian entre sí, ¿somos conscientes de todo lo que sabemos?, vivimos más bien habitualmente en una semiinconcsciencia, y de ahí el llamado a “ser conscientes”.

La conciencia de sí mismo es un resultado o producto relativamente tardío del desarrollo de la conciencia. Durante siglos se creyó que la conciencia apareció súbitamente, pero hoy sabemos que éste proceso es mas complejo. Según la teoría de la complejidad, “la conciencia es emergencia del pensamiento reflexivo del sujeto sobre sí mismo, sobre sus operaciones, sobre sus acciones” (Morin).

A partir de Piaget, se habla de “toma de conciencia”, que es un proceso de “descentramiento”, es decir, que miramos nuestra vida y la realidad desde nuevos puntos de vista, diferentes a los habituales, y esto ocurre por el choque producido por situaciones nuevas, cambios imprevistos, duelos, separaciones, accidentes traumáticos, cambios de empleo, o despidos laborales. Estas situaciones son cada vez más frecuentes hoy día, y así, hoy estamos enfrentados a modificaciones constantes, lo que está afectando nuestra vida y psiquismo. Así, el desarrollo psíquico se realiza a través de sucesivas “tomas de conciencia” durante el transcurso de nuestra vida, unos auspiciosos, otros traumáticos.

Una “toma de conciencia”, es mas que una adquisicón de conocimientos, es un acto reflexivo que compromete al sujeto a una reorganización crítica de sus conocimientos, incluso a una nueva puesta en cuestión de sus puntos de vista fundamentales.

Todos los aspectos de la psique se entrelazan en la acción. Así, a partir del pensamiento realizamos generalizaciones y abstracciones, pero un proceso intelectual no se puede reducir a la intelectualidad pura , ni uno emotivo a la emotividad pura o el volitivo a la voluntad. Cada persona es una en sus acciones sentimientos, acciones y voliciones, y esto es lo que diferencia nuestros actos propiamente personales, de los actos puramente mecánicos.

El niño no deviene conciente de sí mismo de una vez como “yo”, y por eso en los primeros años se llama a sí mismo con el nombre que le dan los demás. La toma de conciencia de sí mismo como “yo” es resultado de un desarrollo.

Continuará...

sábado, 10 de abril de 2010

PSICOLOGÍA DRAMÁTICA

CUERPO - HISTORIA E IDENTIDAD
Oscar López R. -Psicólogo - Filósofo

Si la vida humana es como hemos dicho, drama, éste se plasma primero en nuestro cuerpo, y es por ello la “llama que primero debemos alimentar” (E. Bloch); el hambre y el deseo sexual son nuestras necesidaddes más apremiantes. El recién nacido debe recibir en primer lugar alimentación, si quiere sobrevivir, de ahí el efecto devastador de las carencias de alimento en la infancia. El cuerpo con sus necesidades, sus deseos, su energía y emociones, las convierte en dimensiones de la experiencia, son así, necesidades humanas y no sólo animales.

Para el psicoanálisis, la esencia última de nuestros deseos y de nuestro ser, es el goce de la vida activa de todo el cuerpo humano: el placer de tocar, ver, la actividad muscular e incluso la pasión del dolor. Por eso dijo Blake que “la energía es la única vida y es del cuerpo”. “La energía es el goce eterno”. Por el cuerpo sabemos de los otros, y así es “símbolo e instrumento de la comunicación… el canal de una afectividad que no se deja neutralizar en los rituales de intercambio social”.YÁÑEZ, Carlos. “El Yo y el otro que no soy Yo”. Revista NOVUM. No. 25. I Sem 2002

La ciencia y filosofía racionalistas de los siglos XVIII al XX, a partir de Descartes, pensaban en el ser humano como un sujeto puramente pensante,solitario y abstracto; hoy sabemos, que además de pensantes, somos seres afectivos y volitivos, y como seres corporales, estamos originariamente ligados al mundo; nuestro cuerpo es “el primer vehículo de contacto con el mundo, y como tal, una unidad interiormente sentida por alguien que es un Yo” (Merleau Ponty).

