jueves, 7 de octubre de 2010

PALABRAS VIVAS Y LENGUAS MUERTAS V

"PAIDEIA" E ILUSTRACIÓN
ÓSCAR LÓPEZ R. Filósofo-Psicólogo

¡Sapere aude! ¡Atrévete a saber! Este lema propuesto por Kant, es el que ha servido a todos los partidarios de la Ilustración para romper con los prejuicios y supersticiones que han dominado a la humanidad, y que para Kant es simplemente el mantenimiento de una "minoría culpable" que se da en los seres humanos.

A primera vista, la "paideia" y la Ilustración serían sinónimos, y así, el mayor fruto de la ilustración antigua fue la filosofía griega, y en forma extrema la sofística, pero cuando analizamos más hondamente la ilustración moderna, es distinta de aquella, pues ésta se dirige en especial contra la tradición religiosa del cristianismo expresada en las escrituras, la cual es vista como una visión dogmática de la realidad. Como anota G. Gadamer, "la tendencia general de la Ilustración es no dejar valer autoridad alguna y decidirlo todo desde la cátedra de la razón". Desde ahora la razón es la fuente última de la autoridad, y no la tradición, como se pensó durante siglos, lo que le permitió convertirse en investigación histórica.
La Ilustración es el fruto del esfuerzo por romper las cadenas de la ignorancia a las cuales según algunos autores, había sido sometida la humanidad por obra de la religión y de los grupos de poder. Para la Ilustración la esencia común de la humanidad son las "ideas racionales", es decir, la "razón" como tribunal supremo, y su ideal es el de querer ver con los propios ojos. Hay además una consideración teleológica, a ella opone Herder una concepción histórica universal del mundo. Según esto, pensar históricamente significa conceder a cada época su propio derecho, con lo que busca liberarse del esquema progresivo que la ha lastrado. La idea de razón va a ser criticada por Schleimacher con su idea de comprensión, por la cual los humanos nos entendemos unos a otros más en comunidad familiar, cívica o de intereses propios que con la propia razón. También Dilthey criticará este intelectualismo con su concepción de la "filosofía de la vida".
Durante mucho tiempo y desde sus inicios en el siglo XVIII, la Ilustración cumplió un papel decisivo para borrar prejuicios, dogmatismos, y falsos autoritarismos. Basta ver cómo el movimiento enciclopédico con Voltaire y Diderot a la cabeza, rompieron el oscurantismo y superaron privilegios que mantenían a la gran mayoría en la ignorancia, y tuvo un aporte decisivo en el proceso de la revoluciones modernas aún en nuestra América. Pero cuando la "razón", supremo tribunal al que se sometía todo criterio, sobrepasó sus límites, perdió gran parte de sus derechos. Así, la crítica a la autoridad y a los prejuicios estuvo matizada por una intolerancia, pues su tendencia es no respetar autoridad alguna, sino decidirlo todo desde la cátedra de la razón.

Para la Ilustración el concepto de prejuicio adquiere una carácter negativo que antes no poseía, pues su verdadero sentido es el de ser un juicio previo, antes de validar definitivamente cualquier afirmación, tal como ocurre por ejemplo en el derecho. La Ilustración asimilaba el prejuicio a juicio falso, cuando en verdad podría ser positivo o negativo, y así existen "prejuicios legítimos". Mucho más, no existe pensar que no posea parte de prejuicios, con los cuales luchamos permanentemente, pues todo saber, con el tiempo se convierte en prejuicio. Sólo una "razón absoluta" estaría libre de prejuicios, y esto es imposible, pues nuestra razón sólo existe como real e histórica, y como anota Gadamer "la razón no es dueña de sí misma, sino que está siempre referida a lo dado a lo cual se ejerce".
Como anota J. B. Vico, antes de comprendernos en la razón, son la familia, la sociedad y el Estado, los que nos condicionan, y así, "la autorreflexión del individuo no es más que una chispa en la corriente cerrada de la vida histórica. Por eso los prejuicios son, mucho más que sus juicios, la realidad histórica de su ser".
Existe un prejuicio de la Ilustración, y lo señala G. Gadamer paradójicamente, y es el prejuicio contra todo prejuicio, y con ello desvaloriza la tradición. Sólo en la Ilustración adquiere el concepto de prejuicio el caríz negativo que ahora tiene. Un antecedente de la Ilustración es la duda cartesiana de no tomar por cierto nada de lo que quepa duda alguna, y la aplica con su concepción del método que radicaliza esta esencia.

Inglaterra es un punto de avanzada en el proceso ilustrador, a principios del siglo XVIII fue el primer país europeo que logró superar las luchas políticas y religiosas, y logró equilibrar los choques que entre tradición y revolución, monarquía y libertad constitucional, y agricultura e industria, se habían presentado. Eso les permitió consolidar un gran imperio colonial aún después de la independencia americana. El empirismo era la filosofía dominante y en política, el liberalismo que limita los poderes del rey a partir de la existencia de dos cámaras, la de los lores y la de los comunes.

El ambiente intelectual era muy dinámico, ya en la cátedra, en el periodismo y en la vida diaria. A su vez en Francia, vivía una monarquía decadente, y un país en bancarrota, el absolutismo imperaba en política, el mercantilismo en economía, y el jesuitismo en religión. Esto hace que los sectores progresistas se interesen por la cultura y las instituciones de su tiempo. Tal es el caso de Voltaire, quien con un lenguaje sencillo expone las ideas inglesas, y así se extiende por todas partes, naciendo así, el movimiento "ilustrado", que va a ser el fruto de la fusión del intelectualismo francés y del empirismo inglés.
La Ilustración expresa una visión del universo que busca solucionar todos los problemas vitales, y desde el siglo XIX a partir de la ciencia se pretendió lograr la felicidad. Esto supone que la cultura logrará cumplir todos los deseos humanos, cuando se supere la ignorancia, en que las luces de la razón y de la ciencia lleguen a todo el pueblo. La Ilustración es ante todo un "optimismo racionalista", para el cual todo en la naturaleza está dispuesto con un orden racional y unas leyes sencillas, y de ahí la convicción de que esa misma armonía y orden racional estarán en la base del mundo humano, que vencerá el egoísmo y la maldad humana. En nuestra América, el movimiento ilustrador, buscó ante todo liberarnos de la opresión a que el imperio español nos tenía sometidos; Antonio Nariño, Francisco Miranda, entre otros, fueros sus adalides.
A partir de la hipótesis de los siglos XVI y XVII se habla de un derecho natural, por el cual un contrato social hará que el Estado armonice los egoísmos humanos. En teología, este optimismo racionalista se expresa en el teísmo, deísmo y materialismo. El primero, supone que hay una armonía en la creación y que hay un orden interno en el universo gracias a una inteligencia superior que ordena todo en la naturaleza. El deísmo, supone que la naturaleza como un todo, y animada íntimamente de una fuerza cósmica, la impulsa hacia adelante. Para el teísmo, el mundo es obra de un Arquitecto, sabio, que mediante las leyes naturales, lleva a los mejores resultados, pero no hace milagros, ni se ha revelado a ningún pueblo ni a ninguna iglesia, pues la experiencia y la razón nos ayudan a encontrar las huellas de la divinidad en el universo. El materialismo, representado por Holbach, sólo acepta la efectividad de la materia y de las fuerzas mecánicas que permiten el orden en la naturaleza.

La Ilustración derivó en una serie de equemas rígidos y fórmulas metafísicas, y así recibió las burlas de Voltaire, quien en su Cándido combatió el optimismo de la teología de Leibnitz, que quería explicar todas las catátrofes humanas diciendo que era para el bien del universo. En el siglo XX, los autores de la Teoría Crítica, señalaron que la humanidad no sólo no ha avanzado hacia el reino de la libertad, hacia la plenitud de la Ilustración, sino que más bien "se hunde en un nuevo género de barbarie", una regresión, que para ellos no sólo es el fin de la Ilustración, sino la autodestrucción de la Ilustración. Esto se debe según ellos, a que "la enfermedad de la razón radica en su propio orígen, en el afán del hombre de dominar la naturaleza, o sea, que es un progresivo proceso de racionalización, abstracción y reducción de la realidad al servicio del dominio del hombre, y que si bien en un principio quiso ser liberador, se ha convertido en un proceso de alienación".

Para ellos, la ciencia moderna como máximo desarrollo de la razón, al proponer con el empirismo el sometimiento a los hechos, ha terminado por eliminar todo "sentido" que trascienda los hechos mismos y ha derivado como anota Morin, en una "ciencia sin conciencia", que es el peor peligro del mundo actual, pues no acepta ninguna crítica.

Los dramáticos sucesos de la Segunda Guerra Mundial, con su secuencia de barbarie, llevó a numerosos filósofos a abandonar toda confianza en la razón, aún la misma dialéctica marxista, y a aceptar el diagnóstico de Max Weber de que el programa de la Ilustración es ante todo un "desencantamiento del mundo", o sea, un proceso progresivo e irreversible de racionalización de todas las esferas de la vida social y que lleva una funcionalización e instrumentación de la razón con la consiguiente pérdida de sentido y libertad. Sin embargo, la postura de Weber es pesimista, y la propuesta de la Teoría Crítica es la de una Crítica de la razón instrumental.
De lo anterior se deduce que hay una necesidad de una dialéctica de la Ilustración, en la cual se asumen las propuestas de Nietzsche, Benjamin, que plantean una filosofía negativa de la historia, y que en últimas es un signo de resistencia ante la tendencia creciente de la razón ilustrada que no sólo cede a la lógica del dominio, sino que olvida a sus víctimas.

En conclusión, la Ilustración es una tarea infinita, y esto supone reconocer sus límites, siendo el primero, la aceptación del misterio que rodea todo lo existente, y que la razón apenas puede vislumbrar. Este es un presupuesto básico contra la arrogancia de los científicos; esto no significa oscurantismo, sino reconocer como anota E. Morin, que los últimos avances de la ciencia nos llevan a la situación paradójica de que el conocimiento toca el misterio, y que "lo impensado y lo impensable están siempre presentes".

Es además el reconocimiento de los límites de la lógica, sin renunciar a la lógica, la aceptación de una ignorancia "ennoblecida", que no es la ignorancia que se ignora a sí misma, sino la derivada del conocimiento, y que se apoya en el socrático "sólo sé que nada sé". Además, en un universo poblado de infinidad de galaxias, es presuntuoso hacer de lo humano la medida de toda complejidad posible, pues cualquiera puede constatar que somos desconocidos para nosotros mismos, y que "al fin de lo inteligible surge lo ininteligible".

martes, 5 de octubre de 2010

PALABRAS VIVAS Y “LENGUAS MUERTAS” IV

LA PAIDEIA EN EL RENACIMIENTO
ÓSCAR LÓPEZ R. Filósofo - Psicólogo

La palabra “renacer” tiene un sentido mágico e implica una revitalización tanto en lo físico como en lo espiritual. No sólo los individuos, sino también las sociedades, viven momentos de gran ímpetu que los griegos llamaban “Kairos”, que son únicos e irrepetibles. Esto fue lo que se palpaba en la Europa Meridional, especialmente en Italia, a fines del siglo XIII, un nuevo interés por lo natural, el paisaje, lo humano, que preludiaron San Francisco, Dante, Giotto, Petrarca, Boccaccio.

En nuestro recuento sobre la idea de "paideia", nos corresponde señalar un período que como pocos ha situado a la humanidad en un nuevo camino en el desarrollo de la conciencia humana: el Renacimiento, y para entenderlo, es bueno recordar lo que dice Ralph Roeder:

La fuerza que creaba era la misma que destruía y no fue quizá pura casualidad el que las glorias artísticas y las miserias morales de la época alcanzaran su ápice conjuntamente “...Por eso en esta época hallamos personajes como Savonarola, Castiglione Maquiavelo y Aretino. Y concluye: “¿la virtud ascética de Savonarola, la virtud oportunista de Maquiavelo, la virtud social de Castiglione y la virtud animal de Aretino, qué vienen a ser sino las soluciones últimas de aquellos que temen a la vida, y de los que la aceptan, de los que pactan con ella y de los que a ella sucumben?” (El hombre del Renacimiento).
Por eso, según Jacob Burckhardt, las profundas contradicciones y los contrates irreconciliables de esta época, la llevan a ver como la verdadera imagen de la humanidad; de ahí su carácter ejemplar, pues "allí se descubrió y se alumbró el contenido íntimo del hombre". El Renacimiento no sólo poseía el concepto de la humanidad, sino la humanidad misma, forjando la idea del uomo universalis, que desde entonces será un ideal paralas épocas futuras.

El Renacimiento ha sido considerado como un período de transición que va de la Edad Media al mundo moderno, y por ser un movimiento tan complejo, no es posible adscribirle una fecha fija, pues en muchos aspectos vivimos problemas no resueltos de esa época. Sin embargo, este proceso fue gradual y no repentino, y el paso del siglo XIII al XIV, estuvo marcado por una serie de cambios en diversos campos, el estético que es el más conocido, igualmente abarca lo político, lo legal, lo filosófico, y aún cambios drásticos en las costumbres y en la vida diaria.

Fue una época deslumbrante y contradictoria, llena de luces y oscuridades, con personajes como Pico de la Mirándola, el gran expositor del Discurso sobre la dignidad del hombre, y Rabelais, que con su Gargantúa, se burló de los llamados valores medievales, César Borgia, y Lorenzo de Médicis. Sin embargo, gracias a ella, la humanidad luchó por la libertad consciente de sí misma, y esto, con una energía intelectual, y una pasión que luchó por superar los dogmas, el culto a la autoridad y el escolasticismo habían sumido a la Europa medieval, y el cansancio y los abusos del poder eclesial lleva a su limitación. Cada uno a su manera fue la expresión fiel de una época en búsqueda de sí misma, entre conflictos y turbulencias.

El Renacimiento tuvo un campo de aplicación múltiple; así en la arquitectura se redescubren los monumentos de la antigüedad, en la literatura aparecen nuevos manuscritos y hay una pasión por lo antiguo, un nuevo gusto por la poesía y la naturaleza que ya se había preanunciado desde el siglo XIII. A esto se agrega el descubrimiento del sistema solar de Copérnico y Galileo, la anatomía por Vesalio, la circulación de la sangre por Harvey, y en suma, la afirmación del método científico que había preludiado la escuela de Chartres. En lo político se supera el feudalismo, y aparecen las primeras naciones,

Italia fue la primer nación en donde se dieron dichos cambios, gracias a su régimen de libertades políticas, a su desarrollo comercial, al desarrollo de la lengua y a su posición mediterránea que le permitió ponerse en contacto con el fabuloso Oriente desde Marco Polo, Colón, y todos los que se atrevieron a romper las columnas de Hércules, el límite infranqueable hasta ese momento. En lo político, la ciudades lombardas arrebataron el poder fiscalizador a la iglesia y lo entregó a las comunas administradas por juntas de magistrados que eran responsables antes los ciudadenos. Era un renacer de la ciudad–estado helénica, se propagó así un culto al gobierno constitucional, que si bien tuvo logros, prepará el terreno para la aparición de los tiranos, esas figuras que se campean por todo el renacimiento.

El renacimiento carolingio había llevado a una nueva conciencia social de la cristiandad occidental; por primera vez se rompió con códigos tribales y el cristianismo promulgaba sus propias leyes, y transformación que no venía ni del elemento germánico ni romano. Se propició a sí el renacer del estado helénico independiente y soberano. Esto con el apoyo de los juristas de Bolonia (la primer universidad europea) con lo que se crearon everdadera esatados soberanos occidentales que disputaban a la Iglesia su poder. Asi, las ciudades del norte de Italia, contaban por vez primera con administradores que derrocaron a los obispos –principes, creando así un gobierno civil. Empieza a sí la alianza del Estado y el capital, que fundará el Capitalismo, que aún nos domina hoy, en forma más agresiva y global. Maquiavelo el primer realista con su racionalismo político y portavoz de su época, por eso es también el primer psicólogo del desenmascaramiento, precursor de Marx, Nietzsche y Freud. Expuso el dualismo moral que late en todo político, y para el cual el fin justifica los medios.

Después de la Edad Media, ya era claro que no era posible unir en una misma unidad la doctrina eclesiástica, las fuerzas nuevas, las naciones en formación y los individuos afanosos de libertad. Empieza la escisión Iglesia e Imperio, llevando a un antagonismo de 400 años. Con la conquista de Carlos V de Italia, empieza a dominar el capital financiero y por eso como anota Clarck ya la Iglesia formaba parte del sistema bancario internacional que inició Italia a fines del siglo XIII.
Por eso, ésta es la época en que el “realismo político”, en o sea el que desenmascara las verdaderas intenciones de todo poder, se hace consciente, luego de que ya era imposible una República cristiana por la lucha de poderes imperiales y eclesiásticos y se justifican gran parte de los crímenes de Estado”.

En la Edad media se desea conservar lo antiguo y tradicional, y no tiene ningún sentido para lo nuevo y para el progreso. Como anota Hauser, “es esta una época tranquila, segura de sí misma, robusta en su fe, que no duda de la validez de su concepción de la verdad ni de sus leyes morales, que no conoce ningún conflicto del espíritu ni ningún problema de conciencia, que no siente deseos de novedad ni se cansa de lo viejo”. Es esta una “cultura autoritaria y coersitiva, y sólo bajo la presión de las sanciones pudo desarrollar una visión homogénea y cerrada”.

Todo esto va a cambiar, con la economía monetaria y mercantil y los inicios del hombre burgués, ahora es en las ciudades y no en las catedrales donde la gente se encuentra; además, surgen dos nuevas clases profesionales: los artesanos y los comerciantes, que ya no trabajan para sí mismos, sino que trabajan para otros.

La economía monetaria está representada en su forma más pura en el comerciante, que ya buscaba el beneficio y la ganancia, y que opone a la propiedad territorial como única forma de riqueza hasta entonces, y en el que los metales finos sólo servían como uso de embellecimiento. Además, el dinero acuñado que estaba en manos de la Iglesia, no circulaba. Fue el comercio el que a partir del dinero lo convirtió en medio de cambio, lo puso a trabajar, con lo cual a parecen los primeros rasgos de la mentalidad capitalista. Sin embargo, el burgués era despreciado y formó el tercer Estado y se puso a la vanguardia de los cambios sociales; se borran las diferencias sociales entre siervos y libres, y aquéllos ya pueden contratar, y no se les paga en especie sino en dinero. Esto le va a generar al trabajador una nueva conciencia de sí mismo, va a tener más tiempo libre y podrá dedicarse ya a leer. Se origina así una “secularización de la cultura, y un intercambio intelectual y artístico que desde el siglo XII establece un comercio entre Oriente y Occidente, Norte y Sur; es una cultura cosmopolita, se emprenden cruzadas, peregrinaciones, se forman logias, y los estudiantes y profesores viajan de universidad en universidad”.


Cervantes y Shakespeare son portavoces de la nueva época y en sus obras queda reflejado el fin del mundo medieval, el de la caballería y sus ideales. Así, España, donde más brillo tuvo la caballería, fue donde tuvo su mayor derrota, y ante el empuje de los ingleses y holandeses, el hidalgo enriquecido con el oro que llegaba de América, terminó muchas veces en pícaro y vagabundo. Además, la Contrarreforma, cerró todas las posibilidades para su entrada a la modernidad.

En Shakespeare hallamos que la tensión entre el mundo real y el ideal, se convirtió en una relación antitética. En la Edad Media, a pesar de que fue mayor el conflicto entre este mundo y el más allá, sin embargo, no se dio el conflicto trágico. Es el realismo político el que lo va a mostrar, y llevará a que se traslade el conflicto al alma del héroe. Esta será la gran labor de Shakespeare. Y así, las Moralidades –representaciones teatrales- que expresan la lucha psicológica, van a tomar en el drama isabelino el trágico conflicto de conciencia que aparecerá en los dramas de Shakespeare, y así, el destino trágico del héroe se convierte en el motivo de muchos de sus dramas. Aquí aparece también la idea protestante de predestinación que es simultánea con la formación de la tragedia moderna. Por eso señala Hauser, que en Shakespeare su “desbordada vitalidad correspondía lo mejor posible al concepto corriente del Renacimiento”.

En el campo de la paideia, hallamos que la educación ya no está en manos de la Iglesia, gracias al surgimiento de las lenguas vulgares. Y así, si en la Edad Media no había distinción clara entre lo público y lo privado, desde el Renacimiento comienzan claramente a deslindarse. Así, se da un paso progresivo de lo privado a lo público, el cual coincide con la voluntad de los poderes político y religioso de controlar el conjunto de la sociedad, y las nuevas estructuras educativas, en particular los colegios, cuentan con la adhesión de los padres, pues tienen muy claro que llevar a un niño a la escuela es someter sus instintos primarios. Se comprende que la instrucción de un joven le permite dominar las técnicas de la profesión a la que se dedicará a participar en la vida pública. Así, el éxito de la nueva educación, responde a un individualismo que aumenta sin cesar. Y así por ejemplo, aparecen códigos de urbanidad en los cuales se busca el ocultamiento de lo orgánico.

Sin embargo, en el caso de las mujeres de clases privilegiadas y las religiosas, eran educadas para el hogar, y sólo en las clases privilegiadas aprendían a escribir y a leer, dominaban el latín y a veces el griego, igual las religiosas; a las de clase baja se les educaba sólo en lo pertinente al manejo del hogar, y “como defensora de los valores privados se le consagraba a su defensa y transmisión”.

Como anota Chartier, “la entrada de las sociedades occidentales en la cultura de lo escrito, es una de las principales evoluciones de la Edad Moderna”. Con él vienen los avances de la alfabetización, la circulación de textos escritos, y la difusión de la lectura en silencio, cuyo precursor se dice fue Petrarca, instaurando una relación solitaria entre el escritor y el libro. Se publican libros en los siglos XVI y XVII, y así la Biblia es el primer libro producido en serie en Alemania a precios bajos.