Como ser sensitivo, el niño en el seno materno se excita ante los mas tenues estímulos. Nuestro sentir es obra de nuestro cuerpo “el sentido de los sentidos”, y no sólo con la nariz, la boca, los oídos. “Percibir, oír, saborear, tocar, oler, son formas de sentir el mundo” (Gurmendez), pero nos damos cuenta de las cosas del mundo, porque previamente nos percibimos nosotros mismos, auto-percepción que, apoyada en el tacto, que es la base de la sensibilidad cinestésica y corporal, tarea que continúa la visión. La percepción “nos pone en contacto con presencias palpables que nos sacuden inmediatamente”. Así, el tacto, el gusto, el oído, el olfato y el gusto me permiten conocer el mundo y conocerme a mi mismo.

Freud y Blake, afirmaron que la esencia última de nuestro ser permanece en nuestro inconsciente secretamente fiel al principio del placer. Señala Norman O. Brown, que durante dos mil años o más, el hombre ha sido sometido a un sistemático esfuerzo por convertirlo en un animal ascético, y sin embargo sigue siendo el animal que busca el placer secretamente indómito en su inconciente y por ello neurótico. Indómito, porque ya probó del árbol de la vida y nunca lo olvida. “Los niños no distinguen entre sus almas y sus cuerpos, son el propio ideal de sí mismos. La infancia permanece como una meta indestructible del hombre, ¿por qué?, porque la realidad es que los niños juegan, y el juego debe ser el esquema del trabajo y de la vida” (Eros y Tánatos).

Entre el cuerpo y el mundo no hay separación, sino “una línea contingente y reversible”, y el mundo lo sugiere Merleau Ponty es algo que nos atraviesa.Según esto, nuestra identidad humana está fundamentada en el cuerpo, al nacer y encarnarnos nos abrimos a un campo de experiencias personales. “El cuerpo delimita mi espacio y mi diferencia”. No estoy frente a mi cuerpo, ni en mi cuerpo: “soy mi cuerpo”

Esto lo ha expresado muy directamente Durrell:

“A través del olfato, el gusto y el tacto, nos percibimos unos a otros, inflamamos mutuamente nuestras mentes; la información transmitida por los olores del cuerpo tras el orgasmo, la respiración, el sabor de la lengua, a través de ellos “conocemos” en una forma muy primitiva” (Durrell). O sea que nos conocemos físicamente unos a otros por nuestros movimientos, timbre de voz, antes de conocernos intelectualmente, y desde niño, podíamos sentir una atmósfera, o la intuición que ya adultos hemos perdido.

Este es un retorno al cuerpo que durante asiglos estuvo olvidado y despreciado.Como anota Yáñez, este retorno establece una nueva investigación de la identidad. “El cuerpo aparece en la ambivalencia de lo que somos y se expresa, en unos casos, como resistencia (el caso del movimiento feminista) y, en otros, como objeto de consumo que valora el gozo, estableciendo nuevas identidades de corte hedonista”.
Así, la sexualidad se acepta como forma de comunicación; igualmente las emociones han sido tomadas en su aspecto real positivo, y no sólo negativo como antaño. “Miedo y alegría, ternura y pena, no son sólo ideas, sino lágrimas, respiro, calor, frío, temblor”.

Nuestra vida real no es pues sólo biografía social, o un mundo de cultura e ideas, sino, sobre todo y desde la fecundación, la historia de un cuerpo, con sus alegrías y sufrimientos, y todo lo que en él deja huella. La experiencia (psicológica y racionalizada) del cuerpo pasa por determinantes de orden cultural; la vivencia del cuerpo no es igual en diferentes sociedades, durante siglo se hizo lo imposible por velarlo, y aún en culturas orientales se le oculta, y hoy se le expone en formas a veces artística, y otras impúdicamente.