El primer escritor moderno que expresa en público su propia intimidad es Montaigne, quien con sus "Ensayos", a la vez que crea un nuevo estilo de escritura, inicia una nueva relación del sujeto humano con la literatura.
Tampoco podemos olvidar que la asistencia del público a actos religiosos, permiten nuevas formas de educación. Así, la representación de Autos Sacramentales, no son sólo actos de piedad, y la asistencia a los teatros que fueron muy populares en Inglaterra, tenían un poder educador como lo tiene el cine hoy.
Erasmo de Rotterdam y François Rabelais, darán un toque definitivo a esta época. El primero con su "Elogio de la locura", encarnará el nuevo saber, alejado del convento, una cultura al servicio de la vida, y una ironía que se burla del clero. En su obra, no queda estamento eclesial libre de sus dardos, y como decía un autor, "allí se hace befa hasta de las cosas de Dios". Por eso, su obra va a ser considerada, "el grito de guerra del humanismo", y se escapará de los brazos inquisitoriales al recurso irónico de expresar que no es él quien habla, sino la locura.
Rabelais a su vez, es la expresión más acabada del Renacimiento, pues su obra "Gargantúa" es un balance crítico del saber medieval, y con su lenguaje grotesco buscará echar por la borda todo el esfuerzo medieval, hechando mano de un lenguaje escatológico, pero que en el fondo, a través de la risa, mostrará su confianza en la razón, en la bondad del hombre y su capacidad creadora, sólo que ahora lo hará alejado del pesado lenguaje que durante dos siglos fue el recurso de las instituciones educativas.

martes, 28 de septiembre de 2010

PALABRAS VIVAS Y “LENGUAS MUERTAS” III

LA PAIDEIA Y LA ESCOLASTICA
ÓSCAR LÓPEZ R. - Filósofo - Psicólogo

Nada más extraño para el hombre pragmático de hoy que la época Medieval, y sin embargo, gran parte de lo que somos se lo debemos a esa época tildada injustamente de “edad oscura”, pues en ella se logró recuperar gran parte de los logros antiguos greco-romanos, salvando de la ruina a numerosos tesoros perdidos. Por eso cuando se mira a lo largo del tiempo, la Edad Media, parece una larga época en donde pocos sucesos parecen dignos de resaltar, en comparación con nuestros tiempos turbulentos y caóticos. Sin embargo, quien se dedica a estudiar minuciosamente esta época, se admira de la cantidad de situaciones y dramas que vivieron los que transitaron por ella.

Europa había vivido hondas conmociones durante el fin del Imperio romano, debido entre otras causas a las invasiones bárbaras que se extendieron por todo el continente; eran hordas que con Atila se diseminaron por todas partes. Fue éste un período de disolución, que la Iglesia, gracias a su gran espíritu organizativo, y su nuevo ideal, fue la única capaz de combatir. Para ello contaba con un gran número de obispos (episkopos) y clérigos.

Los comienzos de la Edad Media los hallamos en el año 800 cuando Carlomagno, rey de los francos que llevó al continente a una paz anhelada, luego de tres siglos de invasiones bárbaras, y de la expansión del Islam, siendo coronado emperador por León III en Roma, y con el que surgía por primera vez la idea de una Europa, aunque incipiente. La victoria de los francos detuvo su expansión. Carlomagno hizo de Aquisgran su capital y se declaró el nuevo Cosntantino, que en el 325 legalizó el cristianismo. Aquisgran era ahora la Roma seconda.

Si ya decíamos que en el cristianismo la “paideia” tomó una forma religiosa como era el seguimiento de Cristo, en la Edad Media, En el Medioevo, la nueva forma que tomó la paideia fue la que le dio la Escolástica (del latín scholé, escuela); ahora un profesor que es un clérigo o sacerdote, enseña a sus alumnos a argumentar, disputar primero sobre las Sagradas Escrituras y luego sobre otros autores.

La Escolástica fue pues la filosofía enseñada en las escuelas episcopales, las abadías, y palacios, y luego llegaría a las Universidades. Surgió primeramente como teología; como estudio racional de los datos de la revelación cristiana, y luego se fue autonomizando dando origen a especulaciones relacionadas con los dogmas del cristianismo. Sus temas fueron primero los universales que tratan de la realidad de los conceptos, que para unos como Aristóteles son reales, mientras que para otros los nominalistas son sólo palabras vacías, “flatus vocis”; se estudió además el valor de los argumentos ontológicos, cosmológicos, teleológicos y eudemonológicos (sobre la felicidad) relacionados con la existencia de Dios, que hoy a muchos les parecen inútiles, pero que sin embargo tuvieron gran importancia en su momento.

El comentario será el prototipo del trabajo intelectual, el pasado filosófico se inscribirá en el presente del pensamiento gracias a la exposición de textos. Así Santo Tomás se apoya en comentarios de Pedro Lombardo, Aristóteles, Boecio y Dionisio. La confianza aristotélica en un mundo inteligible llevará a un racionalismo conceptual, y los textos de Aristóteles son incluidos en los programas de estudio, pero a su vez las traducciones de Aristóteles son traducidas en Toledo, con lo cual aparece la reflexión árabe, en especial, de Avicena, Averroes, el cual será duramente criticado por Santo Tomás.

Las lecciones de los maestros se centraban en comentarios de los pocos textos de los autores de la antigüedad clásica que circulaban en la época, pero ante todo los comentarios sobre las Escrituras, a partir de las “sentencias” o sobre personajes escogidos de las Escrituras o de los Padres de la Iglesia. Las lecciones eran interrumpidas por discusiones públicas entre los alumnos a partir de rigurosas normas de exposición y oposición, lo que llevó a que cayera en el formalismo y en la pedantería intelectual y de ahi el descrédito en el que cayó mas tarde, pero esa no era su esencia.

Carlomagno, al apoyar a la Iglesia estimuló la educación en una nación semibárbara como era la franca, y a pesar de ser un hombre ignorante, se esforzará por aprender el latin y el griego. Buscó maestros, siendo Alcuino el más eminente. Así, la educación cristiana y parte de la griega constituyeron la base real del resurgimiento carolingio. La mayor tarea de Alcuino fue interpretar y conservar los autores clásicos, quienes lograron sobrevivir gracias a los amanuenses, carolingios e irlandeses.

La universidad surgió de las escuelas urbanas que se oponían a las escuelas monásticas anquilosadas en posturas conservadoras. Se produce así un desplazamiento espiritual y geográfico en que se desmoronan las instituciones feudales, gracias al comercio, la circulación del dinero, la circulación por el Mediterráneo, el surgimiento de nuevas técnicas, la especialización del trabajo y el crecimiento exagerado de la población, formándose aglomeraciones urbanas, y una clase nueva surge, ligada, ya no a la posesión del suelo, sino al esfuerzo del trabajo y del dinero.

Hubo sin embargo una serie de movimientos socio-históricos que reforzarían todo este proceso desde las Cruzadas, y peregrinaciones que despertaron una fiebre de energía creadora, que le devolvieron a Europa una nueva vitalidad fruto del contacto con el Oriente Bizantino y los musulmanes. El tránsito del feudo a la comuna en el curso del siglo XII, permitió una mayor autonomía, responsabilidad personal y autodominio en problemas imprevistos. Todo esto se vió reflejado en las escuelas urbanas que rompían la antigua inmovilidad feudal.

Uno de los movimientos de mayor relevancia en este período, fue el auge de la caballería, que en un principio era una casta guerrera hereditaria y exclusiva, ya no es predominio de unos pocos. Sin embargo, el caballero está imbuído de un espíritu heróico y con una necesidad de vencerse a sí mismo, y eso le infunde un idealismo romántico. Su sentimiento es el de la Kalokagathía (el bueno y noble), que no es otra cosa que una resurrección de los principios morales antiguos en forma cristianizada. Las virtudes que preconizaba Aristóteles como fortaleza de ánimo, perseverancia, moderación, y dominio de sí, son asumidos ahora por los caballeros. A ellos se agregan las virtudes heróicas de la época feudal: desprecio del peligro, del dolor y de la muerte, la fidelidad, el afán de gloria y el honor, generosidad con el vencido, la protección al débil, la protección a las mujeres, la cortesía y la galantería, que tendrán en Don Quijote su máximo paladín.

La reapertura del Mediterráneo y la apertura del Atlántico abrieron el comercio, permitieron expandir la industria, y así Europa se llenó de una riqueza desconocida hasta entonces y que crearon la base para la construcción de las catedrales. Primero fue la abadía de Cluny que desde 1049 al 1109 llegó a ser la iglesia más importante de Europa, y llegó a extenderse llegando a tener 1200 filiales. Una de las ciudades más importantes en este proceso fue Chartres, famosa por su escuela y especialmente por su catedral; allí se empezó a estudiar por primera vez en forma seria a Platón y Aristóteles, quienes habían sido desconocidos durante varios siglos, y que fueron traducidos gracias a la paciencia de los monjes medievales. Famoso es aún el pórtico de la catedral, con sus figuras emblemáticas, reyes y reinas, que según Clarck sentaron “un nuevo peldaño en el camino del ascenso del hombre occidental”.

En efecto, sus rostros refinados, su pose hierática, sus miradas, son algo nuevo en el arte, aún superiores a los héroes y dioses griegos. Chartres fue además un bastión importante en el desarrollo de la ciencia moderna.

La construcción de la catedral de Chartres fue una obra colectiva como pocas, a la que contribuyeron todos los estamentos y clases sociales de Francia, y quienes quedaron representados en cada uno de sus vitrales. Por eso ha dicho Emile Male que “la catedral de Chartres es el espejo mismo de la Edad Media exteriorizada”.
Un personaje crucial de ésta época, sino el más eminente, fue Tomás de Aquino, nacido en 1224; múltiples hechos estaban ocurriendo en Europa, por ejemplo, Luis IX en Francia inauguraba la primer cruzada, los albigenses tenían suficiente poder. Los musulmanes instalados en Granada, gracias a su victoria de 1212, querían extenderse aún más, y en el continente asiático los tártaros hacían de las suyas. Así, la cristiandad era consciente que el mundo era más grande de lo que se pensaba.

Cuando Santo Tomás llegó en 1245 a París, se convirtió en alumno de San Alberto El Grande, y luego sería profesor de teología, luego lo seguirá a Colonia, para luego retornar a París. A su regreso, la Universidad de París enfrentaba u na ardua batalla entre los monjes seculares y regulares, y hasta se presenciaron huelgas profesorales. Las luchas no solamente eran corporativas, sino también doctrinales, y uno de sus motivos fue la difusión del aristotelismo, siendo Santo Tomás un actor importante en la defensa del filósofo griego, logrando crear por primera vez una de las más fecundas síntesis entre el pensamiento helénico y el cristiano. Así París, se llena de una población ávida de saber, y surgen las nuevas facultades como la de artes, la de medicina, y derecho. La universidad entonces es la creación inédita de un orden nuevo, y de un nuevo cristianismo; pero el alma de la universidad es la facultad de teología que gradúa profesores con una licentia docenti (licencia para enseñar teología), situación novedosa que no era conocida en el Oriente. Es una especie de “doctor en teología” que forman el grupo de los Magistri, de los cuales los más importantes serán San Alberto y San Buenaventura, y que luego llegaron a ser “doctores de la Iglesia”. Su enseñanza está provista de técnicas y formularios, con ritos propios de auditores que en gran número se aglomeraban para escucharlos, y se zanjaban las más arduas discusiones de una riqueza como pocas veces se vio en las universidades.

París se convertirá en la ciudad universitaria por excelencia, y fue llamada, “omnium studiorum nobilissima civitas” (la más nobilísima ciudad de todos los estudios), y además, fue el centro intelectual de la cristiandad, el dominio por excelencia de la alta cultura, y Alberto el Grande la llamó la “civitas philosophorum” (la ciudad de los filósofos, la nueva Atenas); pero todo esto se debió sobre todo a la presencia de Santo Tomás, y como dice Chenú, “París era su lugar natural”. También se dio en esta ciudad el tránsito del helenismo al cristianismo, y según Gilson, todo fue obra del bienaventurado Dionisio de Areopajita, quien llegó a París para hacer de ella la madre de los estudios como una nueva Atenas.