“El principal hilo conductor que permite orientarse en el laberinto de la vida es el cuerpo… pero también es el teatro de operaciones donde pugnan las opuestas pasiones que se disputan nuestra identidad” . Además, en todas las culturas, la identidad humana está condicionada por lo que le sucede al cuerpo del niño: ahí comienza todo. “Toda identidad es una construcción simbólica que se hace en relación con un referente étnico, nacional, de género”, así nuestra historia cultural está codificada en nuestros cuerpos, y a medida que desciframos lo uno, desciframos también lo otro”.

Según Balint, hay una falla básica, una grieta, un sismo, producidos en nuestra niñez al fallarnos la persona básica en nuestras demandas y necesidades. Por eso, para John Fowles: “todos nuestros actos están parcialmente concebidos para llenar o para marcar el vacío que sentimos en el fondo”. De ahí las satisfacciones secundarias que son un intento para encontrar sustitutos a la satisfacción primaria de totalidad, que de alguna manera perdimos y que dejó una gran laguna. Dicho proceso es llamado “Nemo” (ninguno), que es como un anti-ego, un estado de ser nadie.”nadie quiere ser un don nadie”. Morris Berman,” Eros y Pathos).

Como señala Ferenczi, “Nos desvivimos para que otros nos amen. Todos buscamos ser amados”, ésto surge de dicho vacío. Con el éxito buscamos que nos quieran y por lo general logramos lo contrario. Exito, carrera, reputación, dinero, son las formas más claras de satisfacciones secundarias; otras pueden ser: religión, deporte, patriotismo, guerra. Este es un problema tanto de civilización como individual. Por eso, Carácter y Cultura van de la mano como dice Reich, El “nemo “ha sido estudiado muy poco por la psicología. La unidad preconciente con el entorno es la simbiosis; la unidad niño-mundo es según el psicoanálisis, un supuesto básico de nuestra existencia originada en los primeros días o en la matriz. El LSD, las técnicas de trabajo corporal y la meditación, buscan recuperar esa memoria corporal y la felicidad rota con el nacimiento. La experiencia de diferenciación, Uno Mismo y Lo Otro, es el crecimiento de uno Mismo a través de otras personas por un proceso reflectante. Así, el rostro de la madre, es el primer espejo para el niño, y es crucial en el desarrollo del Sí Mismo. “No hay Uno Mismo sin otro” (Laing).

La alienación involucra un cambio de Sí Mismo a Otro, de lo kinestésico a lo visual, de lo interior auténtico a lo social, del Si Mismo verdadero al Si Mismo falso. El shock surge al constatar que soy Otro para Otros, y con ello aparece el nemo. Vamos desde la “sociabilidad sincrética” ( Wallon), o sea, la confusión entre nosotros mismos y el Otro, a la aparición de una distancia vivida que ahora nos divide. O sea que para entrar a lo social, debemos renunciar a nuestra forma básica en favor de la social. Esto es una mutilación, que explica la ira y la barbarie que estalla en las guerras.

La ansiedad de crear un significado a nivel psicológico, como sustituto de la unicidad somática, es donde finalmente se hace la historia, y ésto a partir de los datos cotidianos de nuestra vida. El capitalismo se apoya en la ansiedad centrada alrededor del “nemo” para generar ventas y flujos de dinero en el mercado. Sin embargo, nunca se ha discutido que este es un hecho somático, y así durante mucho tiempo, el cuerpo no fue tenido en cuenta en los tratados de economía.

Si el nacimiento físico nos lanza al mundo, la afirmación “yo soy yo”, nos hace nacer a la imagen del cuerpo. La conciencia de Uno Mismo, es la constatación de nuestro cuerpo como una entidad separada, y marca el nacimiento de la identidad como un ser en el mundo y también de la alienación del mundo.

La imagen corporal se extiende más allá de los límites físicos de la piel, generando una especie de campo somático móvil, es además, es altamente plástica, pero inseparable de la interacción social, se extiende más allá de las fronteras del cuerpo, e incluye la voz, la respiración, la sangre, el pelo, etc, y es función de reflectación, tanto visual como afectiva.