El siglo XII marca una de las más ondas rupturas en la evolución de la sociedad europea; sin embargo, hallamos una continuidad en todo el proceso del tránsito del Medioevo hacia el Renacimiento, fue un siglo clave, pues fue el que le dio a la civiliación europea su gran ímpetu, y los cien años entre la consagración de Cluny y Chartres, dieron origen a lo que es hoy la civilización europea. En la literatura hallamos el Percival de Wolfram von Esencbach y La Divina Comedia de Dante

De aquí que muchos autores señalan dos renacimientos: uno medieval y otro humanista dándose así una paradoja de un renacimiento que engendra una escolástica. El retorno a la antigüedad implica un nuevo clima, pero en suma, Platón y Aristóteles, van a sobrevivir en San Buenaventura y en Santo Tomás, y si en un principio Aristóteles era considerado con recelo como un filósofo pagano, el gran aporte de Santo Tomás fue que llegara a ser considerado el filósofo por excelencia. De ahora en adelante, la física y las ciencias de la naturaleza comienzan a surgir igual que los estudios del hombre.

Otro proceso importante es el surgimiento de la Orden de predicadores en el siglo XIII, que responderán a los nuevos retos de la época como ocurrirá con Santo Domingo, que fundará la Orden Dominicana y será uno de los santos más reconocidos de su época, y se aplicarán a enseñar en escuelas y universidades; la cumbre de este proceso será San Francisco de Asís, “el más bello fruto” de su época; con las órdenes mendicantes, se buscará un retorno al cristianismo primitivo, y sacará a la Iglesia de la crisis en que se hallaba, en especial por la descomposición del clero romano y europeo.

Al ser condenado Santo Tomás por su aristotelismo, encontrará en San Alberto su más cálido defensor, y lo defenderá aún después de que haya muerto Santo Tomás.

El primer gran esfuerzo que se hizo en la evolución de la lectura de la Biblia de tipo pastoral a una disciplina científica, se debe a la Escolástica; así se pasó de los sermones de San Bernardo a las exposiciones universitarias en el siglo XIII, pasando así de la paráfrasis pastoral a la exégesis, es decir, un análisis subjetivo de los textos con técnicas apropiadas, y ya no tanto en busca de una edificación espiritual.

La formación de las Sumas en el siglo XIII, la más famosa de las cuales es la de Santo Tomás, ilustra el cambio que se da entre una historia santa y una ciencia organizada como es la nueva teología. Un primer efecto de esto, es el análisis de las palabras buscando su sentido inmediato, clasificándolas en categorías, se buscan las razones de las cosas, de los hechos, de las palabras. Luego de esto, el maestro medieval va a pasar de la expositio a la cuestio, de la exposición a la interrogación, y de ahora en adelante se habla de cuestiones disputadas, que es un ejercicio escolar más allá del comentario textual.

Con la consagración de las iglesias de San Dionisio y de Chartres, la Ile de France, asistirá a una síntesis de los logros artísticos del sur de Francia, y las múltiples tendencias de la herencia románica se transformarán en el molde gótico. El románico se aplicaba a la parte final del siglo XI, y el cual consistía en el uso de masas de piedra pesadas, y el “gótico”, en el cual “la piedra se hace ingrávida”. Además, los murales en las paredes son sustituídos por el vidrio, lo que va a impactar aún más los sentidos en un sentido sensual y emocional. Esto es lo que hace inigualable a la catedral de Chartres y a sus congéneres francesas; comenzó también con la reconstrucción de la Abadía de San Dionisio alrededor de 1145.

Fue la unión de intereses imperiales y eclesiásticos lo que promovió la gran expansión cultural europea, a diferencia del Oriente en donde una poderosa teocracia dominó durante varios siglos, creando una sensación de inmovilismo que persistió casi hasta nuestros tiempos.

A diferencia de occidente para el cual lo real sólo es lo material, en la Edad Media el mundo es un símbolo para el hombre que piensa; cada ser esconde un pensamiento divino. El mundo moral y el mundo sensible no forman más que una unidad. Así, los artistas le dan a los animales y plantas, y en general a todo lo existente, un sentido simbólico. Este exceso de alegorismo es el que va a dar con el traste de todo el pensamiento medieval; sin embargo, la idea más importante que dejará el Medioevo a la civilización, es el ideal de eternidad, y como anota Clarck, esta es una parte importante de la civiliazción.

Siendo Santo Tomás el cúlmen de la filosofía escolástica, al no hallar continuadores de su talla, la Edad Media Cristiana termina desgarrada; por un lado, en una visión pesimista del mundo como lo muestran las Danzas Macabras. Se impuso una filosofía llena de conceptualismos, el Ser es formalizado por Scoto, o se cae en el voluntarismo de Ockam, quien pregona un Dios que puede querer el mal, destruir el mundo y hacer que los inocentes se condenen.

La Iglesia se enclaustra frente a los avances modernos, e inerme ante su propia descomposición, impide el desarrollo de nuevas ideas como las que impulsaba la modernidad, y durante siglos se colocó a la defensiva; sin embargo, por doquier se sentía la necesidad de un renacer que ya se preludiaba y que tuvo sus orígenes en la misma Italia de los Papas. El fausto de Goethe y la Divina Comedia, son la expresión de la contradicción, y la nostalgia de un mundo nuevo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

PALABRAS VIVAS Y “LENGUAS MUERTAS” II

LA PAIDEIA CRISTIANA

Óscar López R. - Filósofo - Psicólogo

A primera vista nada parece más antitético que el pensamiento cristiano, heredado de los judíos y el pensamiento griego. Sin embargo, en el mundo antiguo se dio la fusión de ambos elementos, Y así, si hubo una cristianización del mundo de habla griega en el Imperio romano, también hubo una helenización del cristianismo. El crtistianismo “aprendió a reflexionar con categorías ajenas”, y se prresentó como “una experiencia totalmente nueva de la divinidad y su gloria, la de un logos acerca de Dios a partir del logos de Dios que se expresa en una palabra profética y encarnada” (H.U.v. Balthazar).

El mensaje cristiano, muy pronto superó las fronteras judaicas y llegó hasta el mundo dominado por la civilización y la lengua griega. Según Jaegger, “este fue el hecho decisivo en el desarrollo de la misión cristiana y su expansión por Palestina y más allá de sus fronteras”… “los ideales culturales griegos y la fe cristiana se mezclaron… pues existía una unidad final entre ambos un núcleo de ideas comunes”.

Este contacto con los griegos permitió afianzar al cristianismo en su ideal de universalidad, y por eso, necesitaba confrontarse con otra concepción universal como la helénica. Además, las religiones paganas habían perdido toda su vitalidad, y el crisitnismo “se presenta como una fe que merece la pena vivir porque es también una fe por la que merece la pena morir”. Pero aunque era una religión abierta a hombres y mujeres de todas las clases, cultos e iletrados, ricos y desposeidos sin embargo se presentaba como la única y mejor alternativa, lo que era una ventaja en un mundo confuso y enfermo.

Sin embargo como anota Dodd, era solidaria con todos los excluídos en un mundo duro como era el de esos tiempos. Creó así un sentimiento de grupo en un mundo de desarraigados, tal como nos muestran los estoicos que ante las miserias políticas prefirieron ser cosmopolitas a ser miembros de paises injustos.

Así pues, una de las tareas más monumentales de los primeros cristianos, fue su esfuerzo por incorporar los elementos griegos a la doctrina enseñada por Jesucristo. La palabra paideia es utilizada en los Hechos de Felipe: “he venido a Atenas a fin de revelarles la paideia de Cristo”.

Como anota Jaegger, hubo una “continuidad histórica y transformación de la tradición de la paideia griega durante los primeros siglos cristianos… la civilización griega ejerció una influencia profunda en la mente cristiana” (Cristiano primitivo y paideia griega).

Esto permitió que el cristianismo utilizara conceptos, categorías intelectuales y metáforas griegas. Además, el griego era hablado en todas las sinagogas mediterráneas. Ya el mismo Evangelio de San Juan empieza con esta afirmación: “en el principio era el Logos”; además, en los Hechos de los Apóstoles al hablar de las comunidades griegas, aparecen nombres griegos como Esteban, Felipe, Nicanor, y utiliza expresiones griegas, una muy importante, la palabra Eklesia, que se refiere a una asamblea de ciudadanos de una polis (ciudad griega); el mismo San Pablo, hombre de gran cultura, a diferencia de la mayoría de los apóstoles, se caracterizó por su celo misionero, y recorrió gran parte de las ciudades antiguas, en especial griegas, como Corinto, Éfeso, Colosa, Tesalónica, y tuvo como centro de su predicación las comunidades de los gentiles, es decir, los no judíos, y empleó en varias ocasiones el término paideia, en el sentido de instrucción, disciplina. Así, la palabra conversión, que tiene un hondo sentido en el cristianismo, está tomada de Platón.

Sin embargo, si la paideia cristiana vino a ser una continuación de la paideia griega, a su vez se dio un cambio radical, pues ahora es Cristo el centro de la nueva paideia, y la griega se convierte en un auxiliar suyo.

Los padres de la iglesia, San Clemente Romano, los apologistas, los alejandrinos, los capadocios, y San Gregorio de Niza, forman parte del enorme esfuerzo que se dio en el cristianismo primitivo por lograr un acuerdo entre ambas mentalidades. Así, San Clemente postula una serie de virtudes cristianas muy afines a las del pensamiento político griego, y para ello utiliza la tradición de la paideia clásica, citando a Sófocles y Eurípides. La concepción orgánica de la sociedad que tomó del pensamiento político griego, va a adquirir en él un sentido casi místico, al interpretarlo como una unidad en el cuerpo de Cristo.

Lo que favoreció la helenización del mundo, fueron las campañas de Alejandro Magno en especial su campaña del año 334 A.C., y con ello se creó un nuevo espíritu que enriquecería a todo el mundo conocido. El recurso de Alejandro fue el reclutamiento militar, y la fundación de ciudades, que fue su manera de helenizar los pueblos. Se creó así un mestizaje étnico y espiritual. Como dice Alfonso Reyes: “la cultura helénica esparce sus beneficios y, a su turno, recibe la fertilización religiosa e imaginativa de la mente oriental. Se crea también un lenguaje universal tomado del griego, y es la koinée o lengua universal que hablarán los helenos, asiáticos y africanos.

Grecia cayó en manos de los romanos en el 146 A. C., y si bien, fue conquistada militarmente, se ha dicho que Grecia conquistó a Roma, tomando de ella hasta los dioses, lo que llevó a que las clases altas asumieran las creencias y el saber griego. El mismo Virgilio, el poeta nacional romano, a instancias del emperador Augusto compondrá la Eneida, buscando seguir los pasos de Homero con su Iliada .

La edad alejandrina va desde el año 300 A. C. hasta los comienzos de la era cristiana, y Alejandría se convierte en la capital de la cultura helenística. Le seguirá la filosofía helenístico-romana, que va desde la muerte de Aristóteles en el 322 A. C. hasta la muerte de San Agustín en el 430 D. C.

A partir del siglo II D. C., se desarrolló una amplia literatura con la cual los cristianos querían defenderse de las críticas paganas, empleando un tipo de discurso didáctico, surgiendo así los apologistas, quienes no se dirigieron propiamente a la masa, sino a los cultos, y en especial a los gobernantes del imperio, quienes fueron hombres de una mayor cultura. Así, San Justino, llama a los emperadores: “hombres píos y filósofos”, “amantes de la cultura” (Paideia).

Orígenes fue uno de los principales apologistas, y como señala Jaegger, para él la filosofía era tanto Logos (pensamiento) como Bios (forma de vida), como ocurría con todos los filósofos antiguos. Según él, los modernos fracasan al interpretar la filosofía antigua no reconociendo su capacidad religiosa como la entendía Orígenes, Plotino y Porfirio. Origenes tuvo varios discípulos, entre ellos Gregorio El Taumaturgo, quien expresó que su maestro alababa siempre a la filosofía y a los verdaderos amantes de ella, pues sólo ellos llevan la vida que corresponde a los seres racionales.

La mayor acusación que debíeron rebatir los cristianos era la del ateísmo y canibalismo: ya por que no veneraban a los dioses del Estado, y negaban honores al emperador, o ya por que en la eucaristía comían la carne y bebían la sangre de Cristo. San Justino señalaba que no creer en los dioses era tan viejo como la misma filosofía; para él, Sócrates fue el mártir de un concepto más puro de la divinidad, señalando cómo en él y en Jesucristo apareció el logos divino, pero en Cristo el logos se hizo carne.

Filón de Alejandría, filósofo judío, fue el que mejor absorbió la vieja tradición griega, y utilizó un amplio vocabulario conceptual, y quien trató de probar que su religión hebrea podía ser expuesta y entendida en términos de la filosofía griega.

Vinieron luego los neoplatónicos, quienes poseían un mayor nivel intelectual que los apologistas, y éstos que vivían en Alejandría, capital del mundo helénico, eran los llamados a cumplir un papel importante. El epicureísmo y el estoicismo, aunque no se crea, satisfacían una necesidad religiosa, y llenaron el vacío dejado por el abandono de los dioses olímpicos.

El neoplatonismo se entiende cuando se le reconoce el papel del “divino Platón” que era la suprema autoridad religiosa, y sus ideas eran interpretadas como pensamiento de Dios. Esta idea nutrió a Clemente de Alejandría y a Orígenes, fundadores de la filosofía cristiana.

“La predicación cristiana a los paganos comenzó por el anuncio del Dios único, que era la concepción predominante entre los judíos y los judeocristianos, para los cuales el Dios único es desconocido a los paganos, politeístas e idólatras, y el cristianismo tuvo su fuerza en aquellas capas sociales en que el politeísmo era una fuerza viva”. (Bultmann). Por eso, los judíos en el Antiguo Testamento polemizaron contra las religiones paganas y la crítica al culto de muchos dioses, como se ve en Isaías, Daniel y la Sabiduría de Salomón. El judaísmo helenístico anteponía ideas de la religiosidad helenística, en especial de los estoicos, según la cual, Dios gobierna al mundo por medio de la sabiduría.


En los Hechos de los Apóstoles cuando Pablo visita a Atenas y pronuncia su famoso discurso en el Areópago, delante de filósofos estoicos y epicúreos y les habla del Dios desconocido, citando el verso de un poeta griego, “porque somos linaje suyo”; con su discurso buscaba convencer a hombres adiestrados en la filosofía. “Para la predicación cristiano helenística: el mundo del paganismo está aún hundido en la Agonía (error) y Plani (extravío). San Pablo, habló de los gentiles como “que no conocen a Dios”, y les dice a los cristianos de Galacia venidos del paganismo, “cuando no conocíais a Dios, servíais a los que en realidad no son dioses””.

Otro movimiento que tuvo relación con el cristianismo fue la Gnosis, que se convirtió en un gran rival del cristianismo, en especial el gnosticismo oriental, al cual tuvieron que enfrentar los pensadores cristianos; para aquel, el mundo es algo extraño para el hombre, incluso es una cárcel, y de ahí que el hombre debe luchar contra él, no sólo dominando las pasiones, sino rechazándolas. Asimismo, el Yo individual es una chispa de la divinidad, pero que está prisionera por unas potencias demoníacas, y de las cuales cada individuo debe liberarse él mismo, y niegan la humanidad de Jesús, el cual según ellos es un ser aparente, no real y no histórico, niegan la resurrección y el juicio.

El cristianismo también se presenta como una gnosis, señalando que el mundo es creación del Dios único y verdadero, y que por ello el hombre con su cuerpo y su alma son creaciones de Dios.Pero al aceptar la encarnación de Cristo, indican que el hombre no se libera él sólo. San Pablo también luchó contra los gnósticos de Corinto, que afirmaban que no hay resurrección de los muertos.

Los dos primeros siglos de la era cristiana fueron de una gran confusión y en la que hubo una abigarrada mezcla de filosofías y religiones, desde el estoicismo, el judaísmo, los apologistas cristianos, los sistemas gnósticos, las religiones orientales de Isis, Mitra, amén de las ciencias como la alquimia, la medicina y la mecánica.

En síntesis, el tránsito del mundo antiguo al cristiano no fue fácil, y se expresa en la lucha entre las diversas religiones orientales que rivalizaban con el cristianismo, y en la cual el cristianismo presentó una férrea oposición, y se impuso sobre todos ellos, llegando su apogeo hasta el medioevo.

Durante casi mil años, el hombre se desentendió del mundo material y su único interés fue la salvación del alma, cuando aparecen el monaquismo y los padres del desierto. La invasión de los bárbaros y una serie de desatres materiales, llenaron al hombre antiguo de un hondo pesimismo; se retrajo a la salvación del alma. Es aquí donde floreció la filosofía de San agustín y su Ciudad de Dios contrapuesta a la Ciudad del hombre.

En el siglo IV, el cristianismo dejó de ser una religión perseguida, cuando el emperador Constantino por el Edicto de Milán en el año 313 D. C., permite la libertad religiosa y la igualdad de derechos para los cristianos, la devolución de bienes expropiados a la Iglesia, y la abolición del culto estatal. Más adelante el Cristianismo fue establecido como la religión oficial del Imperio, con consecuencias definitivas para el desarrollo de lo que se ha llamado la cristiandad, que será entendida como una antítesis del auténtico cristianismo.

sábado, 21 de agosto de 2010

PALABRAS VIVAS Y “LENGUAS MUERTAS” - PAIDEIA I

ÓSCAR LÓPEZ R. - Filósofo, Psicólogo



Vivimos de las palabras, las necesitamos, y hoy día, hasta nos hartamos de ellas; un mundo de simples gestos y señales, y hasta el mismo amor, son hermosos, pero sino los podemos expresar, se tornan opacos y equívocos, pues, ¿cómo podríamos señalar lo que pensamos y sentimos sin palabras? El mundo está iluminado porque hay lenguaje; por eso se ha dicho que él es el modo originario y primitivo del estar del hombre en el mundo. Como dice Heidegger dice: “todo el ser, en cuanto puede ser comprendido es lenguaje”; él no sólo nos abre el mundo, sino un mundo, no el yo, sino un yo, es decir, un determinado modo de subjetividad histórica y culturalmente determinado.
A través de las palabras podemos conocer y transformar la realidad individual y social. Gracias a esto, Hitler utilizó a los alemanes al extremo de hipnotizarlos y convertirlos en instrumentos de sus políticas criminales. Predicadores y publicistas, utilizan hábilmente los recursos lingüísticos para sus fines. Si antes creíamos que podíamos utilizar las palabras como servidoras nuestras, hoy sabemos que sómos más bien nosotros su instrumento y hasta sus esclavos, de ahí que muchas veces ellas nos dominan y nos hacen arrepentir de lo que decimos .

El actual, es el tiempo de los Encuentros, Diálogos, Conferencias, pero las palabras que supuestamente nos sirven para entendernos, hoy son elemento de incomprensión. Nunca se ha hablado tanto como en nuestros días, y sin embargo, paradójicamente, jamás ha sido más grande la incomunicación en nuestro planeta hiperconectado. El lenguaje está en crisis, tanto porque se han hecho caducos los términos usados por la racionalidad clásica, como por el abuso que de él se ha hecho por todos los medios. Además, aún no disponemos de una racionalidad que esté a la altura de la complejidad de nuestra época. Evocando al poeta, las palabras “se nos descomponen en la boca como hongos podridos” (HOFFMANSTHAL). “La antigua casa del lenguaje se ha hecho inhabitable”.

Necesitamos recuperar el poder de las palabras. Y lo más urgente, es volver a sus fuentes. Gran parte del caudal de palabras que han enriquecido nuestro idioma vienen del griego y latín, los dos idiomas clásicos en los que se educaron Europa y nuestra América, y han configurado nuestro pensar, al punto tal que sin ellas, apenas si podríamos expresarnos cabalmente. No sólo las ciencias, sin el mundo lenguaje cotidiano están repletos de incontables palabras griegas y latinas.


Del griego, vienen términos del lenguaje común como del cientìfico, desde las famosas “logías” (de logos): geología, psicología, antropología, etc, de “philos” (amor), filosofía (el amor a la sabiduría ), o la filantropía y su contraria “misos” (odio), de donde viene, la misoginia, el misoneismo (odio a lo nuevo). El Kyrie eleison (Señor ten piedad) de nuestras misas, o las palabras de la botánica, anturio, “gimnospermas”, las plantas fanerógamas (que tienen la semilla desnuda); igualmente neumático del griego “pneuma” soplo, pero también “espíritu”, por no hablar de orquesta, persona (máscara ), carácter (sello, impronta), son todas ellas palabras del griego.

Del latín, ni hablar, pues lo sentimos presente en nuestro lenguaje, y aún el mismo Linneo realizó su monumental clasificación botánica y zoológica con términos latinos. Así nuestro condor de los Andes en términos latinos es el “ vultur gryphus”.

¿Por qué entonces hablar de idiomas muertos cuando están vivos en nosotros? El término logos, es el que resume el ideal griego del conocimiento. Despúes de éste la expresión de más hondo sentido que nos viene de los griegos es paideia, de donde se tomó el término “pedagogía”, que vino a significar lo más característico del ser humano, y cuya traducción resulta casi imposible, pues lo que con ella se quiere significar no es algo simple. Así, un sentido envolvente de ella es el término “cultura”, que en nuestro mundo moderno es un pálido reflejo de lo que para ellos significaba la totalidad de la obra creadora del hombre; hoy ha sido trivializada, pues ya no es un ideal consciente, aunque afecta lo más íntimo del ser humano.

Pero ésta expresión no está aislada, y no es inteligible sino ligada a otras como la idea de polis, Ciudad estado, y areté, nobleza. La historia de la paideia, considerada como el conjunto de las relaciones entre el hombre y la polis, cuya máxima aspiración es crear una verdadera comunidad de hombres virtuosos, se enlaza con el concepto central de la educación griega que es el de la areté.