Otro juego interminable, basado en la falla básica, es ver el mundo en blanco y negro: bien vs. mal, macho vs. hembra, conciente vs. inconciente, sagrado vs. secular. Dado que el mundo es gris, los acontecimientos están mezclándose unos a otros, y las energías son movilizadas para evitar la invasión del Otro.

Surgió así un desajuste, y así, el ¨ajuste¨ entre nosotros y nuestro primer entorno, que quedó desarticulado, y así las relaciones entre Uno Mismo y el Otro quedaron perturbadas. Esa sensación de oquedad, quedó plasmada en los tejidos de nuestro cuerpo a un nivel primario y ya no se erradicará. El alcohol, las drogas, el sexo, nos llevan a recrear un estado de conciencia inconclusa, de satisfacción primaria de unidad con el medio ambiente. Los alimentos, el amor, el éxtasis religioso, compartidos, sirven para producir igual efecto, y hacen que el “nemo” se aleje por algún tiempo. El contacto con el no-vacío, arraigado en nuestro cuerpo, busca desesperadamente esa experiencia.

Los niños están naturalmente absorbidos en ellos mismos y en sus propios cuerpos: se aman si mismos. Su orientación según el psicoanálisis es narcisista, ya que están inmunes ante los grandes problemas de la vida, pueden extraer placer de sus cuerpos como no lo pueden hacer los adultos (N. O. Brown. Eros y Tánatos).

Wallon, descubrió que la relación del niño con la imagen especular es de “sociabilidad”, es decir, el niño mira su reflejo en el espejo como a una especie de compañero de juego, lo que ocurre a los primeros seis meses. Según ésto, el niño no es amorfo ni pasivo, sino que es una criatura curiosa y exploradora, nacida para un diálogo perceptivo-motriz-afectivo con la madre o quien actúe como tal.

La prolongación de la infancia y el retraso de la pubertad, dan a la sexualidad infantil oportunidad de madurar, y el cuidado de los padres lo protegen del principio de realidad. Bajo esas condiciones, la sexualidad infantil llega a un florecimiento que no tiene paralelo en otras especies de animales. En el hombre, la sexualidad infantil es reprimida y nunca se desarrolla. La represión distingue al hombre de los demás animales. En el animal humano, el niño inmortal está frustrado, aún en el acto sexual por la tiranía de la organización genital.

Lo kinestésico es anterior a lo visual, y da origen a la función arcaica opuesta a la separación. La sociedad separa lo psíquico y lo somático por medio de tabúes que buscamos romper.

Existe inicialmente para todos nosotros, un estado de pre-comunicación en el que nuestras intenciones se mueven a través del cuerpo de otros y viceversa. La experiencia del éxtasis es de absoluta kinestesia, todo está vivo, estremecido, englobado, es una experiencia cognitiva, un saber. La esquizofrenia es una situación considerada como totalmente visual: la persona se siente transparente a los demás, un ser enteramente confiscado por la mirada del Otro.

El objeto transicional, que no es parte del cuerpo del niño, pero tampoco identificado como realidad externa, tiene una cualidad afectiva para el niño. Así, el osito de peluche, , o el perro, u otros animales. En el adulto lo son el sexo, el alcohol, la droga, el arte y la ciencia.

En nuestra vida diaria, la linea entre Sí Mismo y el Otro, se negocia constantemente. En algún sentido, estamos confiscados, y ésto se desarrolla en torno a la falla básica. “Yo estoy apresado por mi imagen espacial” (Lacan). La imagen de uno mismo posibilita el autoconocimiento. El fenómeno del espejo es algo enigmático, pavoroso, por eso, la inquietud frente a fotografías que rompemos o pisamos.

Lacan dice que la estructura ontológica de la vida humana es paranoide, o sea, que el Sí Mismo puede ser siempre invadido por el Otro. Intentamos curar la falla básica, identificándonos con una imagen visual de nosotros mismos. Para Lacan, el ego está arraigado en el reino de lo imaginario, el mundo de las imágenes, de los espejos. Pues nuestra relación fundamental con el mundo es de conexión, el estadio del espejo nos hace caer en la creencia de que el Otro es algo que debe ser temido. El tacto engloba el vínculo libidinal.

En la sociedad moderna, nuestra vida está dirigida al futuro: sería feliz si... seré feliz cuando. En la Edad Media, la espontaneidad era mayor. Si Mismo y Otro, estaban mucho más mezclados que ahora, no estaban tan confiscados. Los bebés de la cultura Yequana del Brasil, que son sostenidos en brazos las 24 horas del día durante sus dos primeros años de vida, crecen sin sentido del vacío.Así pues, la confiscación no es un atributo biológico, sino mas bien culturtal. Ellos no necesitan para ser felices, poseer bienes materiales, sino que lo son, aún en medio de sus carencias materiales.

jueves, 11 de marzo de 2010

PSICOLOGÍA DRAMÁTICA - Un nuevo paradigma en Psicología

Óscar López R. - Psicólogo - Filósofo


Los humanos necesitamos, para interpretar nuestra vida y la del mundo, de paradigmas; hasta las pequeñas acciones cotidianas nuestras, están influidas por ellos. En Occidente, durante los tres últimos siglos, el paradigma que imperó en la Ciencia, fue el newtoniano-cartesiano, un enfoque mecanicista, que como anota Grof, creó una imagen negativa del ser humano, el que veía como una máquina biológica, operada por impulsos instintivos animales.

De este modo, los valores elevados como la conciencia espiritual, los sentimientos de amor, de belleza, de justicia, que nos hacen realmente humanos, quedaron supeditados a aquellos. Con esta imagen se estimuló el individualismo, el egoísmo competitivo, y el principio de adaptación como algo natural y sano. En su materialismo, sólo percibía la realidad como un cúmulo de unidades mecánicas, sin reconocer la cooperación y la solidaridad. Los graves problemas que afrontamos hoy, desde el climático, hasta las crisis cotidianas y sociales, están relacionados con ese paradigma. De él, provienen la contaminación, las hambrunas, el estímulo al consumismo a nivel mundial, que destruyen el planeta y mantienen en vilo el futuro de la humanidad, contribuyendo sin proponérselo al malestar más que al bienestar humano.

En nuestro tiempo han surgido nuevos paradigmas; la ciencia moderna quiso ser "objetiva", y la misma Psicología, quedó atada a dicho modelo. Son multiples las vertientes que han contribuído a este nuevo paradigma y nos señalan caminos nuevos que aún muchos, atados a viejos esquemas no se atreven a recorrer. Las experiencias trans-personales, que desafían el modelo mecanicista, las experiencias con drogas nos llevan a trascender los estados de conciencia ordinarios de la realidad y del yo, del espacio y el tiempo. A esto se agregan los descubrimientos recientes en neurofisiología y biología, superando la separación entre el microcosmos y el macrocosmos, el Hombre y el Universo, y confirman lo expresado desde hace siglos por las religiones y mitos de diversas pueblos, descuidados o desechados por el moderno racionalismo, y que nos permiten recomponer la imagen del hombre (Stanislav Grof, Psicología transpersonal).

Además, física cuántica-relativista, nos enseña que la “materia” que parecía sólida y absoluta, “puede desintegrarse en pautas de energía, una danza cósmica de vibraciones o en un juego de la conciencia. Como señala Grof, uno de los descubrimientos más importantes fue el de “campo de fuerza”, que puede ser estudiado sin referencia a cuerpos materiales, y que abrió el campo para el descubrimiento de que la luz es un campo electromagnético que se desplaza por el espacio en forma de ondas.