Como lo señala Werner Jaegger en su nunca ponderada PAIDEIA, el primero en utilizar la palabra paideia fue Esquilo, en el sentido de la “crianza de los niños”, que más tarde fue enriquecida con el concepto de areté, que utilizó Homero en La Ilíada y La Odisea, el máximo educador del pueblo griego en sus inicios. La areté, es una fuerza, una capacidad, en especial, una destreza del guerrero, pero que luego evolucionó en un sentido más espiritual al vincularse con el sentido del honor. Y así, el vigor y la salud son la areté del cuerpo, y la sagacidad y la penetración, la areté del espíritu. En este sentido, la areté es una virtud, y es un término superlativo para expresar algo selecto, que no solamente era del ser humano, sino del mundo en general. Sólo en la fase tardía adquirió el sentido puramente humano. Para Homero, sólo es noble el que tiene sentido del deber frente al ideal que se ha propuesto, y su violación despierta la némesis, venganza.

Aristóteles señala que por el honor se llega a la areté: “los hombres aspiran al honor para asegurar su propio valor, su areté”. En el mundo homérico la mayor tragedia humana era negarle a alguien su honor, y así, los héroes se trataban con respeto y honra, y por eso para los héroes “la sed de honor era algo insaciable”. De ahí el anhelo del elogio y el temor a la reprobación que era causa del deshonor. Incluso los mismos dioses buscaban honor y deseaban que en el culto se glorificaran sus hechos, castigando toda violación de su honor. Así, para Aquiles la mayor ofensa fue haberle sido negado el honor; igualmente Ayax, el héroe más grande después de Aquiles, terminó en la locura y el suicidio, al haberle sido negado el honor.

A partir de la paideia, los griegos buscaron expresar la educación del hombre en su auténtico ser, y como anota Jaegger, “a ella aspiraron los educadores griegos, así como los poetas, artistas y filósofos. Por eso, fue relacionada como el “conócete a ti mismo”, es decir, el conocimiento de la verdad primera, de la cual pende todo lo demás. Este primer principio es el logos, y constituye el objeto propio de la filosofía, en cuanto reflexiona sobre el ser humano, en la búsqueda del significado y fin de su existencia.

En Atenas, a diferencia de los espartanos que cifraban la educación en el dominio de los otros por la fuerza; la paideia, es la dirección de la vida humana bajo el hilo del logos, manejado por la mano de Dios, como lo indicó Platón, (Leyes, 645). Él quiere un legislador intermediario entre Dios y los hombres, recordando así al famoso Minos que “hablaba con Dios”, así como lo hacían antiguamente los legisladores de la polis, y cuyo objetivo era el autodominio. Pero esto no se logra si la educación no empieza desde la primera infancia, en especial, enseñando a los niños, el dominio y encausamiento del placer y del dolor; por ello, la paideia se convierte en pedagogía.

Si en esto se fracasaba, se hacía más difícil la educación posterior, y en esto no eran ilusos Platón y el mismo Aristóteles, quiénes veían en el freno de los instintos un elemento importante para la educación moral.

Por eso, los verdaderos representantes de la paideia griega, son los poetas, los músicos, los filósofos, los retóricos, los oradores, en suma, los que con la palabra y el ejemplo, ayudan a educar el hombre. Así las cosas, la paideia no es un simple adiestramiento. Cuán distinto es hoy, cuando colegios y universidades en vez de educar, están cada vez más adiestrando expertos, violentando la necesidad humana de integralidad. Por eso el dominio del planeta ha quedado en manos de tecnócratas, bárbaros que sólo pueden hablar de su estrecha especialidad, muy alejados del ideal clásico, el kalos kagathos, (el ser humano bello y bueno), bellos espiritualmente y noble humanamente, y que a pesar de sus fallas, dieron lustre a la cultura clásica.

Por eso la paideia es la educación de los sentimientos, de lo agradable y lo desagradable; no era una educación puramente racionalista, y de ahí la importancia que se le daba a la música, la danza y los cantos corales. En esto se veía una característica humana, el poseer el sentido del ritmo y la armonía, y el desarrollo del juego como un impulso poderoso para el desarrollo del sentido moral y artístico. Sólo así se sentía que el hombre era un ser culto, el que lleva en el alma una pauta que le permite distinguir lo hermoso de lo feo, y que unía así la ética y la estética. Pero todo esto debería ser encausado, y no era dejado al simple capricho individual, o a la manipulación de los medios como ocurre hoy día.


Homero fue el representante de la paideia en sentido tradicional. En él la poesía trágica expresa el elemento “patético” que la poesía ejerce sobre el alma; Platón rompe con esto, a él le interesaba sólo aquella que sirva al hombre como ciudadno, como triunfador en las guerras. Como discípulo de Sócrates, acentúa la responsabilidad moral del hombre, no sólo ante sus conciudadanos, sino ante Dios, y ésta va a ser la premisa suprema de toda acción educativa. La idea socrática del fin de la vida, va a iluminar ahora toda idea de educación, y así, la verdadera esencia de la paideia consistirá ahora en poner al hombre en condiciones de alcanzar la verdad, y ésta es la meta de su vida.


El momento que vivieron Sócrates y Platón, era de una disolución general de la polis, y Platón no se hizo ilusiones sobre la política, luego de su fracaso con Dion de Siracusa, y por eso plantea la restauración de la polis en el sentido moral interior. En esto sirvió la idea de Sócrates, de que su mayor servicio a la polis es servir a Dios, pero de un Dios distinto al de la idea oficial de la divinidad. Se erige así una nueva idea de Dios y de la religión, que ordenan que el individuo debe enfrentar las tentaciones, por esta idea de Dios fue condenado Sócrates.

La idea motriz de Sócrates, de que la voluntad humana tiene un sentido, y que la voluntad es racional porque se dirige al bien, serán los factores decisivos en la nueva idea de paideia. Como anota Jaeger, “la paideia es la suma y compendio de la posesión del hombre socrático”. Esta idea es relevante en cuanto indica que la verdadera razón de la vida es la lucha por la libertad interior en un mundo en disolución, y en el que sentimos conmoverse todo. La paideia es frente a todo esto, “un punto de resistencia invulnerable”.

El hombre actual vive una vida sin sentido; la vida de las mayorías es una existencia sin ideales, y los poderes dominantes les hacen creer que el afán de novedades, y la posesión de bienes materiales le dan sentido a su existencia. La realidad es que se vive cada vez más en un mundo de “mentiras útiles”, que no son otra cosa que falsas creencias, que disimulan y/o ocultan la desesperación. Las mayores víctimas de esto son nuestros jóvenes, que viven en un nihilismo, que no es otra cosa que la desconfianza frente a un mundo engañoso. Frente al injustificado optimismo tecnológico que se vive por doquier, necesitamos una nueva paideia para nuestros tiempos, que integre al hombre consigo mismo, con sus semejantes, con la naturaleza y con la divinidad.
No se trata de volver a tiempos pasados o a ideales caducos, sino de recuperar lo eterno que hay en los ideales; para el hombre planetario de nuestros días, enfermo y en un mundo sin rumbo, la paideia es el camino.

sábado, 17 de julio de 2010

UN ANHELO BICENTENARIO

Óscar López R., Filósofo, Psicólogo

La historia humana tiene siempre dos rostros: uno que mira al pasado, y otro que alienta al futuro, y de su equilibrio depende que no nos atemos a nostalgias sin sentido, o a futurismos ilusorios. La verdadera realidad es el presente, y necesitamos de ambos como sus ingredientes. El pasado se expresa en forma de herencia cultural, y el futuro nos nutre con utopías que orientan nuestro vivir.

Celebramos en Colombia y otros países latinoamericanos por éstos días, doscientos años de la gesta independista. Gobiernos y académicos, nos traen el recuerdo, y es mucha la tinta que se ha derramado sobre el evento. Prestigiosos historiadores han señalado lo que significa la gesta libertaria, y los medios de comunicación se han explayado sobre el tema, pero ¿qué le dice esto al ciudadano medio nuestro?

¿Qué querían los habitantes del Nuevo Reino de Granada y de toda América, en los inicios del siglo XIX? ¿No era el anhelo de que los logros gestados en Europa, las transformaciones que los colocaron en el camino de la modernidad política, económica y religiosa, a partir de la Revolución Francesa y la de Norteamérica, se hicieran realidad en nuestro continente?

Pero su sentimiento era más parecido al que hace cien años expresó un autor bogotano, Don Tomás Rueda Vargas, evocando en 1910, los cien años dicha celebración:

“Al hablar de la palabra independencia veía una cosa compacta, uniforme, tersa y brillante, pero insípida. Al mirar los retratos de los próceres, veía unos hombres, mejor dicho, unos héroes sin discrepancia entre sí unidos en un mismo anhelo, y un común esfuerzo por combatir a un enemigo común; con la misma cara rubicunda, la misma mirada feroz, la misma boca pequeña y contraída en todos, con sus cuellazos hasta las orejas, su mentón contraído, la nariz de águila y las cejas amenazadoras y juntas, eran los próceres eternamente, integralmente, terriblemente próceres. Ellos eran siempre viejos, siempre solemnes, siempre héroes. Jamás habían sido niños, ni jóvenes, y mucho menos hombres. Los civiles, y sobre todo, los mártires, siempre bizcos y con aquella expresión amarga y terrible en que el artista había querido interpretar la energía”.

La sensación general del hombre común, hoy, es que si bien en doscientos años, ha habido progreso, en lo esencial, es decir en la de la vida, la educación, seguridad y salud, no es mucho lo que hemos avanzado. A pesar del optimismo de los celebrantes, la trágica realidad nacional es la de inseguridad, desempleo, desplazamiento, que nuevas celebraciones, no cambiarán nada.

Las estadísticas hablan por sí solas. En el campo de la salud, con mayor cobertura, pero sin calidad y convertido en un jugoso negocio para algunos grupos. En la educación se habla del “desempleo ilustrado”, más injusto que el del personal no calificado, pues significa la frustración de un gran número de profesionales, obligados a vender su saber -si consigue empleo- a menor precio, o emigrar, si puede. El campo, abandonado en gran parte, generando desplazados en casi las grandes ciudades. En suma, que si ha habido cambios políticos, éstos no han permitido una transformación social que mejore sus vidas.

Pero, sin ser fatalistas, sabemos que como toda realidad histórica es dinámica, diversa y contradictoria, existe otra Colombia que se nutre de anónimos héroes que buscan el sustento diario, o anhelan un empleo digno que cada día es más escaso.

Esta es la otra cara de nuestro país, lleno de riquezas tanto naturales como humanas, ambas inexplotadas en unos casos y saqueadas en otros, por obra de un modelo de desarrollo feroz por grupos de presión que han confiscado nuestra historia y nuestra nacionalidad.

El deseo expresado en la Constitución del 1991, que sustituyó a la anterior, excluyente, de que el nuestro sea un país plural y diverso, cultural, social, político y religioso, hasta ahora no ha encontrado su cauce, y más bien la atroz violencia sobre los pueblos indígenas, la exclusión de mujeres, minorías diversas, niños muertos prematuramente por falta de adecuada alimentación, de jóvenes que se debaten en la frustración, por el desempleo, o en ancianos sin una vejez digna por carecer de pensión, o del gran número de quienes se ven obligados a emigrar, por no hablar de desplazados por el narcotráfico, la guerrilla, etc.

En todos ellos late un deseo de vivir plenamente, y de ahí las múltiples formas de expresión, de los inventores anónimos que sin ayuda del Estado forjan obras que son admiración de propios y extraños, sea en el fútbol, la moda, la música, la ciencia, el arte, la danza, en cualquier lugar del mundo dejan en alto el nombre de nuestra patria. Y se puede decir que se han hecho a sí mismos, y con una tenacidad envidiable han logrado salir adelante.