También los grandes físicos como A. Einstein, Niels Bohr, Erwin Schrödinger, Werner Heisenberg, señalan una compatibilidad con ciertas formas de espiritualidad místicas de diversos pueblos, que no son s privilegio de países “desarrollados”. Fueron la teoría de la relatividad y la nueva teoría atómica las que derruyeron los conceptos básicos de la teoría newtoniana, al señalar que ni el espacio es tridimensional, ni el tiempo lineal y que no existen separados, formando más bien un continuo cuatridimensional llamado “espacio-tiempo”. El tiempo a diferencia del modelo newtoniano no es uniforme, sino que depende de la posición de los observadores y de sus velocidades.

El físico Niels Bohr, determinó el principio de complementariedad, en el que dos aspectos de la realidad se excluyen mutuamente, pero al mismo tiempo son ambos necesarios para entender un fenómeno: la onda y la partícula en la luz. Con ésto se superó una lógica de la exclusión y de la separación, lo cual implica el reconocimiento de que las paradojas son un aspecto esencial en el nuevo modelo de universo. Por último, surgió la hipótesis de los mundos múltiples, y que postula que el universo se divide a cada instante en infinidad de universos. Estos aportes son importantes para la psicología, la psiquiatría y la parasicología, el sugerir que la mente o la conciencia influyen en la materia, o incluso la crean.

La cibernética, la teoría de la información, la teoría de sistemas y la tipología lógica, señalan que la idea de sustancia y de objetos discretos, no son válidos lógicamente. Así, en la vida cotidiana no nos ocupamos de los objetos, sino de sus transformaciones sensoriales o de los mensajes sobre sus diferencias, o sea, que tenemos acceso a los mapas pero no al territorio. Por eso, es absurdo para la ciencia tratar el mundo en términos de objetos y entidades independientes. La teoría de los sistemas formula una nueva definición de la mente y de las funciones mentales, y se enriquecen éstas al reconocerse, que no sólo el ser humano posee características mentales.

Otro aporte es de Ilya Prigogine, a partir de su teoría de las estructuras disipativas de ciertas reacciones químicas, donde las leyes de la entropía quedan temporalmente suspendidas, y así un órden de un nivel superior puede emerger espontáneamente del caos subyacente, descubrió un nuevo principio, con lo que se logra una visión unificada de la evolución, en las que “el principio unificador no en un estado fijo, sino unas condiciones dinámicas de los sistemas en desequilibrio”. Según ésto, la vida no es un fenómeno accidental o excepcional en el universo; además, no hay superioridad de los humanos sobre otros organismos vivos, y como dice Grof, se ha redescubierto la verdad de la filosofía perenne, según la cual, la evolución de la humanidad hace parte de la evolución universal, y los humanos son factor importante activo en ella y no sólo pasivos. A su vez, los aportes de Sheldrake señalan que los organismos en su forma, desarrollo y comportamiento, son moldeados por “campos morfogenéticos”, según ésto, los organismos vivos no son simples máquinas, sino que responden al desarrollo de formas cualitativas.

La “Teoría del proceso” de Arthur Young, indica que hay en el universo cuatro niveles y siete etapas constitutivas: la luz, las partículas nucleares, los átomos, las moléculas, los animales y los humanos, cada uno definido según su grado de libertad y constreñimiento, lo que permite lograr una pauta básica del proceso universal. Además, el universo ya no es una máquina de objetos independientes sino una trama unificada e indivisible de sucesos y realaciones, cuyas partes integrantes representan distintos aspectos y pautas de un único proceso integral de gran complejidad.


Fritjof Capra, ha demostrado que la visión de mundo derivada de la física actual parece coincidir con la visión mística del mundo. Igual cosa ocurre con la investigación sobre la conciencia, al ocuparse directamente de los estados de conciencia al igual que las escuelas místicas. Otro aporte decisivo es el de la teoría del caos,la cual nos dice que todo está conectado con todo lo demás, y que si queremos conocer un ser vivo debemos conectarlo con su historia y en últimas con toda la evolución.

“A la pregunta de si la vida es simple o compleja, la teoría del caos dice que puede ser ambas cosas, y sobre todo, que puede serlas al mismo tiempo, el caos revela que lo que parece increíblemente complicado puede tener un origen muy sencillo; mientras que la simplicidad superficial puede ocultar algo sorprendentemente complejo” (John Briggs y David Peat. Las Siete leyes del caos. Editorial Grijalbo, México, 1999).

Sin embargo, la teoría del caos sugiere que cuando estamos atrapados en decisiones difíciles, es posible descubrir la salida si aceptamos la danza dinámica del caos entre simplicidad y complejidad; el uno es reflejo de lo otro. En suma, lo que nos dice la teoría del caos, es que cuando la vida nos parece más compleja, un orden simple puede estar esperándonos a la vuelta de la esquina, y que simplicidad y complejidad no son algo que estén en los objetos, sino en el modo en que las cosas interactúan entre ellas y nosotros con ellas.

Las paradojas son un modo de entender esta relación, y han sido utilizadas tanto en la vida diaria como en la ciencia y la filosofía. Una de las más famosas paradojas es la definición de Nicolás de Cusa sobre Dios, al decir que es, “la unidad de los contrarios”, o al igual en la teoría cuántica que señala que la materia y la energía emergieron de un “estado primordial mecánico-cuántico, que es a la vez un vacío absoluto y una plenitud infinita”.

Los llamados fractales, es decir, la geometría de las formas irregulares y los sistemas caóticos son otro ejemplo de lo mismo, igualmente muchas formas y procesos de la naturaleza. Como anotan los fisiólogos, lo que inunda nuestra retina es un caos amorfo de estímulos visuales dentro del cual el ojo humano aprende a insertar un orden favorecido en uno u otro sentido. En otras palabras, el ojo y el cerebro interactúan para abstraer rasgos significativos que constituyen el orden que vemos.

El Psicólogo Carl Jung denominó “sincronizaciones” a las coincidencias aparentemente inconexas que suceden cuando nos enfrentamos a decisiones importantes, y que las hallamos sobre todo en situaciones extremas, que nos revelan aspectos ocultos de nuestras vidas. La permanencia del todo a lo largo del tiempo, es una de las características que definen los sistemas complejos

Carl jung


Uno de los problemas que inquieta a los científicos, es el de la "emergencia", es decir, cómo pueden desarrollarse organismos complejos, a partir de elementos simples. Así, nuestro cuerpo que se compone de doscientas variedades de células, todas ellas intimamente conectadas unas con otras, realizan tareas tan asombrosamente complejas. El cuerpo, igual que la inteligencia, son "emergencias", es decir, que surgen de procesos que aislados no se habrían podido desarrollar.
Se ha dicho también que la facultad telepática, es una propiedad emergente de las redes neuronales del cerebro.

No todo lo que parece complejo, lo es. Así, la tecnología digital tan utilizada hoy día, aunque puede parecer compleja, es más simple de lo que parece. Igualmente, ocurrió con las matemáticas y la ciencia moderna, que en su afán de comprender la naturaleza, terminó simplificándola; el triunfo de lo cuantitativo, se hizo a expensas de lo cualitativo.

El enorme esfuerzo que está haciendo la ciencia actual es rediseñar el mundo de lo viviente, fragmentado por la ciencia moderna, pues ningún superordenador nos enseñará qué es el más simple organismo.

La idea de James Lovelock de la tierra como un ser único vivo llamada Gaia, nos indica que la vida como un todo regula cuidadosamente el planeta y que el más simple de los organismos, las bacterias y el plancton, ayudan a sostener otros organismos más complejos, y éstos a su vez les proporcionana aquellos lo que necesitan. Así se supera la idea de un universo lineal por una no linealidad caótica. Es decir, la vida puede ser muy resistente a daños y cambios fortuitos, pero también es delicada y vulnerable, pues no es una máquina que pueda reformarse siempre.