Nos hallamos frente a una situación que toca todas las fibras de nuestra realidad nacional. Sus causas son múltiples y hondamente arraigadas en nuestra cultura; en especial el fenómeno es estructural, pues se ha combinado un crecimiento con exclusión, asumiendo la clase dirigente con un esquema neoliberal, que las oportunidades llegarán iguales para todos, cuando en verdad, la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado, y es mayor hoy el número de excluidos que hace diez años, como lo demuestran las estadísticas al respecto.

Así pues, para algunos la celebración bicentenaria, puede tener sentido en cuanto que magnifican el pasado, pero para la mayoría, se pierde en el campo de rituales que sólo sirven para recordar que si doscientos años son poco, en realidad son mucho, pues a pesar de las apariencias, el nuestro es un “país bloqueado” según un autor, o “fragmentado”,en el que el discurso de los políticos es distinto al de los ciudadanos; y en el que los logros del progreso no se reparten por igual, sino que las ganancias son para unos pocos, y las pérdidas para la mayoría.

Lo que quería la gran mayoría de entonces, igual que la de ahora, no es un simple cambio de gobiernos, sea del español al criollo, o de grupos políticos que se alternan en la repartija del poder, sino una verdadera transformación, que una el modernismo tecnológico con la modernidad cultural, con derechos políticos para todos y no la extensión de privilegios adquiridos y sostenidos por grupos minoritarios, que permita ser y vivir más humanamente, el sueño mismo que late en todos.

Un largo camino debemos recorrer para lograr el país que hemos soñado, si no feliz, con menos injusticias y exclusiones, y los logros, no a costa de los más débiles; en el que todos aportemos a un proyecto de largo alcance que se convierta en el país diverso cultural, política y socialmente, y no de unos pocos. Sólo así, lograremos vencer la cadena de males que nos han agobiado hace ya varios lustros y que permita que las celebraciones patrias, en lugar de ser un simple recuerdo, sea la posibilidad de conocernos como país plural, y nos sintamos orgullosos de nuestra patria, morada para todos y sin privilegios ni exclusiones.

sábado, 5 de junio de 2010

PSICOLOGIA DRAMATICA

Óscar López R. Psicólogo, Filósofo

3- EL DRAMA DE LA CONCIENCIA: LA FENOMENOLOGIA DEL ESPIRITU

Ha sido el filósofo alemán Jorge Guillermo Federico Hegel (1770 – 1831), quien en forma magistral ha señalado el proceso del desarrollo de la conciencia, relacionándolo con el desarrollo cósmico. En especial, su famosa obra “Fenomenología del espíritu” publicada por primera vez en 1807, trata como él mismo dice, de “la exposición del saber tal como va apareciendo”, que va desde la conciencia inmediata, pasa por la consciencia de sí, hasta llegar a la autoconciencia, su forma máxima. Son cinco las fases de la conciencia hasta convertirse en objeto de sí misma: autoconciencia, razón, espíritu, religión, saber absoluto.

El ser humano necesita ser educado para llegar a su realización. La fenomenología, como anota Bloch, es semejante al Fausto de Goethe, a quien un manto encantado ayuda a cruzar los reinos, y Fausto los recorre aprendiendo, o sea, asimilando experiencias. Para Hegel es “la bota de siete leguas del concepto”, la que lleva al sujeto a través del universo y hace que universo y sujeto aprendan el uno del otro y se penetren mutuamente.

La “Fenomenología” y el “Fausto”, son expresión de la conciencia burguesa en sus comienzos. El desencadenamiento de las fuerzas propductivas muestran al hombre como productor de su mundo , desarrollando a su vez , su propia individualidad.

La filosofía hegeliana está organizada alrededor de conceptos como “espíritu”, “libertad”, “sujeto”, “noción”, todos ellos derivados de la idea de “Razón”, la cual a su vez deriva de la idea de “espíritu”; el sistema hegeliano al revés de los demás idealistas “al revelar el contenido de esas ideas y su conexión intrínseca, ya no es esa oscura metafísica de que ha sido acusada” (Ernst Bloch).

“Geist”, Espíritu, es la noción central en términos de la cual debe comprenderse el sistema hegeliano, el cual tiene sus raíces tanto en la mística como en la filosofía. En términos de esa noción, se entienden muchas de las ideas hegelianas, y en especial la "Idea", que no es más que el Espíritu en su realización.
Lo que nos dice Hegel, es lo que han afirmado milenarias tradiciones: que todo cambia en forma constante, y que el cambio y los opuestos interconectados son la base de todo lo existente. Para Hegel, la esencia del espíritu descansa en su capacidad para transformar lo que se le opone, y la dialéctica es la forma constitutiva universal del ser, que gobierna también, y en especial, la historia humana; de ésta estructura ofrecerá Hegel en su “Logica” , una explicación sistemática.

Hegel se va a apoyar en la idea del “logos”, que fue el fundamento de la filosofía griega, planteando que la razón (logos) concilia todas las contradicciones que existen en la estructura universal de la realidad. La historia humana, o sea, el hombre como ser espiritual, surgió cuando se desligó parcialmente de los lazos de la naturaleza y se abrió el ámbito de la libertad, autodeterminándose.

Su gran aporte, entre muchos otros, fue plantear –algo inusual en un filósofo de su época-, que el conocimiento real de sí mismo está ligado a la producción del hombre por su trabajo e historia. Es a partir de ellas donde el hombre tiene “experiencias”. Por eso señaló en forma revolucionaria:

“El camino de la experiencia, que Hegel llama el de las enajenaciones y el de las mediaciones, es tanto el camino del trabajo, la producción y el nacimiento del hombre por el trabajo. El propio pensamiento es una fuerza productiva. Sólo mediante la transformación de lo inmediato por medio de la reflexión, puede llegar a alcanzarse lo esencial” (Hegel. Enciclopedia No. 22).

Hegel utiliza la palabra “experiencia” para referirse al modo en que maneras de vivir anteriores, más ingenuas, se incorporan a otras posteriores y más desarrolladas: se dice que los objetos de estas últimas son la “experiencia” de las anteriores. Por haber tenido las primeras, podemos tener las posteriores. Nadie puede tener las experiencias de otro, y la diferencia entre los humanos radica en parte en la diversidad de sus experiencias.

Una afirmación paradójica de Hegel, es que si queremos conocer el mundo real, debemos remontarnos al mundo “gris” de los conceptos que nos permite descubrir las leyes internas que gobiernan el mundo real.

A Hegel le correspondió poner los cimientos para la conciencia moderna; lo que le preocupaba era el yo que se abre camino hacia el conocimiento científico. Logró así, conducir al individuo desde su punto de vista natural al científico, o en sus propias palabras, “al espíritu que se conoce a sí mismo”, que de la sensación inmediata se remonta hasta el conocimiento científico y filosófico.
Según él , “el individuo tiene derecho a exigir que la ciencia le ponga la escalera para subir a este punto de vista y se la muestre dentro de sí mismo”, y así, partiendo de la simple certidumbre sensorial se desarrolla hasta llegar a formas de pensamiento cada vez más ricas; es éste un camino psicológico e histórico, que busca pertenecer a la “galería” de las formas en que se mueve el espíritu. Lo que hizo Hegel con el pensar científico, es semejante a lo que hizo Aristóteles en sus días, al descubrir las leyes del pensamiento común.


Tres motivos de procedencia social e ideológica vienen a confluir en la fenomenología:

1- El motivo del yo revolucionario, tomado de la Revolución Francesa, que se erige en medida de todas las cosas, y que se emancipa por la vía civil. Como anota Marcuse, “Para Hegel, en la Revolución Francesa, el hombre comenzó a contar con su espíritu, y se atrevió a someter la realidad de acuerdo a las normas de la razón. Puede llegar a descubrir que la historia es una constante lucha por la libertad, que la individualidad del hombre exige que éste posea la propiedad como medio para realizarse plenamente, y que todos los hombres tienen igual derecho a desarrollar sus facultades humanas. Empero lo que prevalece es la desigualdad y la esclavitud; la realidad “no razonable” tiene que ser alterada hasta que llegue a conformarse con la razón. Es pues necesario reorganizar el orden social existente, abolir el absolutismo y los restos del feudalismo” (Razón y revolución ).

2- La creación matemática que desde Galileo hasta Kant expresa una cientificidad rigurosa y metodológicamente pura, se enlaza con el yo activo y productivo, el homo faber. Es el motivo del capitalismo temprano, y más concretamente del racionalismo capitalista. Al intentar calcular la circulación de mercancías, le correspondía un objetivo científico: la producción meramente matemática del contenido del conocimiento. El cálculo con Galileo fue una construcción de lo dado a partir de su “método compositivo”.

3- La escuela histórica nacida del romanticismo que dio importancia a lo que crece y se desarrolla Hacia 1750 se derrumbó la razón matemática pura con Kant, al señalar que las categorías de la ciencia matemática sólo valen como experiencia formal. Hegel ve en la razón, no leyes abstractas que se imponen sobre un montón de hechos fortuitos, sino una conexión inmanente de contenidos concretos, y su medio es la historia, es decir, la marcha concreta y el devenir concreto de las cosas de donde salen las especificaciones del universo.

La escuela histórico-romántica, tenía fuentes revolucionarias en sus comienzos: el Sturm und Drang burgués de Alemania, que surgió como reacción contra el imperio de las reglas abstractas. Así, el pathos del crecimiento se hace lógico.

Para Hegel, la Naturaleza y la Historia, son las formas en que el espíritu se manifiesta y despliega, y sus diferentes fases forman la historia de la libertad. Como el espíritu nunca está en reposo, sino que siempre se mueve hacia delante, Hegel lo compara a la gestación de un niño, quien “después de un prolongado período de silenciosa gestación, da un salto cualitativo: el primer aliento pone término al continuo proceso de mero crecimiento, y el niño ha nacido” (Fenomenología del Espíritu).

Para él, “la historia humana es el proceso de la lucha entre la autoenajenación y su libertad, pues en nosotros todavía “el ser fuera de sí”, la naturaleza, no es conocida ni comprendida como obra suya, y por eso se “cosifica” sin que alumbre la luz de la lógica”.

Hegel retomó los aportes de la filosofía antigua, que desde Heráclito planteaba el dinamismo de la realidad, pero la aplica a la historia dialéctica del sujeto que al interactuar con el sujeto, en formaciones históricas y cósmicas cada vez más altas, hasta que por último ha experimentado ya todas sus enajenaciones y objetivaciones, para convertirse en la historia comprendida o en el saber absoluto. El método y el objeto concreto son sustancialmente lo mismo.

Pero, en vez de meras abstracciones, él habló de fenómenos concretos: cosa, vida, señor y siervo, la comunidad cristiana, la vida bella, “conciencia infeliz”, que para él, en lenguaje idealista, son “figuras” de la conciencia, pero que también son las figuras del universo; la unidad de ambas es el “logos” que lleva dentro de sí todo el dolor de la contradicción o de la negación que la realidad entraña.

En Platón hallamos un gran pensador dialéctico, y el mismo Sócrates con su “sólo sé que nada sé”, es algo dialéctico. Para Platón, Eros es hijo de la riqueza y de la pobreza, y participa de ambas (simposio).