Es muy conocido el relato del astronauta Edgar Mitchel, quien vivió una de las experiencias más emocionantes que halla vivido ser humano alguno, describiendo su visión de la tierra desde el espacio como “una vislumbre de la divinidad”, señalando además que le conmovió profundamente “este planeta azul y blanco flotando ahí, y sabiendo que daba vueltas alrededor del sol”. Y señaló además que, “mirando fijamente a 385.000 km de espacio hacia las estrellas y el planeta del que procedía, experimenté la sensación de que en el universo había inteligencia, armonía y amor”.

Según el físico Fritjof Capra, la raza humana está experimentando una “crisis de percepción”, acorde con el cambio que vivó Mitchel, y se está superando la visión fragmentada de la realidad inaugurada desde el siglo XVI, la cual es según Capra, “inadecuada para tratar con nuestro mundo superpoblado e interconectado”.

La teoría del caos es más afín con esta imagen de un mundo orgánico, de una pieza, sin costuras, y es a la vez el temas de las revelaciones de los místicos de todos los pueblos desde los hindúes, los cristianos, los indios americanos y el I Ching.

Todas estas concepciones nos han permitido descubrir el lado oscuro de nuestra racionalidad, que nos ha llevado a separarnos de la naturaleza, y que al convencernos del mito del progreso, nos hizo olvidar que todo nuevo avance trae efectos colaterales imprevistos, y tiene un precio cada vez más costoso.

Según el enfoque mecanicista, los humanos podemos siempre controlar los daños que hagamos a la naturaleza y a nosotros mismos, pero la teoría del caos nos dice que nuestras intervenciones tienen límites y que su resultado es siempre, hasta un cierto grado crucial, impredecible, y confiar en una tecnología que resolvería los problemas que provocamos los humanos.

Hoy sabemos que los bosques, especialmente los tropicales, crean su propio clima, pero que si se talan los bosques se destruyen también todos los seres retroalimentadotes, plantas y animales, trayendo efectos irreversibles sobre la tierra. O sea que una vez que vamos más allá de cierto límite, los daños son irreversibles, pues los procesos naturales de la tierra son indivisibles y holísticos, de modo que si vamos demasiado lejos se rompe el equilibrio y no hay retorno.

En el campo humano, la teoría del caos señala que somos un sistema, y que las tensiones y dificultades no son sólo de efectos, sino que son parte del problema. El enfoque mecanicista consiste en ver los problemas como algo exterior que tenemos que resolver a todo precio. Como dice un autor, declaramos la guerra a la pobreza y a la drogadicción, los médicos usan métodos agresivos y se usan drogas para “luchar contra la enfermedad”. Así, el cáncer es tratado con criterios químicos, genéticos aislados, cuando parece ser el resultado de una combinación de “cofactores” que se entrelazan para retroalimentarse: dieta, estilo de vida, factores ambientales, todos ellos interactuando, y que en últimas la curación del cáncer dependa más del estilo de vida de la persona que de fórmulas médicas o químicas.

La cuestión decisiva es si aún podemos cambiar nuestra concepción individualista y mecánica actual por otra que adopte la unidad caótica y autoorganizada. Para muchos esto parece imposible, y de ahí el talante de resignación que se respira por doquier. Sin embargo, tanto en grupos pequeños como en naciones, se dan situaciones de coperación y organización de la vida de los individuos, como se ha venido observando, y los casos de catástrofes climáticas, en que aparecen grupos de personas que quieren colaborar, superando su actitud individualista, al sentir la conmoción del espectáculo que presentan los medios de comunicación.
Se trata pues de una unidad caótica que nos permite cambiar nuestra visión de seres aislados y cambiarla por alguien con un profundo sentido de unión con todo lo que le rodea. “A la luz de la teoría del caos, cada individuo y grupo de inviduos pueden asumir esrtos significados absolutamente novedosos como metáforas y fractales a través de los cuales se expresa la totalidad”.

Tanto la nueva ciencia como la mística tradicional, señalan que hay una solidaridad innata, que está latente en nosotros, pero que nuestro sistema individualista ha ido adormeciendo, pues el “amor, es el objetivo último al que el ser humano puede aspirar” (Víctor Frankl).