Ya de los modernos, Jacobo Boheme, influyó en Hegel al tratar la relación dialéctica necesaria entre la luz y las tiniebla, lo divino y lo demoniaco, para que la luz pueda revelarse en lo contrario a ella. W. Leibnitz fue un filósofo dialéctico por el cálculo diferencial en el que el reposo es un movimiento infinitamente pequeño, y la igualdad una desigualdad que tiende a desaparecer. Su idea de tendencia es un concepto explosivo; las unidades últimas son puntos energéticos cuya función consiste en pasar del estado pasivo al activo y de la oscuridad a la claridad. Tal es la apetitio de las mónadas, su apetencia, la tendencia al despliegue, a la evolutio.

De Vico, antecesor de Hegel, retoma la idea de que sólo lo creado (lo engendrado) es susceptible de ser conocido; pasando esto de las matemáticas a la historia.

“Puesto que el mundo histórico ha sido hecho, con toda certeza, por el hombre, podremos descubrir sus principios en las modificaciones de nuestro propio espíritu humano” (G. B. Vico).

Cuando pensar no es sólo una función técnica o un proceso mecánico, sino una necesidad vital que busca responder a los problemas de nuestra existencia, hallamos la filosofía que intenta dar respuestas al drama del ser humano en su cotidiano vivir.

Los sistemas filosóficos de antaño, y las reflexiones ya no tan sistemáticas de hoy, son el esfuerzo de unos seres humanos que han desarrollado bios theoretikós (vida reflexiva), para resolver los retos que la realidad natural e histórico-social le plantean. Cada filósofo se desprende del pensar constituido o normal de su época, y se arroja a pensar por cuenta propia, arrastrando muchas veces peligros, y extraviándose en muchos casos. Son los héroes del pensamiento, así como hay héroes de la acción, y se lanzan solitarios a descubrir verdades que hieren el pensamiento común y los poderes dominantes.

El filósofo de verdad –y no su caricatura-, debe romper con múltiples obstáculos para llegar a la verdad anhelada. Los más comunes son el intento de superar las certezas logradas, pues toda verdad conquistada se encostra, y se convierte en dogma o estereotipo.

Si en las épocas llamadas “normales” es necesario pensar, tanto más en la nuestra, época anormal como pocas, en la que han saltado por el aire creencias y costumbres milenarias por obra de los desarrollos científico-técnicos y por los procesos culturales en el que fuerzas descomunales como la de los Estados totalitarios están arrancando a millones de personas de los ritmos de vida tradicionales.

En este contexto es como queremos ubicar el pensamiento de Hegel, quien logró dar forma a todo el pensamiento de su época, uniendo naturaleza e historia, bajo el imperio omniabarcante del logos, fundamento de la Filosofía Primera en los griegos, a través del pensamiento dialéctico, el cual fue transformado por él en mero juego mental, en algo positivo, señalando que en todo lo existente existen unas contradicciones que buscan ser superadas.

El proceso según Hegel, es infinito, y lo que los une es el Espíritu. De él brota la razón, cuyo papel es el de mediar (superar lo inmediato) en todas las oposiciones del pensamiento, y sublimar las oposiciones de la realidad.

El ejemplo más cabal de esto se halla en que las más extrañas y hostiles fuerzas de la historia se superan por el poder de la razón. Así afirma con maravillosa lucidez:
La esencia al pronto oculta y cerrada del universo no tiene ningún poder capaz de resistir el coraje del conocer, ellos deben abrirse a él y dejar extendidas ante los ojos su riqueza y profundidades ofreciéndolas para su goce”.

EL MÉTODO DIALÉCTICO

Una de las mayores dificultades al abordar a Hegel, es conciliar en su pensamiento, dos elementos contrapuestos: haber sido el máximo exponente de la filosofía idealista y, ser por ello, un pensador “reaccionario”, pero a su vez fue el filósofo genial que abrió el camino a la dialéctica, y un pensador progresista en muchos asuntos.

La dialéctica es según Hegel, “la marcha progresiva de la cosa misma”, o sea, el órgano de la experiencia a través del cual el contenido del universo adquiere la experiencia de sí mismo, lo que quiere decir: el mundo está lleno de fuerzas contradictorias; el método dialéctico le permite señalar a Hegel que la ordenación y el encadenamiento de las cosas no es algo puramente externo, sino que ellas brotan por sí solas de su propio devenir .

Así dice que, en la naturaleza, “El capullo desaparece al abrirse la flor y… aquél contradice a ésta; lo mismo acontece con el fruto. Estas formas no sólo se distinguen, sino que se eliminan las unas a las otras, incompatibles entre sí”.

La dialéctica es la representación del movimiento inmanente al concepto por su negatividad; es como la llama Hegel, “la orgía báquica, en la que ningún miembro permanece ajeno a la embriaguez”. Según esto, la verdad “no es una moneda acuñada que pueda darse y recibirse sin más”, sino que es su desarrollo dialéctico mismo o el proceso, y que luego llamará Hegel “experiencia”, que es “el movimiento dialéctico que la conciencia realiza sobre sí misma, tanto sobre su saber como sobre un objeto, en la medida en que de este modo surge ante ella el nuevo y verdadero objeto”.

Como anota Bloch, en todas las cosas, “el acicate dialéctico real es la necesidad”; este elemento y sólo él provoca la contradicción como algo jamás saciado, jamás realizado en el mundo. “Toda realización, toda sociedad histórica, va gestando en sus entrañas los agentes con nuevas y mayores necesidades y capacidades que chocan con la antigua forma de existencia, son elementos explosivos, son una llamada al futuro, es decir, a la fase siguiente que viene a superar de modo relativo la contradicción” .

En el proceso del devenir maduran las contradicciones, la negación de lo devenido, y así en la vida social, la riqueza engendra la miseria, y toda sociedad lleva en su seno todos los elementos de la que ha de sucederla, elementos que representan la contradicción de esa sociedad que hace saltar la certeza, carente ya de todo contenido de verdad y realidad.

El pensar envuelve siempre una lucha, una polémica, y en él surgen objeciones, es decir, no discurre en línea recta como algo rígido e inmutable.

La dialéctica en su conjunto presenta estas tres fases: 1- La unidad inmediata del concepto, es la fase del entendimiento abstracto, o de la tesis simplemente establecida; 2- El enfrentamiento del concepto consigo mismo es la fase de la reflexión negativamente racional de la antítesis; 3- El restablecimiento de la unidad del concepto consigo mismo o fase de la mediación positivamente racional, negación de la negación o síntesis. Ninguna de las tres puede oponerse entre sí, sino que deben entrelazarse y separarse constantemente. Hay que ver en ellas un sólo concepto vivo, una unidad vital plasmada en concepto. Son “momentos” de todo lo lógico real (BLOCH, Erns. Sujeto Objeto en Hegel. pág. 117).

Si nos quedáramos en el primer punto, la tesis, tenemos un pensamientto abstracto y dogmático; en el segundo tenemos el punto de vista de la antítesis, surgiendo el escepticismo, que es la simple negación, pero que según Hegel tiene una gran importancia histórica, pues “en todo lo que se acoge de un modo inmediato, no hay nada firme, nada que exista en y para sí”. Pero al absolutizarse puede llevar a un pensamiento cerrado que no permite que surja la síntesis, la cual a su vez engendra su propia contradicción.

La dialéctica nos muestra que el fondo de los fenómenos es un reino de Leyes que conectan diversos tipos de fenómenos y explican sus cambios. Nos muestra además que esta noción de Ley y la de Fuerza permiten explicar los fenómenos. Así, la Ley de la Gravedad no tiene contenido empírico. Las leyes científicas nos ofrecen una redescripción ordenada de los fenómenos que deseamos explicar.

La diversidad es el inicio de la contradicción, y la contradicción es la diversidad llevada a su extremo, y la identidad abstracta es una diversidad no desarrollada, una contradicción en ciernes.

La dialéctica trabaja subterráneamente, y su eslabón es la antítesis, la negación no aislada, sino dentro del conjunto dialéctico que hace saltar y hacer añicos todo lo existente. Es una conmoción y una destrucción que abre el camino a lo nuevo: Hegel presenta la dialéctica como un proceso ininterrumpido de rupturas.

La síntesis es la tercera parte, es la “unidad de la unidad y de las contradicciones”. Se produce un cambio súbito de cualidad, la ola se rompe, cambia de rumbo, al acumularse una determinada cantidad. Lo nuevo surge de lo viejo, se desarrolla dentro de él, y al llegar la hora, se desgaja de lo viejo de un tirón, y se abre paso dialécticamente o de un modo brusco.

La superación, no es algo negativo ni destructivo, sino que es también conservación, fidelidad al pasado, y por eso la dialéctica no sólo es negación sino también herencia de la historia.

En suma, Hegel toma la idea de Heráclito de que “pólemos” (la guerra) es la madre de todas las cosas, le da una forma sistemática y lo muestra aunque en términos demasiado abstractos y complejos, pero para quien sabe leer, ésto significa que todo se mueve en un devenir constante, y que camina hacia su cumplimiento; que en todos los seres existe un desgarramiento, una lucha interna que se expresa en términos de vida-muerte, amor-odio, simpatía-antipatía, riqueza-pobreza, y que cada uno engendra inexorablemente su contrario.

Hegel transformó la dialéctica de algo que era negativo, en positiva, al señalar que el espíritu como mediación de contradicciones,busca la síntesis; para explicar esto se vale del término alemán aufheben (poner fin y conservar). La expresión tiene primero un sentido negativo: cuando se demuestra que algo es contradictorio, su velidez queda aufheben, cancelada, negada, pero igualmente preservada. Según ésto, nada es anulado totalmente; de ahí el valor de la “experiencia”, por eso en la historia nada es gratuito, todo tiene un valor y como dice la expresión demasiado trillada, pero real, “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”.

La pregunta que siempre nos hacemos es qué tan importantes son los filósofos, cuando vemos cuánto papel se han gastado para dilucidar embrollos que a la postre nada cambian. Esa es la visión de la mente que vive de la apariencia, pero la realidad es otra. El filósofo -ya lo anotó Nietzsche- muestra su época en conceptos, y Hegel no sólo alumbró su época, sino que gracias al método dialéctico, oteó todo el panorama del pensar desde los pueblos primitivos hasta su época, y logró darle forma conceptual, y gracias al método dialéctico, mostrarlo en forma viva. Por eso, si bien él fue el pensador más abstracto, ha sido también quien trató los temas concretos de su época, fue un lector atento de todo lo que ocurría en su época, los logros científicos, los avances sociales y políticos, fueron el motivo de su aguda reflexión.

Nada en su filosofía es descuidado, desde el estudio de los cristales químicos hasta las relaciones entre los sexos, las familiares y los Estados, lo mismo que el arte y la religión; sobre ellos se expresó en forma atinada.

Y esto lo logró sintetizar en su sistema filosófico, que si bien se convirtió en una camisa de fuerza, no significa que tengamos que plegarnos a ella, y así sus propios seguidores tomaron diferentes vías, y logró nutrir diversas escuelas pero a partir de su pensamiento. Feuerbach y Marx son dos ejemplos de ello.

En suma, Hegel nos recuerda que en todo lo existente bulle una insatisfacción que en el hombre toma forma consciente, pues en él, “el espíritu ha cerrado el movimiento de configurarse, ha conquistado el puro elemento de su presencia, el concepto”.

En su magna obra la “Lógica”, desarrollará este proceso, pero ello será tema de otra sesión.